PLANCHAS MASÓNICAS  

 

 

ARMONÍA

 

La armonía es un término íntimamente ligado a la música, aunque no necesariamente se refiere solo a su aspecto técnico. Para comenzar a hablar de armonía en sus primeros conceptos citaré a Enrico Fubini, en su obra La estética musical desde la Antigüedad hasta el siglo XX, donde podemos leer: “Las teorías en torno a la música ocupan un puesto de especial importancia para la escuela pitagórica; la música mantenía una posición central dentro de la cosmogonía y la metafísica pitagóricas. El concepto armonía deviene concepto musical tan sólo por analogía o por extensión, puesto que su primer significado es metafísico. La armonía se entendía entre los pitagóricos, en primer lugar, como unificación de contrarios, pues la armonía es unificación de muchos términos que se hallan en confusión, y acuerdo entre elementos discordantes”. Podemos encontrar el mismo concepto en Aristóteles, en Del Alma, donde dice: ... “ésta (el alma) es armonía porque la armonía es mezcla y síntesis de contrarios, y de contrarios se compone el cuerpo”.   
A veces hay que buscar la armonía entre las cosas y las personas. Os relataré lo que observé en una ocasión durante un concierto. 
Conseguí ocupar uno de mis lugares preferidos. Relativamente cerca del escenario y un poco a la derecha, de manera que pueda apreciar bien el sonido de las cuerdas graves, soporte y latido de la orquesta. Entraron en orden los músicos; después el director, los aplausos, etc., ... 
Al poco comenzó a sonar la música. Normalmente cierro los ojos y me dedico a escuchar, dando rienda suelta al caudal de sensaciones que la buena música es capaz de producir. Pero esta vez permanecí atento a los músicos y estuve observando sus actitudes y maneras de tocar. 
Resultaba enternecedor presenciar la estoica paciencia de los contrabajos, fagotes y violonchelos, apoyando humildemente la brillante y destacada labor de los primeros violines; la discreta pero constante participación de las violas; las trompas y trombones, que a veces solamente repetían la misma nota, para dar fuerza y volumen a la orquesta; el hombre de los platillos, agazapado y expectante para hacerlos sonar estrepitosamente en el momento preciso. De pronto, un solo golpe de timbal, una sola pulsación. Para la obra era un golpe fundamental, pero para el músico parecía casi humillante frente a la complicada labor de otros profesores. Y así también el resto de los componentes de la orquesta. 
Francamente resultó enternecedor y emocionante observar a unas cien personas absolutamente de acuerdo, qué pocas veces se ve esto hoy en día, armonizando entre unos y otros, sonidos en principio discordantes. Más que por la armonía musical me dejé llevar por la armonía humana, aunque sólo durase el transcurso de la partitura. 
También existía el mismo tipo de armonía entre los antiguos canteros y constructores, en cuya complicada trama laboral era necesario que cada grupo realizara una labor diferente, en estrecha colaboración con los otros gremios. Así, los canteros debían realizar una humilde pero imprescindible labor, no exenta de conocimiento: hay que saber convencer a la piedra para que se parta por donde necesitamos, golpeándola en el punto preciso donde ella resuena y armoniza con el cantero, y de esta manera accede a su voluntad y se abre. 
Los carreteros y encargados del transporte y ubicación de los grandes bloques de piedra realizaban una labor diferente, pero necesariamente en armonía con los demás, improvisando máquinas, poleas e ingenios para multiplicar sus fuerzas. 
Los complicados andamiajes necesarios para albañiles, pintores, carpinteros, tallistas. Además de los herreros, amoladores, contables y abastecedores de todo tipo. Cada uno con su labor, realizando una parte del todo. De tal manera que un rudo golpe de maza en la cantera, producía al final unos delicados toques de escoplo que perfeccionaban la delicada hojarasca de un capitel. 
Armonía significa funcionar en común, ayudándonos y soportándonos. Aceptando con paciencia los defectos de nuestros hermanos y reconociendo con humildad sus virtudes. Con frecuencia es más fácil perdonar un error ajeno que aceptar los aciertos de otro. 
En fin, sin armonía una orquesta se convierte en un ruido confuso y molesto; sin armonía jamás se habrían mantenido en pie las grandes catedrales y tampoco mostrarían su serena belleza; sin armonía es imposible, como desgraciadamente hemos podido comprobar, que funcione correctamente una logia; y tengamos siempre presente todos nosotros que, sin armonía, tampoco funcionará ninguna otra. 
De tal forma que la armonía es, en cierto sentido, la magia que transforma los sonidos y las cosas, y hace que todo funcione. 


 

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