INSOMNIOS, 

PESADILLAS Y DESPERTARES

 

Estas narraciones son una recopilación de mis escritos mañaneros en el foro de poesía:

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Son soliloquios, monólogos personales donde se abordan diferentes pensamientos sobre el amor, la amistad y el resto de las emociones que nos definen como humanos.

PRIMERA FASE

SEGUNDA FASE

TERCERA FASE

CUARTA FASE

QUINTA FASE

SEXTA FASE

 

I - FASE

Que negra está la noche y que pastosos percibo sus silencios. Afuera llueve, lluvia pertinaz que acompasa mis soledades. A la luz del día que ahora se resiste a morir, sin nocturnidad, pero con alevosía, alguien hurtó mis bostezos, los busco desesperado para poner fin a esta larga noche de silencios. Inútil búsqueda, mis cajones de la memoria están repletos de recuerdos, recuerdos de ayer mezclados con deseos de mañana.

Gira mi cuerpo entre las sábanas sin encontrar acomodo a mi alma, los ecos de los silencios resbalan por mi pijama, cansado de dar vueltas a la loca noria de mi mente, acomodo mis pies en el suelo, arrojo a la basura las legañas y caliento un café para que me acompañe en la velada.

Podría encender la radio o huir por el cristal de la ventana que tengo en mi sala, ese infernal aparato desde donde veo el mundo en cada telediario, ese mundo anónimo de desgracias. Desgracias que hoy me hacen gracia, porque en la inmensidad del fondo de mis entrañas está a punto de estallar la mayor de las batallas,  el más cruel de los infortunios, y no será una estúpida guerra, ni un volcán que arrase con su lava mis miserias, ni tan siquiera, será esa, hoy tan  socorrida, marea negra que inunda de muerte las costas de mi existencia. No, mi infortunio será silencioso, vendrá en esta noche negra, de pastosos silencios y con ese rumor de la lluvia afuera.

Quizás venga disfrazo de fantasma, esos que nos aterrorizan con aullidos de poeta o quizás, venga envuelto en una pesadilla que me atormente con abstractos y terroríficos sueños donde te persigue la soberbia para destriparte y tu paralizado de terror, te frenas en esa huida hacia el vacío o quizás, si tengo fortuna, me llegue estando despierto en esta noche de vela, vestido de angustias y ornado de desasosiegos.

¡Ay! Este insomnio que me embrutece de desganas, me roba las esperanzas y me dilata eternamente esta noche larga. Y pienso. Y medito sin encontrar respuestas. Cavilo tratando de encontrar el camino, ese desvío oscuro donde ella me dejó perdido. Tal vez sería mejor sentarme en la vereda y esperar a que ella desande lo andado y vuelva a retornar por el mismo camino.

Sí, decididamente aquí me siento, en esta butaca donde de día leo y que esta noche es el aposento donde sueño. Me amistaré con mi insomnio, me armaré con los silencios pastosos y esta noche negra será mi aliada, o mejor me voy a dar un paseo, caminare por calles desiertas, me acercaré al mar, a ese rincón que añoro, ese balcón frente al mar donde se reflejan las estrellas y nunca me encuentro solo, mi “Peine del Viento”, allí juntos los tres, el cielo negro, la mar brava y yo, te esperaremos. 

II

Hoy soñé placentero, soñé que una dama velaba mis sueños, soñé que me arropaba con un beso, soñé con su mirada teñida de ternuras y sus manos ¡ay sus manos! resbalan sus yemas rozando mi espalda mientras sus labios se acunaban en mis párpados velando mi mirada.

Oía el rítmico sonido acompasado de sus gemidos mientras sus manos descendían por mi ombligo, se acercaban taciturnas en busca de mi hombría, mi piel se estremecía anunciando la llegada de tu boca a mi inhiesta bandera, allí su beso provocó fuegos, provocó cantos, provoco fuentes blancas de fluidos recios y yo, caí rendido en un largo sueño.

