ELIO MENDOZA

BEASAIN - ESPAÑA

Mi hereje preferido, casi mi otro yo.

Heterodoxo convencido, rumiante despiadado o ave carroñera, viajero incansable por mundos fantásticos, hoy recala en este puerto para compartir sus singulares pensamientos.

ROBAR

Robar una noche furtivos el dulce licor con que se alimentan los Dioses, esos que dormitan aburridos en su Olimpo.
Y emborracharnos con su dulce néctar y corrernos una gran juerga de escatológica grandeza por todo el planeta.
Forzar sus puertas, ebrios de libertad y empapados de todos sus dones para ir a los confines del Mundo a bebernos la vida a grandes tragos antes de que se despierten, antes de que salgan de su dorado letargo.
Yo sería lluvia y tu hoja en una noche cálida de tormenta... o brahamanes en la misteriosa India.
Haríamos burla de la Muerte haciendo el amor sobre las tumbas de todos los héroes. Seríamos sonido de ronca campana, risa alegre de niños, delfines persiguiendo veleros... o nos beberíamos todas las fuentes del desierto y bajaríamos cuchicheando a las polvorientas tumbas de los faraones... y tú podrías ser viento y yo gaviota, o nos ocultaríamos dentro del huevo y hablaríamos muy bajito riéndonos de nuestro destino... y destruiríamos mil ciudades sólo por capricho y crearíamos diez mil mundos con sólo un pensamiento.
Borrachos. Ebrios con su licor, el licor que ocultan los Dioses y que sólo dan a beber a algunos mortales.
Robarles y luego desaparecer, pero primero mearíamos en sus templos, vomitaríamos nuestra cogorza divina en sus sagrados lugares para que se enterasen que también dos mortales por unos momentos, también fueron Dioses.


ABURRIMIENTO


El aparato de música quedó mudo. La caja negra "Made in Japan" siseó esperando. El silencio espació quietud por toda la casa. La desarmó, extrajo su alma de plástico y electrónica, y puso a Mozart.
Acudió al baño y se miró desganado en el espejo... necesitaba afeitarse.
Mozart se colaba por debajo de la puerta. Espació la espuma de blanco purísimo por la cara... y buscó la cuchilla de maligno color acerado... y rasgó la espuma con cuidado. El espejo le devolvía su cara embadurnada y blanca de payaso. El grifo vomitaba escandalosamente sobre el lavabo.
Volvió a repetir el movimiento desde el cuello hasta el mentón, dejando un surco de piel limpia como una camino jalonado de nieve en invierno. Limpió la cuchilla bajo el chorro del grifo. Mozart seguía triturando el tiempo por toda la casa. Repitió el movimiento por la otra mitad de la cara, trazó las patillas y con extremo cuidado deslizó la lengua de acero por la parte superior del labio y con minuciosidad de jardinero cuidadoso, segó los pelos junto a las fosas nasales... y aquí y allá, le quedaron pequeñas manchas de blanca espuma como el deshielo de primavera en las montañas. Se lavó la cara y miró la imagen sin convicción al otro lado del espejo.
Hoy podría morirse de aburrimiento.


MI CASA


Mi casa está alfombrada de migas de pan, cochecillos made in japan, zapatillas y libros amontonados. Aquí y allá alguna casette permanece dura y muda esperando inútil que alguien le de vida.
Cuadros, pelotas y brochas, y bajo el sofá se puede encontrar cualquier cosa, desde goma de borrar hasta un minúsculo ferrari tojo y travieso.
El reloj, alemán y serio, hace eternamente tic tac, acuchilla el tiempo y el silencio cuando no están los niños... y libros, muchos libros en caótico orden. Y el goteo del grifo siempre mal cerrado y el rumor sereno del frigorífico... y los impertinentes platos de siempre vociferantes en la fregadera.
Y Muska, estatua viva y siempre durmiente, durmiente sobre el calentito televisor, sobro los sofás, sobre mi cama, sobre la almohada de los niños, sobre las colchas... siempre sobre algo cálido y mullido entre su alma de gata y la tierra... entre ella y el frío suelo.
Mapas sobre las paredes y orcas, delfines y lobos, y algún castillo... y románico.
Mi casa. Cueva de Alí Babá sin tesoros, pero llena de cosas vivas. Cuadernos, plumas, tinteros, aislante de vidrio verde, sacapuntas, aviones, fotos... viejas fotos, fotos nuevas, donde niños descarados miran y ríen con descaro... y un Buda de policromada madrea venido del otro lado del mundo... búhos, videos, frascos egipcios y más libros y notas.
A veces como un milagro todo parece ordenado. La cámara fotográfica en su sitio, la ropa recogida y los malditos platos han desaparecido... Parece que algún duende ha pasado ordenándolo todo... duende o hada. Y esa hada sueles ser Nagore, que en un arranque inexplicable deja la casa irreconocible...
Mi casa, nuestra casa.

 

Colaboraciones

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