MIAMI

EL EXILIO CUBANO

 

Esto es muerte o vida, y no cabe errar...

José Martí

 

Está muy enraizado entres los españoles la costumbre de subestimar nuestra propia historia, quizás habría que buscar las raíces de esta actitud en la insana inclinación de sus dirigentes políticos y la iglesia católica española de ofrecernos siempre una versión histórica que se adecuara a sus más perversos intereses políticos. Hoy esta actitud se ha amortiguado entre el clero católico, pero se ha acentuado entre la clase política debido fundamentalmente a la atomización de poderes autonómicos, siendo más perceptible esa sinrazón de la manipulación, ocultación y satanización de hechos históricos. El victimismo de unos, la mitificación de otros, han empujado a gran parte del pueblo a creerse historias y perder el interés por la Historia.

Curiosamente quizás sea la aportación más importante de España a la Historia Universal la que con menos rigurosidad abordamos, pareciera que una parte importante de los españoles se avergüenzan de ella, esconden su complejo de inferioridad con la imagen de una conciencia falsamente solidaria e ignoran conscientemente hechos relevantes y personajes fundamentales de esa época, como por ejemplo Bartolomé de las Casas. Me estoy refiriendo obviamente al descubrimiento, colonización y civilización de América Latina.

En Europa no ocurre esto, la mayoría de los países asumen con dignidad su historia sin avergonzarse de hechos acaecidos en tiempos pretéritos, analizándola con rigor crítico y desde luego, enorgulleciéndose de sus personajes más egregios. Nadie en su sano juicio en Italia se avergonzaría del Imperio Romano, los griegos se enorgullecen de su influencia cultural en todo el orbe occidental, el mundo árabe aún reivindica su grandeza en Al Andalus, Francia sometió por la fuerza a media Europa y hoy Napoleón es considerado un héroe, Holanda o el Reino Unido fueron como nosotros colonizadores de tierras americanas y se vanaglorian de ello, mientras que nosotros seguimos flagelándonos y tratando de encontrar justificaciones a hechos históricos que no terminamos de asumir, hechos que además si los analizamos con rigor deberían enorgullecernos y lo peor de todo es que ese mismo complejo lo hemos trasladado a nuestros hermanos de Latinoamérica.       

Lo precede viene a cuento de la contemporánea actitud española con Cuba. Este país caribeño es por razones históricas el de mayor influencia española, fue de los primeros en ser colonizados (La Isabela) y el último que abandonamos junto con Filipinas y Puerto Rico tras la guerra que se desató por el hundimiento del  U.S.S. Maine por los propios norteamericanos en el puerto de La Habana el 15 de Febrero de 1898.

Evidentemente fue una pérdida colonial, pero los lazos seculares afectivos, familiares y comerciales se mantuvieron a lo largo del tiempo, incluso en la época más negra de España en que la derecha franquista no acató la imposición del embargo decretado por U. S.A. tras la subida al poder de Fidel Castro.  Tras el advenimiento de la democracia a España estas relaciones han continuado e incluso se han ampliado a algunas de nuestras comunidades autónomas, fundamentalmente Galicia y el País Vasco, que e uso de sus competencias han girado diversas visitas a la isla de contenido comercial y diplomático al más alto nivel.

Pero justo es reconocer que en estas relaciones hemos olvidado que en la actualidad no todos los cubanos viven en Cuba, que una parte importante de su población perseguida por la falta de libertades vive en el exilio y en su mayoría en los Estados Unidos, trasladando a la ciudad de Miami lo que ellos han denominado la Pequeña Habana y es precisamente en este exilio miamense donde se perciben las carencias de esa solidaridad emotiva que los españoles debemos mantener con toda la población cubana de dentro y fuera de la isla, manteniéndonos al margen de identificaciones políticas y de los gobiernos que haya en cada momento histórico.

Muy poco se conoce en España de quienes son y como viven nuestros hermanos cubanos y otros muchos hispanoamericanos en Estados Unidos y más concretamente en Miami

 


El español que visita Estados Unidos si observa con ecuanimidad la sociedad americana, percibirá nítidamente el desamparo y la marginación en la que vive el mundo hispano. Los millones de hispanos que trabajan y habitan en los Estados Unidos conforman la minoría más numerosa, desarrollando, en general, los trabajos más ingratos y peor remunerados, son los parias de la sociedad norteamericana.