Hoy no hubo insomnio, ni noche larga, ni vi llover a través de los cristales de mi ventana, Hoy un coro de ángeles meció mi sueños y con salmos me anunciaron el alba. Hoy soñé que ella también me amaba, que ella a mi lado descansaba, hoy soñé como sueñan los hombres, CON SU AMADA.

III

Me calzaré tu abrazo sobre el lomo de mis miserias, lo arrastraré por el sendero pedregoso de la existencia y cuando llegue a alguna perdida taberna, una de esas donde entre copas de aguardiente, el canto ronco de los marinos y las lágrimas de alguna guitarra, el pueblo llora a coro sus desgracias, yo mostraré orgullos tu belleza, ese alma rebelde que llevas por bandera, esos ojos que escupen miradas de tristeza, esa boca que me besa y esos manos con que me abrazas.

Suelo caminar sin alforjas, eran tan pesadas, tantos los recuerdos que en ellas portaba en una noche de borrachera las deje en prenda en un burdel de carretera. Ahora que ya no me acompañan las evocaciones, que desnudo camino sin ruta ni destino, ahora que ya no estaba perdido, porque no tengo bitácora que marque mi rumbo ni faro que me guíe entre las brumas, ni puerto donde recalar quisiera. Ahora que tengo tu abrazo y tu sonrisa, ahora creo en la diosa fortuna, amiga mía. 

IV

BUENOS DÍAS: Silencio que siempre me acompañas, hoy mi noche también fue larga, tan larga como el beso de despedida que en mi labios se aparca cuando al acostarte siempre me regalas.

Hoy el insomnio no fue mi tortura, ni me agité entre las sabanas, hoy fui mecido con tus palabras y mi mente borracha de fantasías me trasportó hasta aquel rincón nuestro donde descansan nuestros sueños, mi casita y tu cabaña, mi playa vista desde la ventana y tu jardín de montaña.

Y soñé que te soñaba, con aquel jardín sombrío donde nos refugiamos en el estío, con aquellos otoños húmedos y lluvioso encerrados en nuestra casa, con aquellas gotas de lluvia que resbalan por los cristales de nuestra ventana, y con aquellas cálidas primaveras en que asidos de la mano, al anochecer, paseábamos por la playa.

Pero entre todos esos recuerdos el que más me ocupaba, fue el de aquella tarde de invierno en que desfloramos nuestras almas. Allí,  desnuda tú, desnudo yo, sentados sobre la alfombra de la sala, al calor del fuego que mudo y crepitante ardía en la chimenea, yo leía cobijado a tu lado bajo una manta, tu tatareabas un canto suave y fue sólo un instante en que quedaron petrificadas nuestras miradas, te acercaste lentamente a posar tus labios en el nido de mi boca, te abracé y sentí el duro tacto de tus senos apretando mi pecho, tus mulos abrazando mi cintura y el cielo quebrándose en mil pedazos que caían como copos blancos en la cueva donde atesoras tu más preciado secreto.

Aún tus gemidos siguen aparcados en mi oído, tu aroma sigue embriagándome de olores íntimos y tu sabor, esa agua que emanaba de tus emociones, ese néctar que libé con mi lengua se mantiene intacto en mi garganta.

Pero la noche fue muriendo y una tímida luz anunció desde fuera de mi ventana que era hora de ejecutar los sueños y enfrentarse a la batalla, heme aquí, resistiendo, negándome a abandonar tu sueño, batallando contra las luces y los ecos, esos ecos de la envidia y de los celos, voces ajenas a nuestro silencio que intentan destruirlo, romperlo.

No digas nada, deja que la luz te inunde y que de tus ojos se viertan lágrimas cargadas de amorosas miradas, permite que tus manos se truequen en alas, y tu cuerpo sea tan sutil como cuando me amabas, así volarás a mi encuentro, anidando a mi costado y retornemos juntos a caminar por el sendero que nos conduce a aquel claro del bosque donde nos encontramos, volveré a desvestirte y entre los claroscuros, acomodados en un lecho de flores, dormir los dos abrazados.   

