CORME

CAMINANDO HACIA ATRÁS


INTRODUCCIÓN - GALICIA - CORME - POBLACIÓN - DESPOBLAMIENTO - ECONOMÍA - MUNICIPIO




INTRODUCCIÓN

Escribo estas líneas desde la perspectiva que me otorga vivir en la distancia, con el dolor de la ausencia instalado en las entrañas y con esa mitificación que transmite la morriña por la tierra perdida.
Escribo con cariño y con rabia. Cariño por ser Corme la tierra de mis ancestros y rabia porque ya no será jamás la tierra de mis descendientes.
A lo largo del escrito, quizás haya palabras que puedan herir la sensibilidad de algún cormelán, no pido perdón por ello, es lo que persigo, la finalidad de estas líneas es la de ser un revulsivo que agite las conciencias de los cormeláns y, muy particularmente, la de los jóvenes, que son los más perjudicados por tanta dejadez y, a su vez, los que tienen en sus manos cambiar la situación si no desean vivir condenados a emigrar, como tantos otros, lejos de su pueblo.
El título expresa muy claramente mi opinión sobre el futuro de Corme, una lenta agonía antes de llegar al final de su historia. Parafraseando a Wilson Churchill, podríamos decir que Corme camina de derrota en derrota hasta su extinción final.



GALICIA

Quizás, la peculiaridad más acusada de la sociedad gallega, un hecho que ha marcado de modo indeleble a lo largo de toda la historia su carácter, su cultura, su modo de interpretar el mundo y muy probablemente una de las causas de su actual pobreza económica y, por tanto, responsable de la masiva emigración que padece, es la dispersión geográfica de su población. Esta enorme dispersión, aún hoy, no está lo suficientemente estudiada y a la que los políticos gallegos, sin ningún análisis riguroso, basando su acción exclusivamente en la faceta económica, han decidido extirpar de un modo radical, sin importarles el coste humano que sus medidas conllevan.
Para cuantificar de alguna forma la magnitud de esta dispersión, baste tomar como referencia que actualmente en España se calcula que existen unos 60.000 núcleos de población, de los cuales, más de la mitad están en Galicia.
Este dato puede ofreceros una idea clara de la escalofriante dispersión de los gallegos en Galicia, —los gallegos fuera de Galicia, aún estamos mucho más desparramados— de la grandes dificultades económicas de hacer llegar a todos esos núcleos de población, servicios mínimos como agua o alcantarillado, sanidad u ocio y el costo que ha supuesto dotarlos de los servicios más imprescindibles como luz, teléfono o carreteras.
Para que nos hagamos una pequeña idea de lo que esto supone, voy a poner un ejemplo que, aunque algo prosaico, espero que ayude a entender la magnitud que supone este drama que es el problema de la dispersión geográfica en el espacio concreto de la comarca y el concello donde se asienta Corme, comparándolo con otro espacio, otro municipio, donde viven muchos, quizás tantos cormeláns o descendientes de estos, que en el propio Corme: el pueblo de Errentería
El concello de Ponteceso, tiene una extensión de 92 km2, tres veces mayor que el de Errentería; está compuesto por 14 parroquias: Anllons, Brantuas, Cores, Corme-Aldea, Corme-Porto, Cospindo, Graña, Langueirón, Nemeño, Niñons, Pazos, Tallo, Tella y Xornes; algunas de ellas separadas por cerca de veinte kilómetros de distancia, dividiéndose éstas a su vez en otras 73 entidades singulares o aldeas, siendo el mismo Ponteceso que da nombre y capitalidad al municipio, una simple aldea de la parroquia de San Tirso de Cospindo, conocida popularmente como “O Couto”. El concello cuenta con unos 7.000 habitantes escasos, cinco veces menos que los de Errentería que cuanta con 38.000 habitantes. Es decir un concello tres veces más extenso con una quinta parte de población.
Pues bien, mientras en el concello pontecesán no habrá menos de 14 cementerios propiedad de la Iglesia Católica, en el de Errentería sólo existe uno, de propiedad municipal. Sirva este ejemplo simplista del cementerio para comprobar que, una población mucho más numerosa, pero de extensión mucho más reducida como Errentería, tiene un gasto muy inferior en infraestructuras de servicios públicos.
Podría poner otros ejemplos más esclarecedores del ahorro que se logra con una buena organización provincial, aun cuando los pueblos sean pequeños, que como veremos más adelante, es el caso de Gipuzkoa, que gestiona a través de su Diputación Provincial las mancomunidades comarcales de agua, basuras, reciclajes, bomberos… dando un servicio en igualdad de condiciones a los núcleos grandes y pequeños sin hipotecar el futuro de ninguno de ellos, evitando la desigualdades localistas en función de la población y produciendo un ahorro de ingentes cantidades de dinero y personal.

