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RITOS Y PREMONICIONES DE LA MUERTE EN LA CULTURA POPULAR GALLEGA.

Por Jr Varela

Introducción - Urco - Aire de Difunto - Almas en Pena - Santa Compaña - Amortajamiento - Velatorio - Entierro - Conclusión

INTRODUCCIÓN

De todas las explicaciones que he leído sobre qué diferencia al hombre de las demás especies vivas, la que más se ajusta a la realidad, desde mi punto de vista, es que todos los seres vivos -animales y plantas- se mueren y el hombre sabe que va a morir.
A lo largo de la evolución, todos los seres vivos, ajenos por completo a su propia identidad individualidad, han desarrollado en complicidad y enfrentamiento con su entorno natural, mecanismos que les garantizaran la supervivencia de sus propias especies.
El hombre en el progreso de su evolución descubrió dos nuevos elementos que trastocarían la vida de nuestra especie; la conciencia de su identidad como ser individual, único e irrepetible y, por otro lado, la certidumbre de la muerte. 
Y es esa certidumbre de la muerte, unida a esa conciencien de seres únicos, la que ha marcado, en todas las culturas, el simbolismo, los ritos, las premoniciones de la muerte e, incluso, la creencia en otra vida o la reencarnación.
Galicia, quizás por su atraso histórico, su aislamiento, o la dispersión geográfica de sus diminutos núcleos de población, ha llegado tarde a la modernidad y aún mantiene costumbres y ritos de la sociedad agrícola que en otras latitudes se perdieron bajo el peso de la industrialización, el pragmatismo de la sociedad de mercado y, sobre todo por la manipulación de los valores por los medios de comunicación. 
Hoy asistimos en Galicia, con la llegada tardía de la sociedad moderna, a la pérdida paulatina de esos ritos que creíamos eran difinitorios de nuestra cultura. Y sobre todo, desde la masificación de la televisión, con la consecuente pérdida de la tradición oral, la mayoría de los ritos comienzan a ser ya desconocidos para la inmensa mayoría de los jóvenes. Ya sólo quedan los ritos cristianos.
Comenzaremos la enumeración de premoniciones de la muerte, dejando a un lado aquellos que pertenecen más la cultura universal de la superstición como pueden ser: derramar sal o espejos rotos, para centrarnos, fundamentalmente, en aquellos otros, que son típicamente gallegos.
Asimismo, pasaremos por encima de otros muchos augurios comunes a otras culturas, como son los vuelos de lechuzas, mochuelos, cuervos u otras aves carnívoras sobre el tejado de las casas donde viven personas enfermas, los aullidos nocturnos de perros y lobos o el graznar de zorros e, incluso, el oír cantar a una gallina como si fuera un gallo.
Hay muchos otros que no tienen tampoco una trascendencia cultural, como es encontrarse con un entierro cuando los novios salen de casarse de una iglesia, si en un funeral se apagan los cirios, si se oye por la noche petar tres veces en la puerta sin que haya nadie llamando, ver un resplandor grande encima de la casa, olor muy profundo a cera...
En concreto hoy nos vamos a centrar exclusivamente en el AIRE DE DIFUNTO, el URCO y LA SANTA COMPAÑA, como augurios típicamente gallegos para luego proseguir con los ritos.
Antes de comenzar desearía dejar muy claro, que estas premoniciones y ritos son muy diversos, cambian de parroquia en parroquia, llegando incluso, a ser contradictorios unos con otros, pero como de lo que aquí se trata es hacer una aproximación a esa realidad, mostraremos sólo una versión de cada uno de ellos, quien esté interesado en profundizar puede leer el estudio recogido en el libro de Elisardo Becoña "La Santa Compaña, el Urco y los Muertos". 
La versión que aquí ofrecemos es tan válida como cualquier otra, ni mejor ni peor, simplemente puede que haya otras diferentes, pero todas ellas tienen un mismo substrato y un mismo origen.