V

Esta despedida no la rescate de ningún hueco fingido y es una contestación a tu discurso, es un simple adiós al día que muere lánguido entre las penumbras de la noche, de esta noche que ya es vieja, que amenaza con morir de un suspiro dando entrada a una nueva mañana de grises lloviznas y grises cantos de alboradas.

Es un adiós a los viejos recuerdos. A los sueños que tuve despierto, a los bellos momentos donde ajeno a mi realidad me deje acunar por unos versos.

Yo nunca tuve gatos a los que encerrar en mi encierro, ni tuve frío que entrara invasor por mi ventana, ni jamás se me hizo tarde porque desterré el reloj desde niño. Mi soledad fue la compañera de mis estíos, el frío brota de los gélidos ojos donde nace mi acerada mirada y el tiempo debe ser un concepto que perdí en aquellas eternidades donde me perdí buscándote.

Y ahora que te veo, que te desnudo el alma, que ya no tienes gato, quiero desterrar tu frió y es el tiempo lo que me embarga, quiero detenerlo, quiero que cada instante sea un infinito momento donde tu y yo, tus ojos y mi mirada, tus manos y mis caricias, tu cuerpo y mi alma, se fundan en una eterna comparsa.

El leve zig zag de tu cabeza, ese negativo balanceo con que me niegas esta esperanza, ese NO quedo y susurrante con que respondes a mi demanda, es... para que negarnos, como un gato que se escapa, como un frío que los huesos me cala, como un tiempo que porto en mis espaldas, es... el infierno a donde me mandas. 

 VI

Buenos días Silencio amigo, compañero inseparable de mis mañanas. Hoy desperté entre soles nuevos que viajan desde oriente para llegar puntuales a su cita de este día en que se consume mi tiempo devorando horas muertas en tu ausencia.

Este sol que hoy destierra las penitentes lluvias que me han acompañado días pasados, me trae un mensaje de esperanzas, es un guiño cómplice casi imperceptible, un abrazo cálido que me empuja a desear, aún más, tus abrazos, un beso tierno que alimente mis sueños.

Hoy, de nuevo, pasearé mis fantasías adolescentes por la orilla del mar, por esa playa que las mareas han teñido de negro, sembrando desolación y mientras agache mi lomo recogiendo trozos dispersos de muerte prometeré a mi alma que lucharé, lucharé por desterrar negros presentimientos sembrando vivas ilusiones de un próximo encuentro de tu cuerpo con mi cuerpo, de tu alma con mi alma, de tus besos con mi deseo.

Este frío sol de invierno me recuerda tu mirada triste, vacía de sueños por esta vida de hastíos, de hipócritas lazos, de falsos encantos. Pero su calor tímido me alimenta el deseo de no caer rendido y me anima a luchar por tus mimos.

Mi Silencio quiero ser tu hombre y tu niño, protegerte en el desatino y acurrucarme en tu regazo en el tiempo de los cariños, quisiera raptarte de esa vida que te esclaviza y huir juntos muy lejos, lejos del pasado, lejos de tus recuerdos heridos, lejos de la monotonía que te atrapa en la noria del vacío.

Ven amor, ven mi silencio que quiero morir contigo. 

 VII

BUENOS DIAS: Como cada mañana, fiel a mi cita, saludo al día, a este día que nace conmigo, dejo la vigilia enredada con el pijama bajo la almohada, abro las ventanas de mi mirada y entre los cajones del armario busco una sonrisa, hoy quiero vestirme la más bonita, una sonrisa franca que me acompañe durante todo la jornada.

El café con que me desayuno lo endulzo con tu memoria, lo revuelvo una  y otra vez en la taza para que tu recuerdo lo impregne desterrando su amargor y quede tu sabor en las papilas de mi boca.