Esta primitiva organización social gallega ha permanecido inalterable desde el neolítico. Las parroquias gallegas han sido siempre territorios naturales, definidos por una economía homogénea y respetados por las administraciones públicas como núcleos singulares, similares a los que en otras zonas de España o Europa se denomina, simple y llanamente: PUEBLO. Cuentan estas parroquias gallegas con todos los elementos fundamentales que en otras latitudes definen a un pueblo: Iglesia, cementerio, normas peculiares de convivencia, campos comunales y límites definidos. Estas parroquias han sido siempre un centro de convivencia que ha calado en la conciencia de sus pobladores, trasmitiendo un sentido de identidad propio y un sano orgullo de pertenencia. No conozco a ningún cormelán de bien, que se identifique con el gentilicio de pontecesán, a pesar de ser, desde el punto de vista político, Ponteceso su concello.
Esta insostenible situación de dispersión humana provoca —ya sea de un modo consciente o inconsciente, transparente u opaco— que los poderes públicos hayan impulsado obsesivamente una división territorial de amplias comarcas y municipios de gran extensión, con una localidad como capital comarcal y en cada municipio una cabecera donde se asienta el concello y orbitando en su entorno multitud de pequeños islotes, —aldeas y parroquias— donde sus ciudadanos viven ajenos —por su alejamiento— a los poderes administrativos municipales, condenados a emigrar o a malvivir en sus aldeas, con una gran dependencia del centro comarcal y municipal donde gravitan todos los servicios públicos.
Los municipios nacieron en el siglo XIX al amparo de la Constitución de Cádiz. Esta división territorial se decretó sin tener en cuenta la idiosincrasia de la sociedad gallega y, de hecho, la antigua división en parroquias permaneció en la práctica incólume hasta mediado el siglo XX; fecha en que con el desarrollo económico se pusieron de manifiesto las contradicciones existentes entre una sociedad de estructura arcaica y una economía de mercado racionalista que propicia la concentración de la población y la producción para optimizar costos.
Ante esta latente contradicción, nuestros administradores, en lugar de estudiar la estructuración de una sociedad en función de sus economías y peculiaridades, optó por profundizar en la división territorial decimonónica, creando situaciones incongruentes como la que afecta al concello de Ponteceso, donde una aldea sin personalidad propia, sin tan siquiera iglesia ni cementerio, enclaustrada entre su propia parroquia y la de Tella, pasa a ser la capital de todo el municipio, marginando a un pueblo marinero, de carácter muy diferente que alejado nueve kilómetros, se ve condenando a depender económica y oficialmente de una aldea de labradores.

Esta política deshumanizada, de castigo a los pequeños núcleos de población, está promoviendo la concentración de la población en las cabeceras de las comarcas y, en menor medida, en las capitales de los concellos y, por el contrario, se generaliza la desertización de las parroquias y aldeas que orbitan en su entorno, provocando una migración desmedida, que llega a ser, sin ninguna duda, el mayor fenómeno social de la sociedad gallega, que ha afectado, en mayor o menor medida, a todos los estamentos sociales, y rara es la familia que no ha perdido algunos o, incluso, todos sus miembros en esta hemorragia endémica. Cada año, desde hace décadas, son cientos las aldeas y parroquias que se suman a la ya larga lista de poblaciones sin población de las que sólo queda junto a sus ruinas, un nombre que las recuerda.
La confusión que reina en medio de esta vorágine desmedida, provoca muchas situaciones injustas, cuando no irracionales, sin que ningún estamento público, ni privado, haya efectuado ningún estudio rigurosos para encauzar este proceso de un modo coherente e intentar que las consecuencias que se derivan, sean lo menos traumáticas posible.
Esta dejadez de las administraciones públicas provoca, en muchos casos, un daño mayor que el que —dicen— se quiere solventar: una masiva migración, con un costo social y humano de tal magnitud que no tiene parangón en ningún lugar del mundo desarrollado y que nos presenta a Galicia ante los ojos ajenos, como un país deshumanizado y, por supuesto, tercermundista.
Las cifras de la emigración gallega desmienten de forma fehaciente el discurso falaz de quienes afirman, bien por ignorancia o por intereses políticos, que la emigración es cosa del pasado. Aún hoy, en esta España que se anuncia como una potencia industrial mundial, Galicia, para vergüenza de sus gobernantes, aporta cifras de emigración propias de un país subdesarrollado: Uno de cada tres gallegos vive actualmente fuera de Galicia.
Galicia sólo representa entre un 6 y un 7 por ciento de la población española, sin embargo, el porcentaje de gallegos sobre la emigración total española asciende al 35% de la transoceánica y superior al 20% de la que tiene como destino Europa. Es decir uno de cada tres españoles que emigran fuera del continente es gallego y uno de cada cinco de los que emigran a Europa.



CORME

Pero si estas cifras de Galicia son ya de por sí un drama, en Corme se convierten en tragedia. Corme aporta cifras de migración superiores a las de la comunidad, es probable que uno de cada dos cormeláns no viva en Corme.
Antes de profundizar en las nefastas consecuencias que esta improvisada e irracional política territorial ha ocasionado en Corme, repasemos un poco su historia.



HISTORIA

Corme está poblado desde la noche de los tiempos, desde el límite hasta donde alcanza la memoria humana. Su historia se remonta hasta hace más cinco mil años. Entre el -3000 y el -2500 (Antes de Cristo) se pueden datar los petroglifos y los saqueados cromlechs de la Isla de la Estrella.
Ya en aquella época Corme mantenía una población dispersa que ha continuado hasta nuestros días, su población actual está diseminada fundamentalmente entre la Aldea y el Puerto, aunque cuenta además con otros pequeños núcleos de población, las aldeas de: Froxán, Guxín, Roncudo, Gondomil, Candelago… Algunos de ellas ya desertizadas en el siglo XX y otros en vías de extinción.
Hacia el año -1500 A.C. nuestros antepasados ya vivían inmersos en la denominada cultura castreña o atlántica, de esa época se ha mantenido hasta nuestros días el legado de, por lo menos, tres castros que aún se mantienen enterrados: en la ensenada de la Barda, en San Adrián Vello y en la Isla de la Estrella y muy cerca de este islote, en la aldea de Gondomil, se encuentra el monumento más emblemático de nuestro pueblo, la llamada "Pedra da Serpe" de antigüedad discutida y nunca totalmente aclarada. Este desatendido monumento es hoy el mudo testigo de las fatales consecuencias que se originan por la incapacidad o la ignorancia de nuestros gobernantes, de la desidia de su actitud hacia Corme y la poca o nula importancia que por estas tierras le dan a la historia.
Hacia el Siglo II de nuestra época, llegaron a la Costa de la Muerte, las invictas legiones de la Roma Imperial, mandadas por Decimus Junnius Brutus, alias Callaicus (El Gallego) alcanzaron el límite fronterizo entre la tierra firme y el océano inmenso, el "non plus ultra". Se cuenta que sus valerosos soldados se aterrorizaron al comprobar que el sol era engullido cada atardecer por el Mar de las Tinieblas y bautizaron el lugar con un nuevo nombre, llamándose desde entonces Fin de la Tierra o Finisterrae. Testigo de ese paso por nuestro pueblo es la calzada romana conocida con el nombre de "Camiño das Pescas" y que posteriormente fue utilizado por los peregrinos que desde puerto de Barizo o la ensenada de la Barda, pasando por Gondomil conduce hasta Balarés y desde allí se dirigían a Compostela. Este trozo de vía romana, rehabilitada en el medioevo, hasta hace muy pocos años se había conservado en buen estado, hoy está en serio y grave peligro de desaparición, gracias, una vez más, a la desidia de nuestros gobernantes o, lo que es lo mismo, a la falta de ayuntamiento propio en Corme. Actualmente sólo se conservan unos cientos de metros en el tramo que va desde Guxin hasta lo alto de la Barda.

