LENGUAJE FOTOGRÁFICO

 

ORIGINALIDAD - TÉCNICOS - ARTÍSTICOS Y EMOTIVOS


MENOS ES MÁS

 Quizás por mi inclinación a la literatura, por esa afición que me acompaña desde niño a manifestar mis sentimientos a través de las letras, ahora que comienzo a intentar descubrir el enigmático lenguaje fotográfico, tiendo —de un modo que no sé si es consciente o inconsciente— a relacionar las técnicas de expresión fotográfica con las técnicas de expresión literaria. A fin de cuentas, todas las artes tienden a un único fin: mostrar con singularidad y belleza, a través de las distintas tradiciones y recursos con los que cuenta, detalles y vivencias extraídas de este vasto el universo en que vivimos.
Así, cuando mi maestro Adolfo Vázquez Cousillas me repite incansable: “en fotografía menos es más” y seguidamente me enfatiza que ese menos debe reflejar el todo, me doy cuenta de que realmente me quiere comunicar el significado de lo que en literatura es una sinécdoque: “el extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa.
Pero las similitudes entre fotografía y literatura son muchas más. La literatura sugiere e insinúa, un texto literario se distingue de otro texto cualquiera en que no es denotativo, sino connotativo. No es información, sino creación o expresión que busca remover las entrañas del lector para que recree, desde su sensibilidad particular, las sensaciones y emociones que el escritor intenta despertarle.
En la fotografía, como manifestación de arte, ocurre algo similar; una obra artístico-fotográfica se diferencia de una foto cualquiera en los mismos principios connotativos de la literatura, con la única diferencia de que el vehículo que utiliza no son las letras, sino las imágenes captadas a través del visor.
La fotografía es —desde mi particular punto de vista— como un micro-relato donde se conjugan en unas pocas líneas todo un conjunto de técnicas: enfoque, composición, ambiente, perspectiva, trama y punto de vista, para ofrecernos un retazo latiente de este rico mundo donde desarrollamos nuestra existencia.


TÉCNICAS DE FOTOGRAFÍA

HAY CUATRO FACTORES A TENER EN CUENTA A LA HORA DE CAPTAR UNA FOTOGRAFIA:

ORIGINALIDAD - TÉCNICOS - ARTÍSTICOS Y EMOTIVOS

 ORIGINALIDAD:

 Antes de disparar debemos tener en cuenta qué y de qué forma queremos presentar el tema. Ponderar que debemos mostrar y qué no; desde qué punto de vista, en qué lugar ubicamos el tema central y si aquello que enfocamos muestra la imagen que habíamos ideado antes de disparar. Usando el símil literario expresémonos con un texto lineal, redondo o in media rex.

 CENTRO DE INTERÉS: Si en cualquier relato la trama, o centro de interés, debe recorrer un camino —a veces largo y sinuoso, como en la novela, desde la introducción pasando por el nudo llegar al desenlace—. En la fotografía que se asemeja a un cuento hiper-breve, una sola toma, que paraliza un instante preciso en un vano intento de eternizarlo, debe existir y mostrar clara en la imagen el “cogollo” de la trama, siguiendo un desarrollo que ubique éste en un lugar prominente, pero que no tiene por qué concordar este centro de interés con el “centro” de la imagen, ya que puede perder dinamismo.

 TÉCNICOS:

 ENFOQUE: Toda obra literaria, igual que toda obra fotográfica, debe tener un enfoque nítido, saber antes de escribir o apretar el obturador que la imagen que deseamos trasmitir debe presentarse clara y sugerente a los ojos del lector de la fotografía e igual que en la narrativa, hay que insinuar más que mostrar, huyendo de lo superfluo y de las explicaciones innecesarias. Una buena toma de la foto —y más si es minimalista, plasmada con “macro”— debería darnos la sensación de poder “palparse”, como si estuviéramos tocando con las yemas de nuestros dedos, todos los elementos que la componen, percibiendo la textura de cada uno de ellos.

 CONTROL DE LA TOMA: Se dice que en un cuento todo lo superfluo sobra, que cada elemento que aparece en el cuento debe estar justificado. En fotografía pasa algo similar, la exposición de la imagen debe evitar todo elemento negativo y superfluo: pretiles, farolas, grúas… Debe destacar siempre el centro de interés sin que se vea empañado por elementos inútiles que nada aportan a la imagen.
Como en el cuento, hay que añadir al centro de interés solamente elementos que enriquezcan el objeto principal de la toma. Una foto artística debe mantener el equilibrio entre el objeto o personaje protagonista y los elementos u otros personajes que lo rodean y enriquecen

 ÁNGULOS DE TOMA: Igual que en la narrativa se busca un desarrollo apropiado para la historia, —unas veces lineal, otras redondo y en ocasiones in media res—, en fotografía hay que variar los ángulos de toma de una misma imagen hasta encontrar el ángulo que nos ofrezca una imagen más expresiva.
Entre esos ángulos de toma, hay que tratar de encontrar que la imagen tenga un espacio que sugiera una salida, el horizonte debe estar alineado en paralelo sobre la base del retrato, si el horizonte es marino y estuviera inclinado dará la sensación de que se escapa el agua. También es conveniente que nunca esté el horizonte ubicado en el centro de la foto, pues corremos el riesgo de que parezca que son dos fotografías diferentes. Es mejor que localicemos el horizonte o hacia arriba o hacia abajo del eje central.