EL URCO

Hay varias versiones del significado del urco, en algunas zonas dicen que el urco representa la muerte misma, otras que su representación es la del otro mundo, el mundo de las ánimas, lo que equivaldría a decir que encontrarse con él, es estar ya muerto. Otros lo identifican con el "Can Cerbero", el guardián de los infiernos, ligado a Hércules y su viejo culto en las tierras gallegas. En otras versiones, el urco no es sino el can que acompaña en su deambular errante a la Santa Compaña, pero con ligeras diferencias el urco tiene en la cultura popular gallega mucho que ver con las premoniciones de la muerte. Se le ha ligado en ocasiones con las malas meigas, como el guardián de sus cuevas.
Así, entre las varias creencias en el URCO, la más extendida se refiere a un perro grande, inmortal, de color totalmente negro, sus grandes orejas colgantes caían por sus costados y junto a ellas nacían dos protuberancias en forma de pequeños cuernos y arrastraba por el suelo su largo rabo mientras caminaba. Aunque hay quien lo representa como una serpiente, símbolo de mal y de la tierra que devora a los hombres, o tan sólo con la cabeza de este oficio.
Este animal de aspecto horrible se presentaba siempre por al noche, los días de bruma o niebla para que su imagen entre las sombras, diera verdadera repugnancia. Atraía a los incautos con su aullido. Aseguraban que encontrarse con él en plena noche era premonición de la muerte segura de un ser querido o el presagio de la muerte propia., era uno de los más claros augurios de la muerte. 
Con el devenir del tiempo, el urco ha pasado de esa cultura popular de la muerte a ser parte de esa otra cultura donde se espantas nuestros propios fantasmas: el carnaval, y desde 1876 es el protagonista de los Carnavales de Pontevedra.
En algunas aldeas de la Costa de la Muerte, se identifica al urco con los ángeles y los demonios; así un urco blanco, de vello sedoso y mirada tierna, representaría al ángel de la guarda y el otro, horrendo y negro, sería el demonio.



EL AIRE DE DIFUNTO.

En este apartado seré muy breve, porque breve es su significado, el aire de difunto viene a ser, más o menos, la colonización de un cuerpo vivo por el alma de un difunto. 
Normalmente el aire de difunto se instala en el cuerpo de un niño, e incluso, en un feto que se está desarrollando en el vientre de su madre.
En estos casos es el contagio de una enfermedad que le difunto trasmite al vivo para que se repare algún mal que se le ha hecho al muerto. Como puede ser el desatender sus últimas voluntades, el no haberlo enterrado como debían...
En algunos casos, como veremos más adelante, cuando hablemos del rito de los enterramientos, veremos que puede trasmitirse a través de los animales domésticos.
Existen varias formas de curarlo, hay mujeres especializadas en ese tipo de sanaciones, e incluso, ritos curación, como puede ser el acudir solos al cementerio a medianoche a pedir perdón al difunto que nos traspasó su aire.



ALMAS EN PENA

La Santa Compaña o quizás, deberíamos decir, las almas en pena, en todas sus variantes, son el más genuino de los aportes de la tradición gallega a la cultura de la muerte. Aún hoy si nos ganamos la confianza de algún anciano, es muy probable que nos confíe haberlas visto en su juventud. 
La tradición de las almas en pena está extendida por todos los rincones de Galicia, probablemente como herencia de las culturas de neolítico, hoy con versiones cristianizadas, en cada parroquia se cree o se vive de un modo diferente esta tradición cultural. Hay que aclarar en este punto que la parroquia es el núcleo de población más extendido por la geografía gallega.
En esta aproximación a las almas en pena, vamos a dar una única versión de estas creencias, aclarando que hay muchas diferencias de unas parroquias a otras, incluso versiones contradictorias, pero como lo que tratamos aquí es una simple aproximación a esas creencias, bastará con que nos fijemos en una sola de sus interpretaciones.
Hay dos tipos de almas en pena, las que vagan solitarias y las que lo hacen en grupo.
Las solitarias reciben entre otros el nombre de "ESTADEA" "ESTANTINGA" "ANTARUXADA", de las que lo hacen en grupo destaca, sobre todas ellas la SANTA COMPAÑA, aunque en algunos lugares se le conozca como HOSTE o incluso, "estadea".