Pero no es hasta el año 1105; cuando aparece por primera vez en un documento escrito el nombre de Corme en el Monasterio de Caaveiro. Doscientos años después (1325) aparece nuevamente Corme en otro documento escrito en el Monasterio de Sobrado dos Montes.
En 1375 Corme da el salto a la internacionalidad al aparecer su nombre en un documento llamado "Mapamundi" escrito por los hermanos A. y J. Cresques.
En 1544 nuevamente aparece en otro mapa foráneo de título "Cosmographía" escrito por Sebastián Munster de Basilea.
En 1666 Pedro Teixeira en su afamado trabajo de cartografía sobre la costa española: “Atlas del Rey Planeta” costeado por encargo el Rey Felipe IV, dedica una página a la Ría de Cormes y Lages —así en plural— donde aparecen claramente definidas las dos parroquias cormeláns a la vez que nos muestra a Ponte Seso como un puente aislado para cruzar el Río Anllóns.
En 1791 Se inaugura la Parroquia actual de San Adrián de Corme abandonándose la iglesia románica predecesora de San Adrián Vello en la aldea de Froxán, hoy sus piedras centenarias decoran el umbral de una vivienda.
En 1887 se proyecta la carretera entre Corme y Ponteceso, que no remataría su asfaltado hasta casi cien años después, bien entrada la segunda mitad del Siglo XX.
Hacia 1916 se acomete el primer alcantarillado de su calle principal y se inaugura una fuente pública para el suministro de agua potable, conocida como "Fonte do Campo". Costeado por los vecinos, sin ayuda alguna del municipio.
En 1927 llega a Corme la luz eléctrica.
En 1959 se inaugura el muelle. Recientemente, en el año 2004, ha sido ampliado y renovado a la vez que se ha inaugurado una nueva carretera hasta el cabo de Roncudo. Costeado todo ello por las subvenciones que la Unión Europea a raíz de la catástrofe del “Prestige”.
Y por fin en el año 1969 y gracias al esfuerzo de los vecinos, nuevamente sin ayuda alguna del Ayuntamiento, llega a los domicilios de Corme el agua potable, dando fin a la diaria peregrinación de las mujeres, portando las sellas en la cabeza, en busca de agua a la Fuente del Campo.
En 1972 amparados bajo la apariencia de "Teleclub" un grupo de jóvenes comienza a reunirse a espaldas de la policía para organizar una Asociación de Vecinos que vele por los intereses de la comunidad, finalmente con la restauración de la Monarquía se produce el advenimiento de la democracia y ve la luz en 1979 la Asociación de Vecinos “Eduardo Pondal” que hasta hoy perdura como representante y valedor de los intereses de Corme ante los políticos del concejo de Ponteceso, aunque cada vez, justo es reconocerlo, con menor entusiasmo.
Tras la Marea Negra provocada por el “Prestige” una ola de solidaridad recorre Europa. Desde Suiza la asociación Suiza-Prestige dona a Corme fondos para la adquisición de una emisora de radio y desde el verano del 2004 comienza a emitir la Radio libre y alternativa Roncudo, conocida popularmente como la Radio de Corme; un año después se internacionaliza la radio al emitir a través de Internet con abonados dispersos por resto de España, Europa.
En el año 2006 y también gracias a las subvenciones de la Unión Europea, se reforma el antiguo trazado sinuoso de la carretera por la que emigraron, emigran y emigrarán las gentes de Corme y la carretera que conduce al Cabo.



POBLACIÓN

Históricamente Corme —con sus dos parroquias— ha sido la población más dinámica y poblada de todo el concello. A principios de siglo la población rondaba los 3.000 habitantes, a mediados de siglo ya se había perdido un tercio y en estos últimos cincuenta años ha perdido la mitad de su población quedando su población a principios del presente siglo en unos 1.700 habitantes, quinientos de los cuales viven en la Parroquia de San Adrián y unos 1.200 en la del Puerto.
Pero lo que es aún más preocupante, esta población ha envejecido de un modo alarmante, pasando de un crecimiento vegetativo positivo a un desalentador déficit que, unido a la aterradora cifra migratoria, nos anuncia su final en breve plazo si antes nadie lo remedia.

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE LA PARROQUIA DEL PUERTO:

AÑO POBLACIÓN
1950  - 2.256
1955  - 2.278
1960 - 1.861
1965 - 1.852
1970 - 1.779
1980 - 1.661
1985 - 1.742
1990 - 1.493
2000 - 1.240

Como decíamos más arriba, lo que es aún mucho más preocupante, es que su población está envejeciendo de forma escalofriantemente rápida, de una edad media en torno a los 20 años en la década de los cincuenta, ha pasado en medio siglo a los 50 años de media actuales de su población. Dicho claramente, Corme es un pueblo de ancianos, una sociedad que agoniza y que dentro de unos pocos años, quedará desierta por la muerte natural de la mayoría de sus habitantes.