Para el gringo medio, persona de escasa cultura humanista, el hispano es un desadaptado al que le cuesta integrarse, una minoría que no asimila a ojos cerrados, como lo han hecho el resto de la minorías que han recalado en este país, lo que los gringos consideran su envidiable sociedad cuasi perfecta, manteniendo a los hispanos en el segmento más bajo de su escala social.

Pero si eso es indiscutiblemente así a lo largo y ancho de la geografía estadounidense, los cubanos han logrado el milagro de cambiar drásticamente ese estatus en la ciudad mas dinámica del país, su Pequeña Habana.

Aquellos primeros marielitos que llegaron a La Florida huyendo de la política represiva de su país, cuatrocientos años después de que lo hiciera el español Ponce de León en la época del año que se festejaba la Pascua Florida dando nombre a esta nueva tierra y fundando la ciudad más antigua de los Estados Unidos, San Agustín. Los primeros marielitos se asentaran el la calle ocho rebautizándola como “Little Havana” o la Pequeña Habana refundando, sin siquiera sospecharlo, la ciudad mas dinámica e importante de todo el orbe hispano.

Miami es hoy la ciudad de mayor crecimiento demográfico y económico de los Estados Unidos y es una ciudad clara y vocacionalmente hispana, donde se puede vivir, trabajar y divertirse sin conocer el significado de ni una sola palabra en inglés; donde un gringo que quiera triunfar esta obligado, mal que le pene, a aprender español.

Para un hispano visitar, vivir o trabajar en esta ciudad no difiere sustancialmente de hacerlo en Madrid, Buenos Aires, Lima o México.

Miami es hoy y lo será aún más marcadamente en el futuro próximo, la capital del mundo hispano, Atrás quedan los anhelos del viejo reino de Castilla de gobernar desde Madrid el mundo hispano uniendo sus destinos. Miami es la primera ciudad hispana que ha dado el salto a la universalidad, a esa globalización tan cacareada y tan poco explicada. Ubicada en un país anglosajón ha logrado gracias al esfuerzo de miles de cubanos, la integración de la comunidad hispana como un todo, una única cultura al margen de los nacionalismos segregadores a los que somos tan aficionados los hispanos de todo color y condición. Es un ejemplo de respeto a la diversidad en el marco de la igualdad, culturalmente hablando.

En la sociedad miamense se está fraguando en la práctica la unidad del idioma español al margen de los dictados de las Academias de la Lengua, es una unidad integradora que hace suya la diversidad de los diferentes modismos, acentos y jergas que hasta ahora iban alejando nuestro común habla de una país a otro o de una región a otra.

La gastronomía espejo del costumbrismo, de los rasgos sociales y culturales diferenciales de un país o región, en Miami se torna de un modo natural en una comida intrahispana, comienza a fusionarse y en sus restaurantes lo mismo se ofrece corvina, ceviche, paella, tamales o balao a la vizcaína; se puede degustar un café cargado al gusto cubano o español, o un ligero y aguado café al gusto costarricense o puertorriqueño; es sus supermercados se ofrece aceite de oliva, chiles jalapeños, vino chileno o español, pimientos cubanos, yuca, frijoles o cualquier alimento no perecedero que se nos antoje de cualquier procedencia de los países que conforman nuestra comunidad hispana, salvo los procedentes de Cuba, que debido al embargo impuesto desde el Gobierno Norteamericano se les priva de gozar de sus cigarros, su ron o cualquier otro producto isleño que en España esta al alcance de cualquiera.

Cada día llegan a Miami cientos, miles de personas de las más diversas procedencias hispanas, de toda condición social y económica con la intención de enraizar su vida hasta florecer en esta cosmopolita ciudad. Miami y su entorno goza de mayor crecimiento demográfico sostenible de toda la hispanidad, cada día nuevos barrios son colonizados por hispanos propiciando el éxodo de los gringos hacia zonas mas alejadas del centro de la ciudad.