ALMAS SOLITARIAS

En general las almas que vagan errantes por los senderos de Galicia, son almas de personas que murieron violentamente, o que murieron jóvenes y dejaron en esta vida temas pendientes.
En contra de lo que pueda parecer, las almas en pena que vagan en solitario no tienen porque ser de mal augurio. Hay almas errantes que vuelven para cuidar de los enfermos de su familia, o madres que se presentan cada mañana ante sus hijos para lavarlos y peinarlos, sin que los niños, que la reconocen, tengan ningún miedo de convivir con su madre difunta, también se presentan para pedir a su familia que realicen alguna promesa no cumplida, para restituir algún mal hecho en vida, para obligar a cumplir sus últimas voluntades, por venganza de algún mal provocado al difunto, para exigir las "misas" necesarias...
Visten todas esas almas errantes con túnicas blancas, se presentan a familiares o vagan por los caminos en la noche profunda, normalmente se las representa como personas muy altas y delgadas, y para romper su influjo hay que romperles el hábito, debe hacerse siempre por detrás y de abajo arriba.
Normalmente el verlas no es premonitorio de una muerte, generalmente son almas que están pidiendo ayuda y aunque asustan enormemente a quienes se las encuentran, no suelen hacerles daño. 


LA SANTA COMPAÑA

La Santa Compaña tiene una relación directa en las formas con estas otras almas solitarias, pero con características muy diferentes. 
La Santa Compaña vagan en grupo, son almas del purgatorio, aquí deberíamos aclarar que toda referencia al cristianismo, son "modernidades" impuestas por la iglesia y que, muy probablemente, antes tuvieran otra simbología. 
La Santa Compaña la componen un mínimo de cinco almas en pena, cada una de ellas porta un elemento diferente, una cruz, un estandarte, un caldero de agua, un candil o una tea ardiendo y una campanilla. Normalmente uno de sus miembros será cojo, y en muchos casos les acompaña un perro, el urco. Además siempre irá al frente conduciendo la procesión un ser vivo, un paisano de la aldea que conoce dónde viven las personas que ellos buscan. 
Este ser vivo, desconoce que está siendo utilizado por la Santa Compaña, normalmente él porta la cruz que abre el acompañamiento y será hombre o mujer, dependiendo del género que tenga el patrón de la parroquia. A los doce de la noche este vivo debe presentarse en la puerta de la iglesia para abrir la comitiva de la Santa Compaña y aunque viaje lejos del lugar, su alma se desprende del cuerpo y se presenta allí. Se sabe quienes son estos condenados a vagar con la Compaña, porque se ponen flacos, con grandes ojeras por estar privado del descanso y sólo puede librarse de esta maldición, si en su peregrinar encuentra a otra persona y le acepta coger la cruz que él porta.
Ver la Santa Compaña es tener la seguridad de que va a morir una persona cercana, incluso, a veces, puede ver el entierro, en ocasiones se puede reconocer a la persona que va a morir porque va detrás de la compaña portando un cirio más pequeño. 
Aquí aclararemos que los cirios de la Santa Compaña no son de cera, están hechos de huesos de difuntos.
La procesión es guiada hasta la casa de próximo difunto, le ofrecerán una vela y volverán al día siguiente a recogerla, es decir, al día siguiente estará muerto. En algunas parroquias dicen que para no coger el cirio y que se marchen sin hacerte nada, debe trazarse en el suelo un circulo y dentro de él, un pentáculo, ese es el único modo de alejarlos.

LA CREENCIA
Estas creencias se acomodan a situaciones muy determinantes y que conviene conocer, puede creerse en ellas o no, pero hay que admitir que están basadas en razonamientos concretos. 
Para la existencia de que una creencia esté tan extendida en una comunidad tan amplia como la gallega, debemos comprender sus motivos:

LA CULTURA:
La cultura gallega ha vivido desde siempre muy apareada con la muerte, el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, aunque antagónicos y excluyentes tienen puntos de encuentro, hilos imperceptibles que los une, algunos de ellos son estas apariciones y desde muy niños se nos enseña a vivir en esas creencias, nuestros padres, nuestros abuelos, personas de total confianza, la han visto en alguna ocasión y desde la más tierna infancia se comienza a asumir como elemento cultura que inconscientemente se interioriza. Con el paso de los años, en la edad adulta puede uno replanteárselo y estaremos de acuerdo que la decisión más sencilla es aceptar su existencia, con la misma fe que se aceptan otros dogmas religiosos. El negarlo es dejar atrás muchos años en la nada y eso es algo que necesita valor, un valor que poco personas pueden aceptar. algo similar a lo que ocurre con la fe cristiana.
Dicho con un ejemplo, estas creencias no es como creer en los Reyes Magos, que en la adolescencia que aclaran que no existen, esta creencia es como la de creer en Dios, un acto de fe. Y fe es creer lo que no vemos.