En el siguiente cuadro se observa como según pasan los años, la caída de población se acelera de modo alarmante:

CENSO DE JUVENTUD CORMELAN

Edad 1950 1985 2000
0 a 4 149 136 30
5 a 9 216 118 25
10 a 14 191 119 43
15 a 19 258 141 62
20 a 24 227 161 75
25 a 29 233 139 91
30 a 34 164 95 98
35 a 39 140 113 86
40 a 44 120 90 89
45 a 49 120 100 64
50 a 54 115 77 90
55 a 59 69 100 95
60 a 64 70 72 72
Mas de 65 143 176 310


Como puede comprobarse en el análisis de estas estadísticas, Corme sobreviva actualmente gracias a la mayor longevidad, ya que los únicos tramos de población que han aumentado son los de mayores de 60 años.
Por el contrario, en la infancia (0 a 14 años) hemos pasado de 547 niños en el año 1950 a 98 en el año 2000.
Entre la adolescencia y juventud (15 a 29) ocurre algo similar: 718 en al año 1950 y actualmente 228
Actualmente entre 0 y 29 años se cuenta con una población de 326 jóvenes contra 382 mayores de sesenta años.

Muchos afirman que este mal —el envejecimiento de la población y la caída demográfica— es un hecho moderno, producto de la baja natalidad y el desarrollo económico. Afecta en mayor o menor medida a todo Europa, pero de modo muy significativo a Galicia y, quizás en mayor medida, a la comarca de Bergantiños. Y efectivamente debemos reconocer que es así, pero con algunas variantes que singularizan el caso gallego. Así, mientras en otras zonas de España se combate esta caída y envejecimiento poblacional con la incorporación de cientos de miles de inmigrantes, en Galicia no ocurre lo mismo, las cifras de inmigración son muy escasas, casi inapreciables en términos absolutos y, sin embargo, se acentúa esta caída y envejecimiento por la maldición social que padece en los dos últimos siglos Galicia: la emigración.
Cada año miles de jóvenes gallegos abandonan nuestra tierra para labrarse un porvenir lejos de ella. En el periodo 1990/2003 abandonaron Galicia 175.000 personas, la mayor parte jóvenes entre 16 y 44 años; de estos 158.000 emigraron hacia otras comunidades autónomas, fundamentalmente a los archipiélagos de Canarias y Baleares y a los dos grandes ciudades de Madrid y Barcelona. El resto, unos 20.000 emigraron hacia el extranjero, los países elegidos mayoritariamente fueron: Alemania, Andorra y Portugal.
No vamos a excedernos con más datos cuantitativos sobre un tema que, desgraciadamente, es de sobra conocido por los cormeláns, ya que, me atrevería a decir que todos, tenemos familia viviendo fuera de Corme.
Pero si este drama es así en conjunto de Galicia y en el de toda la comarca de Bergantiños, en Corme se acentúa por capricho de una política perversa de discriminación y alejamiento del ayuntamiento hacia Corme.
Si comparamos los datos demográficos de Corme con los del conjunto de la población total residente en Galicia o con el conjunto de la población residente de la comarca de Bergantiños, ambas zonas con poblaciones envejecidas y preocupadas con este problema o, incluso, comparándolo con Carballo, la capital comarcal y espejo de toda la zona, comprobaremos, una vez más, que la realidad de Corme es muchísimo más preocupante, ya que cuenta con una población con mucha menor juventud: 7 puntos porcentuales por debajo de todas ellas y una mayor presencia de ancianos: entre 5 y 9 puntos porcentuales por encima.

POBLACIÓN POR TRAMOS DE EDADES EN CORME, GALICIA, BERGANTIÑOS Y CARBALLO – AÑO 2000
 

Edad

Galicia

Bergantiños

Carballo

Corme

< 2o

20%

20%

20%

13%

21 a 64

61%

64%

60%

61%

> 64

19%

16%

20%

25%


* * *

Por el contrario, Ponteceso-Aldea —la capital del concello— es el único núcleo de población del municipio que ha ganado en número de habitantes. Baste recordar que en el censo del año 1986 contaba con solamente 251 habitantes.
Algo similar ocurre con Carballo, la capital de la comarca de Bergantiños, meta de muchos cormeláns, que en el censo del año 1900 contaba con 13.032 habitantes y hoy ronda los 30.000.



CAUSAS DEL DESPOBLAMIENTO

Si tratamos de estudiar las razones de esta decadencia, a nada que profundicemos, nos topamos que la causa principal es la falta de ayuntamiento propio, aunque hay que reconocer que a esta se suman otras no menos importantes, como la desidia manifiesta de su población, que produce una escasez de personas emprendedoras o la crisis de la pesca, pero que todas ellas se retroalimentan y orbitan en torno a la falta de un ayuntamiento propio que financie las inversiones públicas, dinamice la vida económica y arbitre las políticas de inversión urbanísticas y sociales.
Corme es el único puerto de toda la costa que no cuenta con municipio propio y por esa razón, se le ha privado injustamente desde hace años de toda inversión oficial, desplazándose ésta hacia el núcleo de población que, aun siendo una aldea sin parroquia, es la capital del municipio: Ponteceso. Y lo que es aún más sangrante, la mayor parte de los servicios públicos con los que cuenta: agua, alcantarillado, las escuelas, cementerio, jardín ha sido sufragado por los propios vecinos, sin ayuda alguna del municipio.
Por el contrario, desde el ayuntamiento de Ponteceso que ha propiciado que las escuelas, el ambulatorio, la guardia civil y un largo etc. hayan abandonado Corme y se ha perdido toda esperanza de un retorno.