En poco años Miami ha logrado erigirse en el centro económico y financiero más importante del universo hispano, desbancando a otras ciudades con vocación hegemónica como Madrid, Buenos Aires, Caracas o Lima. Ciudades que aspiraban a ser la referencia de la economía hispana. Hoy toda empresa hispana que aspire a ser líder en el mundo hispano o simplemente a ser internacionalmente importante, esta abocada a implantarse también en esta ciudad, atalaya del devenir económico de la hispanidad. Quien desee triunfar en los negocios, el arte, el espectáculo o la cultura y persiga alcanzar una proyección internacional en el mundo hispano, esta obligado a triunfar en Miami.

Los más importantes hombres de negocio, los más famosos, los más adinerados, los hispanos con mayor proyección internacional, cuentan en Miami, al menos, con una de sus residencias habituales y con algún centro estratégico u oficina como foco de proyección de sus negocios para el área hispana.

Pero no todo es perfecto en Miami. El apareamiento entre el mimetismo y la rebeldía, entre ese mimetismo acomplejado que demasiadas veces empuja a imitar la sociedad gringa y la rebeldía de los que no permiten que les arrebaten su identidad hispana, esta generando el crisol de una nueva cultura hispana. Miami se debate en una inconsciente lucha sorda, muda y ciega, liderada por los cubanos que mantienen una actitud de aporte cultural, una actitud que suma y multiplica, de integración que se niega a dejarse absorber y arrebatar su identidad por un estatus dominante en un país que trata de restarles sus derechos, dividiendo la comunidad hispana.

Es perceptible en Miami esa contradicción entre quienes en su idiotismo ya se han rendido, negándose a si mismos como han hecho muchos hispanos en el resto de los Estados Unidos y esos otros, la inmensa mayoría de los miamenses, que conviven sin complejos con los gringos, de tú a tú, reivindicando sin complejos de inferioridad sus valores familiares, sociales o culturales, negándose a renunciar a su cultura y su tradición.

Miami gracias al exilio cubano es en estos momentos un tubo de ensayo de la globalización hispana, de lo que acontezca en esta ciudad durante esta primera parte de este nuevo siglo, nos dará la respuesta de si es o no es posible una universalización que respete la diversidad, que sume culturas y se enriquezca con ellas, o por el contrario, nos rindamos al poder arrollador de imperio gringo y aceptemos sumisos sus valores inhumanos, su Dios dólar y su sociedad impersonal consumista.

Sería deseable que todos los hispanos que pueblan los Estados Unidos viajaran para conocer la realidad de esta ciudad y que comprobaran que sin renunciar a su propia identidad, siendo personas de derecho, un hispano puede triunfar es este vasto país y seguir siendo, con orgullo, hispano.

Bueno sería también que desde España y otros países hispanos, todos los nacionalistas segregadoras, todos los corruptos políticos que gobiernan desde el falso nacionalismo, todos los ladrones de ilusiones que vocean la incapacidad del hispano, todos los estúpidos miméticos que imitan sin criterio todo lo gringo, visitaran esta ciudad para convencerse que en libertad, y sólo con libertad y en igualdad de oportunidades se puede progresar y triunfar sin renunciar a la propia historia, a la rica herencia cultural que atesoramos por nuestro mestizaje secular.

Y aún mejor sería que muchos gringos que nos desconocen se pasearan por esta ciudad para enterarse que los hispanos no somos una raza, sino la suma de muchas razas que en nuestro apareamiento hemos parido una cultura, un modo de interpretar la vida que aunque diferente al suyo, no es inferior y en igual de condiciones puede ser tan fecundo como cualquier otro.  

Y aún mejor sería que los cubanos de Miami, tan preocupados por lo que ocurre en la Isla miraran hacia España. Las dictaduras nunca suceden a sus dictadores, Fidel es ya un anciano, a su muerte Cuba querrá cambios y que mejor cambio que un cambio pacífico hacia la democracia similar al vivido en la España de la transición. Muchos han olvidado que España conoció la Europa democrática a través de los millones de turistas que nos visitaban, hoy Cuba padece un aislamiento propiciado por los propios cubanos del exilio, grave error. Deberían ser los propios cubanos los que reivindicaran en Estados Unidos una apertura total hacia Cuba, que el turismo y los productos fluyan libres hacia la Isla para mostrar al pueblo cubano como es la vida en los países que viven en democracia, que los propios cubanos con nacionalidad gringa viajen a la Isla y sus compatriotas los vean y analicen. Quizás ese sea el camino más corto y, sobretodo, en menos dramático hacia la libertad.

 

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