TEDÍN

Motovelero Construido en la Telleira
Armador: Julián Tedín
1º Patrón: Jesús Chans "Tio Malpican"
También lo mandó Alejo Neira Centeno
Hacia 1940 un día de niebla embarrancó en la costa asturiana y prendió fuego-
Se salvaron todos sus tripulantes.

TRANSCRIBIMOS el relasto de su naufragio desde el libro: Oviñana historia de un pueblo sobre el mar

"El Tedin era un motovelero de Corme, el pequeño puerto atlántico en la provincia de La Coruña. Estaba hecho de madera en La Telleira y precisamente portaba el nombre del propio armador que lo había construido: Julián Tedin.
Su desplazamiento era de unas 150 toneladas. Iba en viaje de cabotaje a Gijón llevando unas 200 toneladas de
tablón de madera y conocía muy bien esta costa pues hay registrados varios viajes suyos a Avilés para cargar carbón destinado a la Coruña, a San Esteban de Pravia con el mismo fin, y también viajes con madera a Pasajes y Bilbao.
Un día de fuerte niebla en 1940, cuando lo patroneaba Jesús Chans, al que llamaban Tío Malpicán, embarrancó en el Suelo del Hórreo en la parte oeste de los Negros, prendiéndose fuego.
Todos sus tripulantes se salvaron, pero nada se pudo hacer para rescatar el barco y finalmente el naufragio y la carga fueron comprados por Laureano López, quien fletó una barcaza o gabarrón para el rescate, encomendándoselo al buzo Ángel Caseras de Cudillero.
Con mucho trabajo, dado el lugar tan batido por el mar donde se encontraba el naufragio, sacaron gran cantidad de chatarra con unos métodos muy rudimentarios y ayudados siempre por el oscilar de las mareas para despegar las planchas de hierro parcialmente cubiertas con arena. Por otra parte, carga de madera fue desembarcada y la que había caído al mar fue poco a poco rescatada por gente de los pueblos
cercanos. Pepe Luis cuenta que estando a las nasas allí cerca, vieron que la mar había roto el casco de la bodega y sacaba tablones de madera que flotaban alrededor. En el bote Ana Mary, con Manolo Locha, les dio por recoger varios de los tablones que fueron cruzando sobre las bordas de su lancha. Tantos recogieron que luego hubieron de apilar sobre ellas las nasas, de tal forma que el peso les daba cada
vez menos borda sobre el agua. Era el día de Santiago, en el que siempre hay ventolera y poco a poco el viento fue a más y se hizo cada vez más difícil mantener el equilibrio. Viendo que las planchas de hierro parcialmente cubiertas con arena. Por otra parte, la les entraba agua, quisieron tirar alguna de las tablas, pero teniendo las nasas encima, no les quedó otro remedio que tirarlo todo al agua para poder volver a
tierra… flotando. Dicen que uno de los palos del Tedin acabó como barandilla en la balaustrada del coro de la iglesia.
 

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