Aún hay muchos escépticos que se niegan a reconocer esta realidad, la existencia de esta política de desviación premeditada por parte del gobierno de la corporación, —con la silente complicidad de la oposición— de fondos públicos a favor de Ponteceso-Aldea y en detrimento de Corme. Sin embargo, son constantes a lo largo de los últimos años este tipo de actuaciones, sin que las asociaciones vecinales cormeláns denuncien esta perversa actuación del que debería ser su ayuntamiento y velara por su bienestar.
Pondré sólo tres ejemplos que son conocidos por todos, pero sobre los que todos guardan un sepulcral silencio:

1º - VERTEDERO: Mientras la basura era recogida y depositada en un lugar abierto, con la fatal consecuencia de olores, suciedad, contaminación y peligro sanitario, el vertedero municipal se ubicaba en Corme.
Primero a la orilla del mar, en las inmediaciones del Cabo de Roncudo, infestando la zona de mayor valor económico para la población cormelán, el lugar donde se apañan los mejores percebes, según dicen, del mundo. Posteriormente y como reacción a las protestas de algunos vecinos de Corme, se cambió su ubicación al monte de Roncudo, un lugar de alto valor ecológico, con innumerables yacimientos arqueológicos —petroglifos, círculos líticos— y donde soplan fuertes vientos que esparcían por doquier la basura.
Cuando se ha racionalizado el tratamiento de los residuos, se ha invertido en la construcción de una planta y se han creado puestos de trabajo, el beneficio, como siempre, ha recaído en otra parroquia próxima a Ponteceso-aldea.
Hoy en ese mismo paraje, quizás el más bello paseo de Corme, la carretera que conduce al cabo, sigue consintiendo nuestro ayuntamiento pontecesán se se utilice como escombrera.

2º - PLAYAS: A pesar de ser la costa cormelán la que cuanta más posibilidades turísticas, la que mayor número y más grandes playas posee, la subvención para mejorar las instalaciones de una de ellas, recayó en Balarés la más próxima a la aldea de Ponteceso.

3º - MONUMENTOS: Corme cuenta con uno de los monumentos neolíticos más emblemáticos de Galicia, en palabras del historiador Vicente Risco, probablemente el más antiguo de Galicia: A Pedra da Serpe.
Este monumento está totalmente abandonado y, muy probablemente, dado su deterioro, sea ya irrecuperable. Hace unos años la Diputación Provincial presupuestó una cantidad de dinero para su recuperación. Desde el ayuntamiento, tras reiteradas muestras de su incapacidad para presentar un proyecto viable, desvió esos fondos para la rehabilitación de una iglesia de otra parroquia, condenando definitivamente nuestro monumento más reconocido a su desaparición.
No tenemos datos de la población activa de Corme, pero podemos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que si existieran y pudiéramos mostrar la evolución comparativa con la capital del concello en los últimos decenios, se vería reflejado de total nitidez, cómo esta política municipal de desarrollo, centrado únicamente en Ponteceso-Aldea y aledaños, ha tenido como nefasta contrapartida el acoso y derribo de las parroquias cormeláns.

* * *

Y mientras, la obstinada y trágica realidad se va acomodando en la vida diaria de los cormeláns, ninguna administración pública, toman conciencia de la tragedia que se avecina y lo que es aún más preocupante, ni tan siquiera las asociaciones vecinales hacen nada por rebelarse contra esta injusticia manifiesta.
No existe actualmente ni un solo proyecto de futuro que dinamice este —antaño laborioso — pueblo moribundo de Corme. Algunas de sus aldeas, ya han sido totalmente abandonas: Candelago, Pedras Miúdas… otras esperan la muerte con resignación: Roncudo, Froxán…
Corme, por su emplazamiento en la costa, es susceptible de desarrollarse, ya que cuenta con dos fuentes de riqueza en las que apoyarse si desea pervivir: la pesca y el turismo.
Curiosamente y salvo alguna excepción liderada por cormeláns de forma altruista, como es el Club Náutico, que sí se esfuerza en dinamizar el potencial turístico-marítimo de Corme o las señoras de Cáritas, que en los bajos de la capilla atienden a las ancianas que viven solas, haciendo una labor que correspondería al ayuntamiento; nadie más en Corme, ni en su administración, presenta ningún tipo de proyecto y, paradojas del destino, son gentes venidas de fuera las que más creen en su futuro. Baste recordar que la única iniciativa dinamizadora del turismo, la ubicación de un Museo de Arte Contemporáneo, es obra de gentes foráneas. En Corme no existe ningún hostal, ni, mucho menos, un hotel que pueda acoger a los visitantes. Tampoco existe ningún restaurante, dándose la paradoja que emisarios de la prensa turística internacional, que sí creen en las virtudes de este rincón de belleza natural y oferta turística singular, cuando han recalado en Corme para hacer sus reportajes sobre las virtudes de nuestro pueblo, se han tenido que hospedar en algún otro pueblo vecino, o como ha ocurrido recientemente a un reportero de National Geographic, no han podido comer pescado en un pueblo que, se dice, vive de cara al mar.
Pareciera que a los cormeláns, más que su futuro, les interesara el no futuro o las desgracias de sus convecinos y en lugar de aunar esfuerzos, derrochan sus energías en batallas fraticidas y discusiones estériles sobre la organización de sus festejos y callan ante los desaguisados urbanísticos que están dilapidando una de escasas fuentes de desarrollo: el turismo. No obstante hay que reconocer que en este último año parece que la dinámica está cambiando y son cada vez más las voces que se alzan reclamando la segregación del municipio pontecesán.