Lavo mis legañas con esperanzas y mis dientes lo cepillo con la blancura de tu sonrisa, me aseo, me visto mis viejos pantalones, la camiseta que un día me traje de América y me embozo bajo la chupa para guardar, sin que escape de mi cuerpo, el calor que me diste aquella noche en que mi almohada fueron tus senos y tus muslos mi sábana.

El día me espera fuera, entre las aceras de mi calle, me acompaña en mi paseo por la ribera del río hasta llegar a la playa, quiero otear el mar, hoy está bravío, está teñido de negro, de negro veneno y pienso porqué no desteñirlo con la blancura de tu alma, aplacar las olas con tu sonrisa y el canto de tu voz susurrándoles una nana. El mar es como una niña, caprichosa como tú, que a veces te muestras tan sosegada cuando entre mis brazos te acurrucas y otras veces, en que la ira te embarga, vociferas rebelde y agitada.

Dime ALMA MIA, por qué me recuerda este mar a tu mirada, por qué su presencia me calma y me transporta el pensamiento hasta tu cama.

El cielo de esta mañana es un lienzo de variados colores, entre grises lánguidos bordeados de blancos algodones, se asoma tímido un azul que despierta mis ilusiones. La música la ejecutan los coches, agitados movimientos entre bemoles, y los gritos de los niños que alegres juegan en los parques, y el silencio de esos ancianos sentados frente al mar viendo como zarpan hacia el horizonte sus últimos días, resistiéndose entre evocaciones.

Yo continuo mi camino ajeno al mundo que me rodea, con mi sonrisa de estrenos, con mis pantalones viejos, aquella camiseta que traje de América y el calor de tu cuerpo, vivo ajeno al mundo para centrarme en ti, mi Silencio

 VIII

BUENOS DÍAS: Hoy no te he escrito ALMA MIA, quedó quebrado mi silencio empujando por la monotonía de la vida, hoy es sábado y mi estancia se llena de ruidos, ruidos ajenos que ajan el brillo del cristal del espejo donde te miro.

Hoy el rumor del mar se apagó, enterrado entre rugidos de fieras, tiembla la llama del cirio donde contamos los días que nos faltan, eso días eternos que restan para nuestro encuentro, tiembla la llama y tiembla mi alma, el temor a que el soplo de las tormentas la apague y una mañana al despertar solo encuentre humo, amordaza mi garganta, envilece mis sentires.

Suelo al despertar en asir tus manos, en pasear a tu lado en silencio, dejando que hablen las miradas y se dibujen sonrisas en tu cara, sonrisas que me inviten a invadir tu boca con mi boca, a invadir tu cuerpo con mi cuerpo en eterna fusión de dos almas.

Me interrogo que dibujos manaran en tu rostro en ese instante efímero en que se encuentren nuestros sueños, en ese lapso en que crucemos la frontera de la vida real, hospedándonos en el corazón del otro.

Y no hallo respuestas, solo encuentro deseos, deseos de convertir en realidad nuestro sueño.

IX

BUENOS DÍAS: Hoy mi noche se vistió con tus ausencias y cuelgan de las paredes desnudas de mi estancia los ecos mudos de tus enmudecidas palabras. Mi estancia, un cuarto de paredes ajadas que un día fueron blancas, a las que la monotonía fue tiñendo de pastoso y cetrino color amarillento, son el reflejo de estas noches largas donde entre bostezos alargo la agonía de tus recuerdos.

Mi cama está vacía, solo yace mi cuerpo inerte, hueco, este cuerpo que late por la costumbre, que a veces se duerme mecido entre las fantasías de mi memoria y las pesadillas de tu lejanía.

¿Y me preguntas qué tal duermo? Duermo solo, duermo vacío, duermo sin dormir, soñándote en la distancia. Un libro caído sobre la alfombra, unas viejas zapatillas y el cenicero son los objetos que al despertar siempre veo. Ese cenicero colmado de arrugadas colillas, anegado de cenizas, restos de las evocaciones que te dedico cada noche, restos de ti que nunca te alojaste en esta alcoba. Al fondo más libros, más vacíos y una ventana, esa ventana que abro todas las mañanas para que con su frío aire renueve mis sueños.

