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PEREGRINACIÓN A 

COMPOSTELA

 

Que éste sea año Jacobeo es una buena excusa para organizar un viaje a Galicia. Viajamos en peregrinación dos autobuses fletados por la Casa de Galicia, unas sesenta personas que nada o muy poco les seduce el hecho religioso, pero para guardar las apariencias en el camino paramos en varios puntos: Burgos, Cebreiro, Samos... antes de arribar a nuestro destino: el Monte del Gozo en Compostela.

Si el primer día lo sacrificamos con paradas en etapas emblemáticas del camino, visitando sus templos religiosos, ya en la segunda jornada empezamos a deshojar el programa de visitas y comenzamos por la Costa de la Muerte. Desde Compostela nos desplazamos a la aldea de Borneiro donde esta enclavado el Dolmen de Dombate, el más emblemático y antiguo de Galicia, monumento pétreo construido hace unos 5.000 años; un joven historiador se brinda a mostrárnoslo dirigiendo nuestra visita. Llueve y la mayoría del grupo decide que no visitemos La Cida, castro celta excavado cerca de ese lugar. 


Desde allí nos dirigimos a la aldea de Buño, tierra de "oleiros" visitamos su museo de alfarería y en uno de los innumerables talleres del pueblo, un alfarero se brinda a mostrarnos su arte, moldeando para nosotros varias figuras. Degustamos en la comida "Percebes de Roncudo" los que tienen bien ganada fama, de ser los mejores percebes del mundo.
Tras la sobremesa, aprovechamos la hora del sesteo para dirigirnos hasta el Cabo del Fin del Mundo y fin del llamado Camino de Santiago, aunque son pocos los peregrinos que tras conseguir su trofeo en Santiago, "la Compostelana" continúan su peregrinar hasta la costa para echar al mar el calzado desgastado por la larga caminata. 
Sin embargo en este día festivo de Viernes Santo, miles de personas han decidido compartir nuestra idea y nos encontramos en Finisterre una peregrinación de visitantes que colapsan la carreta, recordándonos que quizás sea Finisterre, el lugar no religioso más visitado de Galicia. 
Esta es la primera vez que la Casa de Galicia en Guipúzcoa visita este rincón de nuestra tierra, símbolo de nuestra cultura. Sólo dos de los presentes hemos estado allí en varias ocasiones. En la Plaza de Argentina, observamos el monumento al libertador San Martín, rodeado de placas de otros Centros Gallegos de ultramar, que recuerdan este trozo de Galicia grabado a fuego en sus retinas, pues es este cabo, la última visión que llevaron prendida en sus pupilas el día que emigraron a las Américas. Lamentamos no dejar constancia con una placa de nuestra presencia en recuerdo de los miles de emigrantes que un día abandonaron su tierra para no volver jamás. De vuelta hacia Compostela, aún paramos en Muxia para comprobar con nuestros propios ojos como se han recuperado de la maldita marea negra.



El tercer día los dedicamos a conocer las Rías de Arosa y Pontevedra, en el Grove nos embarcamos rumbo a las bateas, nos muestran los cultivos de mejillón, ostra y vieira, mientras, degustamos hasta hartarnos, mejillones cocidos. 
En Combarro agotamos, hasta hacerlas sudar, nuestras cámaras de fotos, cada rincón es una postal, cada esquina un recuerdo histórico. Un pueblo con ese encanto mágico de las viejas aldeas gallegas.
Visitamos el Monasterio de Poio, cuna de canteros, donde, entre otros, nuestra amiga y escultora Ángeles Valladares obtuvo el título de Primera Maestra Cantera de Galicia. Desde allí a Pontevedra, siguiendo el rastro de las piedras antiguas, nos dejamos mecer por la belleza de su Zona Vieja. 



Dedicamos la mañana del domingo a visitar Compostela, a pesar de nuestras múltiples peregrinaciones, la mayoría ignora que en el recinto de la Catedral hay una pequeña capilla que es parroquia de los peregrinos vascos, la llamada capilla de Santa María de Corticela. Les explico que más que una anejo de la catedral, podría decirse que la propia catedral es un añadido de ella, ya que este pequeño recinto es realmente una iglesia completa, la más antigua de Santiago, construida en el siglo IX y que dio, a través de los siglos, origen a la Catedral que hoy la acoge. 
Es quizás, al menos para mí, el lugar más recoleto de la catedral, el silencio sepulcral que reina en este reducido espacio, trasmite un inefable recogimiento. En su costado derecho una imagen de Jesús orando en el huerto, es el receptor de cientos de peticiones en mensajes escritos de los devotos católicos; dicen, que en época de exámenes, son cientos los estudiantes que dejan su hoja escrita, rogando al Jesús orante que les ayude a aprobar sus exámenes. No obstante, estas fechas no son jornadas de examen y son decenas las peticiones escritas que se acumulan en la cesta colocado a sus pies. 
Muchos compañeros de viaje me preguntan en el trayecto desde le Monte del Gozo hasta la catedral, por la ubicación de esta capilla, y fueron muchos los que se quedaron con las ganas de verla; se ha recibido un falso aviso de bomba en la Catedral y han clausurado su puerta principal, como es Domingo de Resurrección los oficios religiosos se suceden unos a otros y las puertas laterales están ocupadas por una multitud de feligreses que impiden llegar hasta la capilla.
En la zona oeste de la catedral una multitud de caminantes hacen larga cola para recibir su trofeo, ese documento que les acredite ante sus amigos que ellos han ido caminando a Compostela. La fe, el sacrificio, los motivos que empujaron durante siglos a peregrinar a Compostela, hoy son un recuerdo histórico, los caminantes de hoy son, en general, curiosos, deportistas o peculiares turistas, disfrazados de peregrinos.
Por la tarde nos desplazamos a Silleda, el organizador del viaje es oriundo de ese pueblo y por intereses personales ha preparado con sumo esmero un peculiar programa vespertino. Celebramos una misa en la Monasterio del Corpiño, una ermita milagrera donde, dicen, se curan las enfermedades mentales, no hay ya exorcismos, ni llegan enfervorizadas masas de gente rogando a la Virgen la curación del meigallo, pero la población aldeana sigue manteniendo la fe y acude devota en peregrinación a este monasterio con mucha frecuencia, nuestro grupo de danzas y gaitas se estrena en el atrio de la iglesia. Tras los oficios religiosos nos desplazamos al recinto ferial para iniciar en la Cofradía de la Queimada como "Cofrade de Honra" a Maria José Cimadevila Cea, Conselleira de Asuntos Sociais, Emprego e Relacions Laborais de la Xunta de Galicia.