El urbanismo en Corme, por capricho de la incompetencia de nuestros administradores municipales, es de una anarquía manifiesta. Casi todas sus edificaciones importantes son un atentado urbanístico, siendo el paradigma de este despropósito el edificio “Marina” en la fachada marítima junto al jardín; incluso existe alguna sentencia de derribo de algún edificio y por dolo, nuestros ediles, incumplen sus obligaciones y no ejecutan la sentencia, ahogando la proyectada vía de entrada natural hacia el puerto que propicia cada verano un caos circulatoria digno de cualquier gran ciudad; en una zona definida como “Lugar de Interés Comunitario”: la Playa de la Ermida, se consiente la proliferación de chabolas y chiringuitos particulares para uso y disfrute los fines de semana de unos pocos en detrimento del interés paisajístico; En la playa del Osmo se permite a la empresa “Fenosa”, la misma que nos ofrece un servicio eléctrico tercermundista, que mantenga un enorme poste de cemento en desuso, que antaño sirvió para la conducción de energía eléctrica; la carretera al cabo, de moderna construcción, está sin terminar, la han dejado angostada en el punto mismo de su partida en el muelle, junto a la lonja, con otro poste en desuso de la misma sociedad eléctrica “Fenosa” con claro riesgo de accidentes; la fuente que decora el único jardín de Corme no ha funcionado desde su inauguración; en la nueva carretera que une a Corme con Ponteceso estaba proyectada una acera que uniera las dos parroquias y evitara el riesgo manifiesto de atropello, temerariamente la han dejado sin hacer… la lista de despropósitos municipales es interminable e interminables también son los silencios manifiestos de los políticos y las asociaciones vecinales que dicen defender a Corme.



ECONOMÍA CORMELÁN

La Cofradía de Corme representa el mayor polo económico del pueblo, es la más pequeña de la Costa de la Muerte y, por el contrario, una de las más activas y de metodología más comunitaria. A pesar de las muchas críticas que se le puede hace, hay que reconocer que desde hace años viene destacando su profesionalidad en la explotación de sus recursos naturales, priorizando claramente el sostenimiento de su riqueza marina,
En 2003 fecha del hundimiento del “Prestige” la Cofradía contaba con:
145 Cofrades entre mariscadores y marineros, algunos de ellos alternan las dos profesiones.
67 Marineros de bajura (Embarcaciones familiares con poca tripulación)
57 Mariscadores en tierra (Sólo pueden mariscar desde tierra)
43 Mariscadores a flote (Sólo pueden mariscar en piedras cercadas y fondos marinos)
3 Vigilantes de costa.
La pesca de bajura se dedica fundamentalmente al arte de la nasa. Sus productos son mayoritariamente pulpo, nécora, santiaguiños y centolla.
Los mariscadores en tierra se dedican casi en exclusiva al percebe y la miñoca (políqueto o lombriz de pesca)
Los mariscadores a flote se centran además de en el percebe, en el erizo de mar y los longueiróns (navajas)
Hace quince años Corme fue el pionero en diseñar un plan específico para el percebe, explotándolo con racionalidad y de un modo sostenible, su éxito ha llevado con el tiempo a que otras Cofradías adopten sus modos de explotación. Es hoy el puerto de España más importante en la comercialización del percebe y el reconocimiento de la implícita denominación "Roncudo", lo ha trasformado en el más acreditado y caro de España.
Tras el éxito del plan del percebe han puesto paulatinamente en práctica varios planes de explotación específica para el erizo, navaja y lombriz que se espera culminen con éxito.
Fuera del ámbito de la cofradía las únicas empresas en el pueblo que mantienen empleados son:
Una sociedad que explota una instalación de bateas para el cultivo del mejillón con 4 empleados y con grave riesgo de desaparición por los efectos negativos heredados tras la marea negra.
Una embarcación de pesca de altura con unos 14 empleados.
Una cetárea de marisco con 2 empleados temporales
Una compañía de autobuses.
Una red de molinos eólicos para la generación de energía eléctrica que emplea a 4 personas.

En este apartado de la actividad económica, también se refleja la decadencia que ha sufrido Corme a los largo de todo el siglo XX, ya que antaño contó con varias fábricas de salazón y una de las flotas más numerosas de la Costa de la Muerte, pero si hacemos una lectura optimista, concluiremos que esta situación, también nos pone de manifiesto en qué segmento económico se debe basar su posible recuperación: la pesca o marisqueo.
Antaño, el apaño de percebes era la dedicación de unos pocos profesionales y de muchos furtivos, hoy sin embargo, gracias a la racionalización de su explotación y a pesar de las muchas críticas que se puedan verter contra su organización, es la rama productiva que más personas ocupa en Corme, pero además, por medio de la promoción de la calidad de su producto, se ha logrado un reconocimiento y es, hoy por hoy, la única especie de las que se pescan o mariscan en Corme que logra atraer a compradores foráneos a nuestra lonja..
La Cofradía debería mostrarse más ambiciosa y favorecer a través de una política similar a la del percebe, que otras especies que se apañan en nuestra costa: erizos, navaja, miñoca… alcancen ese reconocimiento y además fomentar que se manipulen y se comercialicen desde el mismo Corme para así lograr un mayor valor añadido, más puestos de trabajo y una mayor rentabilidad.
El otro sector que puede dinamizar la economía cormelán, es sin ninguna duda el turismo. Y es en este apartado por la cantidad de implicaciones que tiene con otras ramas productivas: comercio, hostelería, construcción, transporte… por lo que es necesario contar con una institución claramente identificada con Corme, que no reste esfuerzos desviando sus inversiones hacia otras parroquias que, seamos claros, tiene aún menos posibilidades de sobrevivir por su total dependencia al agro. Obviamente me estoy refiriendo a que Corme necesita imperiosamente contar con un ayuntamiento propio.


MUNICIPIO

Un pueblo se puede definir como un territorio natural con límites definidos, con una economía homogénea, donde convive un grupo humano de cultura, costumbres y tradición similar y está dotado de elementos comunitarios que le otorgan a su población un singular sentido de identidad y pertenencia. Corme, por tanto, es un PUEBLO, mal que les pese a los gobernantes gallegos y le nieguen el derecho inalienable a poder ejercer como tal.

