EMMA S. BALORDI  

Profesora de Filología Francesa

de la Universidad de Valencia

ESTIGMAS

 Una vez cuidó su cuerpo

más tarde lo descuidó

lo aborreció.

Antes cubierto de esencias

embriagado de aromas

ornado de dulzuras.

Hoy envuelto de amargura

en acto de contrición.

 

En meses su piel no ha visto la luz

sus labios no han sido pintados

los espejos fueron tapados

las persianas echadas

el teléfono descolgado

el timbre de la puerta arrancado

las pilas de la radio se sulfataron

alguna breve visita al jardín nocturno

riega con lágrimas

las escasas flores marchitas

única concesión a su horizontal posición.

 

No hay jabón que limpie ese cuerpo

de tanta vejación

y ella lo frota cada día

hasta la irritación

pretende borrar las manchas

indelebles

de su frustración

y sabe que es imposible

mas insiste cada día

frota y frota

sin llanto ya

sin desesperación.

Y cada día surgen

de nuevo

los estigmas del dolor

las máculas de la aflicción.

Tal vez sumergiendo el cuerpo

largo tiempo ...

 

Desciende despacio

la escalera de su cuarto

descalza

desnuda

abre la puerta

entra en la luna llena

enciende la luz de la piscina

el frío de enero

enciende sus mejillas

un paso más

y estará limpia

avanza

es ya tan poca cosa

que casi ni salpica.

 

Un hombre de seguridad

desde la calle

intrigado ha visto la luz

y el último paso.

Salta la valla

se quita los zapatos

saca del fondo

el feble cuerpo violáceo

marca un número

espera ansioso

a lo lejos se oye una sirena

la luna se va diluyendo

está amaneciendo.

 

SINGLADURA

 Declaración jurada

la verdad

toda

y nada más

...

mi mente echada en el diván

una bata blanca copia con aplicación mi anarquía

mi voz habla de una mujer

habitada de estigmas de pasados sufrimientos

corazón acorazado

evocando futuro desorden de sentimientos

no sé quién es

no quiero ser yo

si soy mis palabras me aniquilan.

 

La bata blanca me abre la puerta

me da un papel

me cita otra vez

la voz sale huyendo

abre el portal

cruza sin mirar

un golpe seco la hace callar.

 

De nuevo en posición horizontal

me acoge una fría cama de hospital

y de nuevo un blanco cuerpo se acerca

me inyecta detergente en las penas

me desinfecta las llagas de la agonía

me administra un suero para aplacar la aflicción

para blanquear la alegría

es pena perdida ...

recaigo en la postración.

No hay calmantes

no hay sedantes

que sofoquen el tormento

que mitiguen la amargura

de no haber muerto.

 

La morfina me arrastra al sueño

que extingue el sufrimiento

permanezco en el limbo

consumida, concluida

no sé cuánto tiempo.

 

Una tela blanca me separa de otro dolor

algún gemido

algún lamento

ningún consuelo

estamos solos

sin principio

viviendo el fin

entre el silencio

y el cuchicheo

en este espacio restringido

en este tiempo dilatado

desesperado por ser contado

por ser medido

no tengo reloj

en este microcosmos perdido.

Me están moviendo

unos ojos sonrientes

me están sacando de aquí

el techo va desfilando

de vez en cuando una cara al pasar

oigo mis dientes castañetear

vamos hacia abajo

hacia la vida

enhorabuena, has salido de peligro

cuánto tiempo ha pasado?

sólo unas horas

una difícil singladura

te esperan

nada mitiga la alegría

de estar viva.

 

 

amalia.sopena@uv.es

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