EL MEDIO:
La dispersión geográfica, el aislamiento de sus aldeas, los accidentes geográficos que nos privan de grandes horizontes, las corredoiras (caminos angostos rodeados de vegetación donde sólo cabe una persona) las lluvias pertinaces, la oscuridad, el candil o la linterna que con su vaivén dibuja sombras fantasmagóricas entre la vegetación y refleja destello en las piedras graníticas, un medio rural o marinero sin contactos -hasta hace unos pocos años- con otras culturas... 
A través de la historia de la humanidad, el hombre, todos los homínidos en general, siempre ha temido a la noche, nuestros antepasados, tras abandonar los árboles se refugiaban en cuevas, en chozas y en los últimos siglos en casas que se cierran a cal y canto con la llegada de las sombras. La noche siempre ha simbolizado la muerte, esa parte del día en que no "vivimos" y descansamos. La medianoche hora en que se presenta la Compaña, es el vértice entre un día y otro, el momento propicio para ese encuentro entre los vivos y los muertos, el momento adecuado para dar el paso solemne entre la vida y la muerte. 
La noche cubre de sombras el campo cuando la luna se renueva, sólo las estrellas brillan tímidamente en el firmamento y el hombre necesita alumbrarse, su tea, su farol o candil produce sombras fantasmales, luces indescifrables que llenan de temor al hombre que camina solitario.
Galicia es tierra de nieblas y brumas marinas, tanto en el mundo rural como el mundo marinero se ve teñido de esa opaca cortina que puede producir visiones y ensoñaciones de seres desconocidos. La noche cerrada, la luz de un candil en un camino estrecho ocupado por la niebla o las brumas, es un escenario recurrente para las novelas y los filmes de misterio y terror. Si en la ficción para emocionarnos se recurre a ese espacio, imaginemos lo que tiene que emocionar el vivirlo en la realidad. Sólo el que ha vagado solitario en noche cerrada por una corredoria, alumbrándose de un candil o una tea puede comprender esas sensaciones que producen los ruidos desconocidos, el ronroneo de un arroyo, el silbido del viento, acompañados de esas sombras fantasmales que nos acompañan en el largo deambular por los caminos.

LA PERSONA:
Siempre, salvo algunas excepciones, la Santa Compaña es vista por una sola persona, aunque en ocasiones también puede ser vista por un grupo, jóvenes que vuelven de una romería, cantando para disimular su temor, han sido testigos de esas visiones, pensar que el miedo se contagia. Son gentes que desde niños conocen la existencia de la Compaña, que forma parte de sus costumbres y sus símbolos, es normal que cuando en la noche cerrada vea unas luces, las verá fugazmente, porque el miedo le hará huir despavorido del lugar, la imaginación hará el resto y no debe extrañarnos que las asocien con su mundo, despierte sus temores y lleguen a ver y convencerse de cosas que no son. Hay otros que afirman haberse acercado para ver mejor a la Compaña, pero... 
Es curioso como cambian las costumbres, Hoy hay gentes que mofan de esas creencias, la cultura que trasmiten los medios de comunicación son otras, e igual que en Galicia veían a la Santa Compaña, muchos de los que se ríen de esas creencias, ven y creen en ovnis o extraterrestres.



En cuanto al ritual de la muerte vamos a examinar solamente las tres etapas. AMORTAJAMIENTO, VELATORIO Y ENTIERRO. El tema de los ritos da para mucho más, sirva de muestra que el muerto seguía presente mientras viva su familia. En Navidad, por ejemplo, se disponía en la mesa el sitio del cabeza de familia muerto, o se le reservaba una barra de pan.