Hay muchas personas en Corme que han creído a pies juntillas las falacias de nuestros políticos que defienden que un lugar tan pequeño no podría mantener económicamente su propio ayuntamiento.
En España hay miles de pueblos con una población menor o similar que la de Corme, pero además, muchos de ellos, a pesar de ser más pequeños, gozan de un nivel de servicios públicos, nivel económico y bienestar muy por encima del que goza actualmente Corme.
Si analizamos los municipios coruñeses uno a uno, observaremos que hay varios que no llegan a los 2.000 habitantes: Capella (1.526 habitantes); Cerdido (1.558); Coirós (1.650); Corcubión (1.964); Irixoa (1.619); Mañón (1.830): Moeche (1.461); Somozas (1.403); Toques (1.530); Villamaior (1.362) y Vilasantar (1.574)
Como vemos 11 municipios de una población menor o similar a la de Corme, pero si tenemos en cuenta los que están en la franja de 2.000 a 3.000 habitantes algo mayores pero igual de similares, a la lista tendremos que añadir 8 más: Aranga, Boimorto, Cesuras, Frades, Monfero, Paderne, Santiso y Sobrado. Un total de 19 municipios, en torno al 20 por ciento de los que existen en la provincia coruñesa, tienen una población que puede considerarse similar a la que tendría el posible y deseado municipio cormelán.
Pero para que se vea que eso es así en todos los rincones de España y, por supuesto, de Europa, tomaremos como ejemplo la provincia de Guipúzcoa, que con sus 1.909 kms cuadrados es mucho más pequeña, —menos de un cuarta parte— en extensión que la de Coruña, que tiene 7.950 kms cuadrados y sin embargo, cuenta con un número de municipios similar: 94 Coruña y 88 Guipúzcoa y, desde luego, muchos de ellos con una población mucho menor. Esto lo que nos indica, es que en los países de economías pujantes, mucho más dinámicas que la gallega, pero sobre todo más identificadas con sus raíces culturales e históricas de sus municipios, tienden a ser coherentes y respetan la singularidad de los pueblos que conforman el país, administrándolos desde la cercanía de la población y así logran dar un mejor y mayor servicio a sus ciudadanos.
Los municipios guipuzcoanos con una población menor o similar a la de Corme son nada menos que 50, casi un 60% del total de ayuntamientos: Albazisketa (277 habitantes); Aduna (233); Aizarnazabal (531); Albiztur (287); Baliarrían (97); Beizama (160): Belauntza (160); Berástegi (973); Elduaien (210); Errezil (615); Gaviria (422); Gaintza (133); Gaztelu (152); Hernialde (286); Larraul (145); Lizartza (581); Orendain (143); Orexa (83); Aia (1.610); Alegia (1.583); Alkiza (264); Altzaga (106); Altzo (325); Amezketa (980); Arama (163); Asteasu (1.290); Berrobi (566); Bidegoian (427); Elgeta (974); Ezkio-Isaso (544); Ikaztegieta (377); Irura (910); Leaburu (367); Leintz-Gatzaga (243); Mutiloa (158); Ormaiztegi (1.170); Zerain (254); Anoeta (1.709); Antzuola (1.899); Ataun (1.557); Getaria (2.406); Idiazabal (2.082); Itsasondo (576); Legorreta (1.351); Mendaro (1.444); Olaberría (904); Segura (1.225); Zaldibia (1.490; Zegama (1.294); Zizurkil (2,820)

Como vemos, Gipuzkoa cuenta con más del cincuenta por ciento de sus municipios con un tamaño similar o menor que el de Corme sin que el nivel de servicios públicos de sus ciudadanos se vea recortado, ni tengan que ser los propios vecinos quienes costeen los servicios mínimos necesarios para poder llegar una vida digna. Todo lo contrario, la administración provincial es la encargada de redistribuir la riqueza para evitar la migración de sus ciudadanos y preservar el derecho a vivir dignamente en el pueblo que los vio nacer si eso es lo que desean.
La organización de mancomunidades comarcales propiciada por la Diputación Provincial, permite que el agua se gestiones por comarcas, igual que los servicios contra-incendios, el tratamiento y reciclado de las basuras, la vigilancia policial. la sanidad o las carreteras. De este modo, entre otras medidas económicas, se evita las componendas y abusos municipales y con un mínimo de empleados se administra los ayuntamientos desde la familiaridad que permite la cercanía. Incluso esto ha propiciado que algunas listas electorales sean de vecinos en lugar de partidos políticos y, por supuesto, con emolumentos mínimos para su alcalde y sus concejales, ya que en los pequeños pueblos, todos ellos trabajan en sus oficios y no tienen sueldo oficial por una labor que llevan a cabo puntualmente en pro del pueblo que representan.

Llama la atención que los gobiernos que anteponen los derechos de sus ciudadanos a la especulación económica y planifican sus políticas en función del bienestar humano, tenga una especial sensibilidad con la organización tradicional de sus pueblos. Sin ir más lejos, la Unión Europea desde su fundación y para impedir la desertización de los núcleos rurales, con el coste humano que supone la migración, ha optado sin ninguna duda en invertir ingentes cantidades de dinero, por medio de políticas de subsidios a la agricultura y la pesca, tratando de evitar el éxodo y la desertización de Europa, elevando la renta per capita de esos pequeños lugares. Galicia es diferente o eso nos quieren vender, pareciera que a sus gobernantes, estos de hoy, aquellos de ayer y me temo que los que vengan mañana, nada les importan sus ciudadanos y se prefiere amputar a una parte importante del cuerpo social gallego, condenándolo a desaparecer bien por muerte natural o por la emigración. Y Corme es un ejemplo paradigmático de esa deshumanizada política.

