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      PLANCHAS MASÓNICAS 

 

 

 

LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD

 

La distancia borra los colores de los recuerdos, y ante una pantalla, que como el recuerdo, también es en blanco y negro, un espectador absorto, un niño, con pantalón corto, sentado en el suelo, vive ajeno a su propio proceso de moldeación. Las imágenes que ve, quedan grabadas con un puntiagudo cincel, amartillado por la fuerza de la emoción con que las vive.
Sólo luz sin color, pero eso no es obstáculo para que nuestro pequeño espectador perciba la escena con todos sus sentidos, y así ve los colores, el rojo de la sangre y del fuego, el negro de la boca desdentada de una mujer vestida con sucios y harapientos ropajes. También paladea el sabor amargo del odio con que se alimenta la protagonista, y hasta las sienes sube el olor de la ira de la jauría humana que la seguía.
Del odio más negro y profundo, brotaba una voz, aquella mujer escupía un grito por su boca: ¡Libertad, Igualdad y Fraternidad!
Era la primera vez que aquel niño escuchaba esa frase, ya, indisolublemente unida a lo que vio y vivió. 
Las contradicciones borboteaban en su mente. Aquello no tenía mucho sentido. ¿Libertad?... Sí que parecía que iba a sacar a alguien de una mazmorra o de un calabozo, pero… también a meter a otros. ¿Igualdad?... Desde luego desigualdad si que había, pero… tampoco parecía que a partir de ahora fuesen a ser todos iguales. Y ¿Fraternidad?... Si ya había sido difícil razonar Libertad e Igualdad en aquél contexto, la Fraternidad se sentía incapaz de encajarla, ni siquiera imaginarla, en aquella situación.
No pasó mucho tiempo y aquel niño no tardó en aprender que un país adopto aquella frase como consigna nacional. También aprendió que algunas personas, bajo el amparo de ese lema, adoptaban actitudes tan difíciles de cuadrar en esos principios como la de la mismísima protagonista de sus recuerdos.
Ahora, ya ha pasado mucho tiempo, ese niño creció y vivió, ahora es aprendiz francmasón, y hoy está aquí, para hablar ante sus hermanos de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Pero como no quiere, tampoco puede, filosofar sobre la universalidad de eso principios, o tampoco sabría decir nada sobre la idea que nuestros hermanos vecinos quieren vivir tras su lema nacional, ni siquiera se atrevería a decir nada nuevo sobre los ideales francmasónicos que se esconden tras la aclamación escocesa, y sobre todo, que sabe que cada uno puede interpretar esa frase según sus circunstancias, sus miedos, sus anhelos, su ilusiones, su vida, y toda interpretación puede ser adecuada, él sólo puede hablar según sus experiencias, así que… de aquel recuerdo en blanco y negro, al presente.
Ya, en primera persona, sólo puedo hablar de lo que mi anhelo desea vivir tras esos principios, y lo desea para mí y para todos mis hermanos. 

Fraternidad:
No pretendo descubrir nada diciendo que es una actitud, y actitud implica acto. Ese acto es una entrega, un entregarse, una acción entregada al hermano, con las manos abiertas, con el corazón abierto, con los ojos cerrados, completo y desde el hondón del corazón, sin ser selectivo con el prójimo y sin esperar nada a cambio. Una entrega desde el corazón, en lo que estés compartiendo con él. Ya lo dijo Jesús, y no lo puedo decir mejor: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado. Ama al prójimo como a ti mismo". Eso, es Fraternidad y está inscrito en el nombre de esta R.·.L.·. y excelentemente practicado por los hermanos de este taller.

Igualdad:
"Todos los hombres son iguales ante la ley, sin distinción de raza, credo o sexo", reza algún párrafo en todas las Constituciones modernas. Eso está bien para la ley del hombre, y así tiene que ser para conseguir una buena convivencia. Para vivir en convivencia hacen falta leyes.
Tal vez, esa ley sea consecuencia de la actitud general de la sociedad, que es vivir la igualdad de forma mental. Las mujeres reclaman la igualdad de los sexos. Los jóvenes quieren ser iguales que sus ídolos. La moda nos iguala, nos unifica. Desde los medios de comunicación se nos imponen formas de pensar, de creer, de ser correctos o de no serlo. Apenas hay diferencia entre los partidos políticos de izquierda o de derecha. Incluso el que se sale de las normas, por cualquier extremo, es tachado con cualquier adjetivo con fin de memos preciarlo, y así seguir manteniendo una actitud general igual o uniforme. La ley nos unifica ante los derechos y deberes, pero esa nos es la Igualdad que me interesa.
Alguien dijo una vez: "Nacemos únicos, y morimos como malas copias". Reivindico la desigualdad, la diferencia de modos, de color, de sabor, de formas de pensar, de ideas, de actitudes y aptitudes, de expresarse y de replegarse, de dar y tomar, de formas de ser y de vivir.
En definitiva reclamo la desigualdad en Existencia y… reclamo la Igualdad en Esencia. Este verano asistí a una conferencia, en la que la ponente, una chamana mejicana, ante una pregunta, respondía así: "Si ves a Dios en la otra persona, no te consideras ni más, ni menos". Eso, es Igualdad. La Igualdad que me gustaría que todos conociésemos.

Libertad:
La Libertad se siente, se vive, no se piensa. Mientras que para los otros valores si recuerdo alguna frase que los apunta, para éste, no puedo recurrir a ninguna. Sólo puedo hablar de experiencia, mía o imaginada.
Libertad es lo que vive el reo, después de plantarse en la calle, y con los ojos cerrados dejar que el aire inunde sus pulmones.
Libertad es sentir el viento en la cara, a los mandos de ti mismo, sobre una veloz cabalgadura, o en la cima de una montaña, brisa que limpia la mente de las cotidianas prisiones.
Libertad es vivir el descanso que una madre siente, al dejarse caer en su sillón, después de haber acostado a sus pequeños hijos al final del día.
Libertad es respirar cada poro de tu Amanda.
Libertad en decir NO!, desde lo más profundo de ti, cuando todos esperaban un habitual sí.
Libertad es decir SI, desde lo más profundo de ti, sin miedo, cuando el ambiente general es un pasivo no.
Libertad es sentir que decido.
Libertad es cerrar una puerta tras de ti al cumplir una etapa.
Me siento joven y sé que en lo que me resta de vida viviré muchas nuevas experiencias de las que pueda decir "Es Libertad". Todo, todo eso y mucho más es Libertad.
Pero ¡Ahí de mi!, ¡Ahí de mí! Hermano, por que una voz en mi interior me dice: "¡Qué Libertad es esa libertad ,en la que tan sólo, Todo eso es libertad¡"

Donde esa Libertad que anhelo, es desde la que sé que nos reconoceremos iguales y desde la que sólo podremos actuar fraternales.

   

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Actualizada el 21.12.05