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  PLANCHAS MASÓNICAS 

 

 

IMPRESIONES DE LA INICIACIÓN


Todo vuelve a comenzar en inquietante oscuridad, en una "cueva" en penumbra se me invita a escribir mi "testamento". Siempre pensé que se hacía por voluntad propia y cuando se presiente el fin de esta vida, y no por invitación y al comenzar una etapa.
No estoy solo, pero me siento solo. Mis compañeros de encierro, el reloj, el gallo, la calavera, el azufre... me miran, me están habando, pero todavía no sé escucharlos.
Redacto mis palabras sin su consejo. Busco dentro de mí. Alguien me arrebata el papel en el que he escrito mis ultimas verdades. Las verdades que me han acompañado en las tinieblas. Ahora no me queda nada.
Unos oscuros y eternos segundos más tarde, nuevamente cegado, despojado de todo, semidesnudo y medio descalzo, con una soga al cuello, presiento que los acontecimientos se precipitan, ya no tengo ni posibilidad de sentirme nervioso, y recurro a una invisible aura de dignidad para revestirme. 
Gracias a ella recorro los caminos por los que soy guiado por una sólida mano amiga y pro una voz que me va presentando ante invisibles guardianes. Los accidentes del camino, los ruidos, los vientos, el agua y el fuego no me inquietan.
No pierdo palabra de lo que se me dice, estoy atento, juro atento, sé lo que juro.
En un segundo se me destapan los ojos, las espadas que amenazan mi garganta no me inquietan. Tienen razón cuando dicen que mi enemigo está a mi espalda.
Depués de hacerse la luz, casi es peor, la atención se disipa, se dispersa más y los acontecimientos dan la sensación de dispararse más vertiginosamente, si cabe, que antes.
Las retóricas descripciones de la "llamada al orden", "del saludo"... son apenas absorbidas mentalmente, luego, el ejemplo y la práctica simplifica la ejecución.
La retahíla de símbolos enumerados y su significado es como el aguacero que poco cala en tierra seca.
Creo que, mientras escribo estas impresiones, todavía el aturdido iniciado permanece en mí.
Mantengo al esperanza de que el "Manual del grado" correspondiente arroje un poco de luz sobre lo que mis ojos no vieron, mis oídos no escucharon y mi atención no atendió.
Fui advertido de resumir esas impresiones brevemente, en un par de caras y acabo de comenzar la segunda hoja, situación que desencadena, sin mucha prisa, que concluya mis impresiones.
Elaboro estas impresiones, sólo un par de días después del rito, pero ahora las impresiones de aquellos momentos se han transformado en recuerdos, de los que apenas sabría ordenar cronológicamente, y los veo aislados de la vivencia del momento.
Recuerdo con agrado, ay abatidas las columnas, una cena sencilla, compartida con amigos de toda una reciente vida.
Al despedirnos, alguien me advirtió, "Quizás no duermas bien esta noche", no me lo podía creer, ya sin tensiones, el estómago satisfecho y una copa digestiva como brindis particular al ocaso del día. ¿Qué podría turbar mis sueños?
Pues en efecto, esa noche, apenas pude conciliar el sueño.
Intento recordar para despedirme, ese grito que escuché, enérgicamente repetido, un par de veces o tres, pero no consigo recuperar de mi memoria su comienzo, así que como despedida me limitaré a la parte más conocida: 
Libertad. Igualdad. Fraternidad.


 

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Actualizado el 28.02.05