Y al levantarme siempre me asomo por la ventana, miro al horizonte buscándote entre la ramas de esos árboles sin hojas, arrancadas en el otoño por el fuerte viento que anunciaba la llegada de este invierno que me congela, y son esas hojas secas, la que alfombran mi primer paseo matutino, las que crujen secas bajo mis pies dedicándome una sonata melancólica, una canto de muerte sin consuelo.

Y me resisto, me resisto a matar estos recuerdos, me resisto a desterrarte de mi mente, a perderte en el olvido, a no verte. Y te hablo entre silencios y te cito, te cito y te prometo que jamás dejaré de quererte.

Hoy me levanto vestido de ausencias y me abrigo de esperanzas, de esas esperanzas que tú me regalas cada día con tus palabras, cuando me dices que siempre serás mía, aunque compartas tu lecho con otro hombre, con otras miradas, con ajenas caricias, con otras madrugadas.

 X

BUENOS DÍAS: Silencio que siempre vas conmigo, dime, ¿Serán ciertamente buenos? ¿Después de esta noche aciaga, preñada de desencuentros pueden amanecer días buenos? Llevo semanas amordazando mi lengua, callando ante el atropello, siendo bueno, pero ya me estoy cansando de recibir siempre en el mismo lado, quizás debiera  cambiar mi postura, voltear el cuerpo para que cuando me laceren lo hagan en el otro costado. Llevo varias semanas fustigado con el látigo de las palabras y sumiso callo, pero me estoy hartando, así que hoy cambiare mi vestuario, buscaré en los cajones de mi armario una sonrisa, pero no será una sonrisa hipócrita de esas que visten de guapo con formas de escudo que te protejan, hoy busco una sonrisa irónica de esas que se usan como dardos, dardos envenenados como esos que llevo clavados en mi espalda, dardos que me lanzan a traición entre las sombras, calumnias de despecho, difamaciones nacidas de la rabia, envidias y celos.

Sí, me vestiré de sonrisas y me colocaré una mirada fría, desafiante, una mirada que mire fija a los ojos de los cuervos que me devoran, de esas aves carroñeras que ya me dan por muerto y además buscaré en mi armario si guardo entre la ropa vieja, palabras de doble filo, navajas dialécticas y me armare hasta los dientes para pronunciarlas sin miedo.

Te quiero ALMA MÍA, te quiero con orgullo y no aguanto ya este silencio, por ti he sido felpudo donde se limpian los excrementos que llevan prendidos los que entre las basuras buscan miserias, he sido vertedero donde han arrojado sus miedos y ya no puedo.

Hoy me vestiré de agua limpia, de arroyo cristalino, que todos vean mi fondo de piedras, de canto rodados desgastados día a día por la corriente del río.

Hoy pasearé mi alma a cuerpo descubierto, esperando tus palabras de aliento, esperando tus gestos concretos, esperando un guiño certero que dejé claro al mundo cual es mi puesto, hoy quiero saber si soy o no molesto, porque de serlo, llenaré mi alforja con unos pocos recuerdos, me calzaré las botas y partiré de madruga en silencio.

Hoy los sueños de mi insomnio se tiñeron de roja ira, negro desencanto y grises hartazgos. Esta mañana que ahora despunta me trae nuevas tonalidades vestidas de los mismos colores, el rojo ya no es de ira, sino armadura de combate, el negro no es de descanto, sino de duelo cara a cara ejecutado y mis grises no son hartazgos sino deseos de enfrentarme a las lenguas viperinas que me envenenan.

Esta mañana fría quiero inhumar mi cuerpo autista, invernarlo al calor de tu regazo, dejarlo ahí aparcado mientras reestreno el cuerpo rebelde ese que tenia guardado en el armario entre bolas de alcanfor esperando este momento.