AMORTAJAMIENTO:
Hasta bien entrado el siglo XX en muchas aldeas gallegas, los muertos iban envueltos en una sábana o sudario (Debajo llevaban: camisa y calzoncillo los hombres, y camisa, saya y medias las mujeres) quizás por eso las almas en pena que se encontraban vagando errantes en la noche, iban vestidas con túnicas blancas.
Normalmente, además de las medidas que se daban en el resto de lugares como atar un pañuelo desde la barbilla a la cabeza para cerrarle la boca, en Galicia se lavaba en cuerpo y se afeitaba al difunto, además se le taponaban los orificios nasales para evitar que el alma retornara a su cuerpo.
En algunos lugares se colocaba sobre el cadáver unas tijeras, un trozo de hierro, una plato con sal y un peine. Las tijeras tenían como finalidad que no se propagara la gangrena, el hierro para que no se hinchara el cuerpo, la sal para ahuyentar los malos espíritus (el demonio). El peine está más relacionado con el simbolismo funerario, ya que el pelo se guardaba después de peinarse entre los huecos de las paredes de la casa, porque después vendrían las almas a recogerlo.

VELATORIO
En muchas parroquias el velatorio se hacia en la propia iglesia, se le llevaba desde su casa hasta la iglesia en un "escano" una especie de parihuela de madera y desde allí al cementerio. 
Cuando había un muerto en una aldea, ya fuera el velatorio en su casa o en la iglesia, acudían la totalidad de los vecinos a velar el cadáver, en núcleos de población más habitados, sólo acudían conocidos o allegados. La costumbre era que mientras las mujeres rezaban, los hombres ocupaban la cocina y se les servía aguardiente, luego se cenaba copiosamente y para pasar la noche se hacían juegos y pasatiempos.
Hasta el último cuarto del siglo XX las viudas llevaban luto de por vida, el resto de los familiares tras el luto, que duraba años, pasaban al alivio antes de vestir de color. Referir que las mujeres en la Costa de Muerte hasta hace muy poco, iban de luto casi de por vida, primero era el abuelo, el padre, el marido, los hijos y si le daban tiempo, los nietos Se le lloraba al muerto y en función del poder económico de la familia se contrataba a choronas (plañideras) algunas alcanzaron gran fama, como la de Cangas. 

EL ENTIERRO
El cadáver debe salir con los pies por delante e ir en esa posición hasta llegar al cementerio y mientras se celebra la conducción cerraran todos los comercios y bares, y las campanas de la iglesia tañerán a muerto.
Para evitar el "Aire del Difunto" hay que sacar los animales de las cuadras, nadie permanecerá en cama o será presagio de una muerte cercana, los niños deben ver al cadáver desde arriba para no corren el riesgo de coger el "Aire"
El orden de la comitiva tiene la peculiaridad de que los que van delante en el desfile del entierro son los animales.
Al salir el cadáver de casa es cuando el "pranto" de las plañideras debe ser más sonoro y la familia gritará desesperada por la pérdida.
Si es muerto fuera joven, conviene llevar música en la conducción y en algunos lugares, cuando se acercaban al cementerio, los amigos que portaban el ataúd, al ritmo de la música daban tres pasos adelante y dos atrás, era una forma de prolongar al amigo en el mundo de los vivos.



CONCLUSIÓN 

A lo largo de la historia, desde el neolítico al siglo XX la cultura gallega ha sufrido muchas influencias extrañas a sus orígenes, esa tierra que los griegos bautizaron como EL PAÍS DE LOS MUERTOS, fue colonizada por romanos, cristianizada, reino de suevos y visigodos, invadida por el Islam, de nuevo cristiana, asturiana, leonesa, castellana y española, invadida por normandos, vikingos y por los franceses guiados por los vientos de la ilustración, ha mantenido durante todos esos miles de años unas costumbres ancestrales, adaptándolas a cada nuevo tiempo sin perder su genuina personalidad, sin embargo, han bastado veinticinco años, veinticinco miserables años, el último cuarto de siglo, para que la televisión con su cultura uniformadora, haya diluido en la ignorancia y el desconocimiento lo que ninguna cultura había logrado jamás.

 

Textos de: José Ramón Varela  


Actualizada 21.05.05

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