El lunes, uno de los dos autobuses retorna a San Sebastián; una veintena larga nos quedamos en Galicia otra semana más. 
Viajamos en este día a las Rías de Betanzos y Coruña, visitamos la vieja y decadente Betanzos, antigua capital de provincia. Tres grandes iglesias románico-góticas, contruídas en sus tiempos de esplendor por Andrade o Boo, son su mayor tesoro arquitectónico. 
Desde allí, a la vecina Sada, a visitar el Museo do Castro, destaca entre sus obras modernas una colección de dibujos de Castelao y la mayor exposición de cerámica gallega. 
Comemos en la pequeña aldea pesquera de Lorbe, su único restaurante, ofrece una colección de más de 30 especialidades diferentes de mejillones. 
Y para poner broche final al día, pasamos la tarde en Coruña. Subiendo hacia la Torre de Hércules, tenemos un accidente importante, una de las mujeres tropieza y cae de bruces al suelo, se abre la nariz y tenemos que requerir el auxilio de una ambulancia para que la traslade al hospital.

El martes ansiamos dar descanso a nuestros cansados cuerpos, acudimos a Mondariz, en su balneario entre sesiones de relajación y baños de burbujas matamos la mañana y abrimos apetito. 
Por la tarde visitamos Cambados y el estudio de la escultora Ángeles Vadallares, "Cofrade de Honra" de nuestra Cofradía de la Queimada. Yo aprovecho la tarde para quedarme charlando con ella, somos viejos amigos, mientras, el resto va a degustar "albariño" en la Bodega Patín. 
La larga cola de decenas de jóvenes peregrinos que vimos el domingo esperando recibir el trofeo que dé sentido a su larga caminata, provoca que en la sobremesa de la cena, se abre un debate sobre las distintas maneras de peregrinar a Compostela y el significado que conllevan. Es cuando menos curioso que la Iglesia Católica ofrezca a todos cuantos llegan a Compostela la posibilidad de ganar el jubileo si se confiesan, comulgan y oran por el Papa y por el contrario haya otros que hacen ostentación de una imaginaria legitimidad, impongan condiciones para otorgar, a quienes ellos consideran peregrinos, el título de la Compostelana.



El miércoles los perdemos en un viaje a Bandeira, el organizador nos quiere mostrar una feria de pueblo, que no pasa de ser un mercadillo sin interés alguno; volvemos a Compostela y cada cual vive el día a su antojo. Un reducido grupo optamos por ir a probar la moderna cocina gallega, pruebo por primera vez, y presiento que por última, lamprea cocida en su sangre. Tanto me habían halagado ese plato, tantas eran mis expectativas, que la degustación se trastocó en franca decepción.

El jueves nos encaminamos muy de mañana hacia Vigo, llegamos a las diez de la mañana y una parte numerosa del grupo se deciden a probar ostras con ribeiro, yo opto por desayunarme con café y dejar el alcohol para la comida. 
Mientras ellos comen y beben yo paseo entre las viejas calles y el muelle, hasta que llega la hora de partir hacia la Playa de Samil, donde comemos, desde allí recalamos en Bayona como recaló la primera nao que trajo la primicia del descubrimiento de América, asciendo hasta la cima de su castillo, hasta el moderno parador de turismo para otear la belleza de su costa.
Por último visitamos otro rincón emblemático de Galicia, el Monte de Santa Tecla, sus castros, su museo, su abrupta belleza y desde su cima, a nuestros pies, la desembocadura del Miño y las tierras vecinas de Portugal. 

El viernes nos desplazamos a Lugo, la gran desconocida, me encanta la ciudad amurallada, aun cuando la lluvia, que nos saluda por segunda vez en nuestro periplo, incomoda en el paseo matutino, podemos visitar su curiosa catedral y sus calles de corte medieval. Lugo, más que una ciudad, se me antoja como una aldea grande.
Comemos camino de Escairón, donde visitamos una de las obras más representativas de Ángeles Valladares, un retablo esculpido en granito en la pequeña iglesia parroquial del pueblo.
Desde allí, atravesando de nuevo Compostela, nos dirigimos a nuestra última visita, Iria Flavia y Padrón. Queremos ver la piedra en la que dice la leyenda, fue la barca en la que llegó Santiago a Galicia, visitamos también la casa de la poetisa gallega Rosalía Castro.

El sábado despedimos Galicia con una oración en el Monasterio de la Virgen de los Milagros y retornamos a San Sebastián.

Jr. Varela


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Actualizada el 05.05.04