Como se puede apreciar es una falacia que los pueblos pequeños no tengan futuro y mucho menos que no estén preparados para que en su seno se pueda desarrollar una sociedad humana con todos los derechos que gozan los ciudadanos de las ciudades.
Otra de las falacias que a menudo se oyen por Corme, es que un pueblo pequeño no tiene capacidad económica para dispensar a los ciudadanos de los servicios mínimos indispensables.
Se olvida con demasiada frecuencia que la administración de un territorio no sólo se basa en sus ingresos, sino todo lo contrario, se basa muy fundamentalmente en la contrapartida de los ingresos: los gastos.
Una buena administración es aquella que logra evitar el despilfarro y el gasto descontrolado. Todos los ayuntamientos del mundo tienen menos ingresos que los que sus administradores desean y es la contrapartida de los gastos donde se demuestra si está bien o mal gestionado un municipio.
Pondré un ejemplo de por qué Ponteceso está mal gestionado y no tanto por sus ingresos, sino por todo lo contrario, el gasto superfluo desmedido que tiene como única finalidad la propaganda de sus gobernantes: El ayuntamiento pontecesán ha invertido varios millones de las antiguas pesetas en montar una radio municipal que casi nadie sintoniza, por el contrario Corme, sin inversión alguna del erario público, exclusivamente con el esfuerzo y la solidaridad de los vecinos y emigrados mantiene una radio independiente abierta a toda persona que quiera utilizarla y sus programas son seguidos por la mayoría de la población y muchos abonados desde otras ciudades de España y diferentes países de Europa. Otro tanto ocurre con la página web, la página oficial del municipio, costeada con nuestros impuestos, es visitada por muy pocas personas y está dirigida fundamentalmente a la propaganda municipal. La Asociación de Vecinos de Corme mantiene una página que se actualiza diariamente, al servicio de todos los cormeláns que deseen comprar, vender o alquilar algún inmueble, que ofrecer a los miles de cormeláns emigrados estar al día de las noticias del su pueblo e, incluso, conocer la identidad de los fallecidos, esta pagina no ha costado euro alguno a la comunidad, es fruto del esfuerzo y colaboración de vecinos desinteresados.

Como hemos visto con el ejemplo de la radio municipal y la pagina web del ayuntamiento, con el despilfarro que supone los emolumentos a tres políticos liberados, Ponteceso no es ningún ejemplo a emular, porque precisamente es en su administración donde se genera ese descontrol del gasto con el que quieren asustar a los ciudadanos cormeláns. No es Corme quien tendría problemas económicos, es Ponteceso quien ya los tiene.
En Corme se recauda en torno al 50% del presupuesto pontecesán, siendo este importe el sostén económico más importante de todo el municipio y esa cifra, si hoy es suficiente para administrar todo el concello, con más holgura lo sería para un municipio más pequeño.
Curiosamente son los que lo ha condenado al colapso al ayuntamiento de Ponteceso, los que han provocado que sus cuentas estén intervenidas, los que pregonan que Corme no podría administrase y dar un servicio adecuado a sus ciudadanos.
Corme tiene más viviendas que familias y es el núcleo de población del concello que más aporta a través de tasas e impuestos a las arcas municipales, además, tiene posibilidades de expansión ordenada si se pone freno ineptitud del actual ayuntamiento y se obliga a cumplir las normas urbanísticas a todos los constructores. Ello quiere decir que, siguiendo los numerosos ejemplos de otras latitudes, Corme podría mantener su encanto sin quebrar su apacible existencia y su personalidad propia, potenciar el retorno de muchos que emigraron por falta de oportunidades y dar cobijo a muchas nuevas familias de las clases medias que actualmente huyen de la ciudad (Coruña) y se asientan en pequeñas localidades bien comunicadas. Este tipo de población es de poder adquisitivo alto, con cultura respetuosa con el medio ambiente, que pagan impuestos y, obviamente, demanda servicios que beneficiarían a todo el pueblo.
Asimismo Corme puede ofrecer un marco adecuado para el disfrute de deportes naúticos, un lugar tranquilo donde pasar las vacaciones estivales en familia o los fines de semana a cientos de personas que reportarían, además de impuestos, riqueza al pueblo y un horizonte despejado de la marea negra de la emigración.

Pero no busquemos culpables fuera de los límites de nuestro pueblo. Corme si hoy es una población moribunda, lo es exclusivamente por intereses privados de unos pocos y por la dejadez de la mayoría de sus vecinos, sobre todo por los que dicen representarlo por medio de los partidos políticos o las asociaciones vecinales —existen ejemplos recientes de portavoces de la Cofradía y alguna asociación de amas de casa en por medio de la prensa han manifestado públicamente su oposición a la segregación— y son sus vecinos los únicos que pueden exigir el reconocimiento de la singularidad de Corme como pueblo y dotarlo de su propia administración.
Pero es que, al margen de todos estos razonamientos, a Corme como pueblo le asiste el derecho legítimo a decidir sobre su futuro y si mayoritariamente los ciudadanos de Corme desearan segregarse de Ponteceso y constituir un ayuntamiento propio, no hay ningún representante político, que merezca el adjetivo de demócrata, que se pueda negar a acatar el veredicto de las urnas.
Y si toda la argumentación anterior aún no les ha convencido, hay un dato que clarifica rotundamente la gran mentira que es el Ayuntamiento de Ponteceso. Se imaginan que España estuviera gobernada por un presidente electo que viviera en Argentina o en Italia. Se imaginan que en Galicia, su Presidente y los portavoces de los partidos de la oposición vivieran en Murcia, Cuenca y Guadalajara… Pues eso ocurre en Ponteceso, que ni los propios gobernantes del Ayuntamiento quieren vivir en el concello y ni el Alcalde ni los dos portavoces de la oposición sufren las consecuencias de su mala gestión, porque todos ellos viven en otras localidades ajenas al municipio.
A veces pienso que el egregio Castelao se inspiró en las gentes de Corme cuando escribió: “Mexan por nos e din que Chove”


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