 EQUILIBRIO: Como en un relato que describe un personaje o un espacio con solo aquellos detalles que puedan tener importancia para despertar en la mente del lector la imagen que el escritor quiere trasmitirnos —desechando explicaciones y datos vacuos que no aporten información necesaria—, en fotográfica la imagen también debe estar compensada, de tal modo que si el protagonismo se encuentra ubicado en un lado de la imagen, el resultado final debe ser la suma de todos los elementos que rellenan el espacio de la foto.

 BALANCE DE BLANCOS: El blanco es el enemigo de la fotografía, su abuso como el abuso de adjetivos superfluos en la literatura puede quemarnos una imagen.
 

 ARTÍSTICOS:

 COMPOSICIÓN: Si la poesía se construye a través de versos y estrofas y los relatos, de frases, párrafos, secuencias y capítulos, la fotografía se construye a través de lo que ha dado en llamar “Regla de los tercios” que no es más que la división de la superficie total de la foto en tercios trazando dos líneas imaginarias horizontales y otras dos verticales. Nueve espacios rectangulares que conforman cuatro puntos convergentes entre las supuestas líneas imaginarias que marcan esos tercios y es ahí en esos puntos imaginarios precisamente, donde debe ubicarse el centro de interés de la toma y donde debe paralizarse la marcha de los objetos o personas en movimiento, captando siempre el sentido de su dirección desde el fondo hacia delante, dejando el margen con mayor espacio al camino que resta por recorrer a esas personas.
Hay excepciones que confirman esta regla: por ejemplo fotos de ancianos u objetos en marcha lenta que, quizás, ofrezcan una mejor ubicación en el tercio opuesto, dejando la mayor parte del espacio vacío al camino ya recorrido. Simbolizan de este modo el poco trecho que les queda por recorrer en su devenir vital.
Esta ubicación es algo similar al tiempo verbal que emplean los narradores en los relatos literarios: presente o pasado dependiendo de la historia y los efectos que desean conseguir en el lector.
Es conveniente que los retratos y las figuras alargadas se fotografíen en vertical para darles una mayor perspectiva. En las composiciones lineales, las líneas es más acertado que se reflejen mediante una perspectiva oblicua que una horizontal o vertical y aún mejor darles una perspectiva curva y muchísimo mejor una combinación de líneas curvas y oblicuas.
 

 COLOR: Los escritores utilizan diferentes narradores para presentarnos las tramas que nos cuentan, unos con mayor verosimilitud o credibilidad, más directos; otros —los muy omniscientes—, ya casi en desuso, nos aportan una abundancia de datos que puede malograr la imagen que en todo lector debe suscitar el texto. En la fotografía ese papel lo asumen los colores, así el rojo es el REY de los tonos crematísticos fotográficos. No obstante aquí habría que recordar con modestia el dicho popular: “para gustos están los colores”. La belleza, entiendo, se encuentra en el equilibrio de tonalidades, en esa difícil armonía de la combinación de colores.
Como el diálogo se combina con la narración y aporta frescura, diversidad e interpretaciones directas de los protagonistas, en fotografía hay que mostrar, también, una armónica conjugación cromática, huyendo —en general— de la monotonía.

 LUZ: Si en la ambientación del espacio literario se afirma que hay castillos que piden un fantasma, callejones oscuros y solitarios que reclaman un crimen, en al fotografía esa ambientación de luces y sombras también nos ayuda a crear un ambiente fotográfico.
Entre sus técnicas es aconsejable no forzar la fotografía con exceso de luz, huir de los colores blancos cuando hay un exceso de luz, sobre todo en olas rompiendo y flores, ya que pueden llegar a “quemar” la imagen. Tampoco son recomendables las descompensaciones agresivas entre la luz y la sombra. Quizás las mejores horas para recrear una buena fotografía sean las del amanecer y las del anochecer de sombras alargadas y tonalidades suaves, de efectos compensados entre la claridad y la oscuridad.

 EMOTIVOS:

 Como todo relato una imagen debe motivarnos, en primer lugar debe trasmitirnos INTERÉS, debemos lograr que el lector entienda nuestro propósito, aquello que deseamos trasmitir y siempre en una buena foto, además de belleza debemos EMOCIONAR al lector para que fije, durante un tiempo su mirada en nuestra imagen.; relea, como en literatura, la metafóra para saborearla e interiorizarla.

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Actualizada el 28.04.12