No dudes que si muero en la batalla mi último recuerdo será para ti silencio amado, si mis enemigos me exilian llevaré conmigo tu foto, así cuando entre las paredes de mi celda necesité ver la luz de sol, me alumbraré con tu mirada, cuando mis heridas me desangren será el recuerdo de tus besos quien las coagule, sólo quedarán las cicatrices desparramadas por mi piel, tatuajes indelebles de tu recuerdo, mudos testigos del amor que te profeso.

Hoy tú tienes la palabra, yo enmudezco. 

XI

Buenos días: Hoy ha sido una noche larga y profunda. como si me hubiera regalado unas horas de sueño, una noche entera revolviéndome entre sosiegos.

Tímidos mis ojos se han abierto despertados con el titilar de los cielos, era la hora exacta en que las campanas tañen a muerto, anunciaban la muerte de la muerte, de esa noche larga de silencios y el gallo anunciaba con su canto la vida, esa vida que renace cada mañana con luces de esperanzas.

Hoy me vestiré de persona y me lanzaré al ruedo, a esa selva de asfalto invadida por autistas que corren sin destino, me perderé entra los rostros inertes de los viandantes, entre esos señores serios a los que un día la cruel monotonía les robo la sonrisa. Son como robots sin alma, sin gesto, a veces pienso que son ciegos, que no oyen, que al levantarse alguien les da cuerda y ellos repiten los mismos paseos, los mismos trabajos, los mismos gestos.

Y yo, lo confieso, a veces los envidio y me quedo mirándolos, así tan serios que hasta parecen humanos, me pregunto si serán felices, si sabrán que les robaron no sólo la sonrisa sino el encanto por la vida y sobretodo, les despojaron de los sueños.

Estos mismo sueños con que yo te sueño, estas mismas ilusiones con las que me ilusiono y, quizás, les robaron hasta el alma, este alma que por ti suspira, este alma que te reclama, este alma ALMA MIA que yo te entregaría desnuda para hacerla tu esclava.

Imagino que algún día, en tiempos muy remotos, estos hombres tuvieron alma, un alma que, como la mía, también latía, un alma que entregaron a otra ALMA MIA y por falta de riego se marchitó encerrada entre las rejas de una maceta y hoy languidece en medio de un otoño gris de ventiscas que cuando arrecia, uno a uno arranca sus pétalos, destiñéndola, dejándola vacía.

Pero por qué fijarme en el mundo, este mundo ajeno y autista si a mí me basta tu sonrisa para alzar mis vuelos, si a mí me basta tu mirada para ver las estrellas, ni me bastan tus caricias para mecerme entre dichas, si tú para mí lo eres todo, ALMA MIA.  

 XII

Hoy he soñado con portazos, con esos desplantes que nacen de la rabia y en medio del sueño, me quede con la palabra en la boca cuando me cerraron las puertas. Hablo con mis sueños tratando de entender por qué no es equitativa la relación entre el sueño y la vigilia, por qué siempre uno debe estar por encima del otro, por qué si habla el vigilia, sueño no le mira a los ojos y se distrae con todo y con todos los que por su lado pasan, por qué una mosca con su monótono siseo puede distraer al sueño, dejando que vigilia hable como quien habla a un muerto.

Así pasaron las horas entre la vigilia y el sueño, en un coloquio de difuntos, conversaciones de cementerio, como esas campanas que rasgan el aire pastoso de los campos con su tañer a duelo.  Quizás por eso, el insomnio, el tahúr insomnio que siempre juega con ventaja, con las cartas marcadas, tan dominador como sigiloso, domina las horas y alarga la agonía de esta ALMA MIA que no termina de echar raíces en tierra húmeda, que se reseca entre yermas soledades, entre marchitos encuentros ornados con flores a las que arrancaron los pétalos, vistiéndolas de desidia, tiñéndolas de oscuros tropiezos.

Quizás sea así, que las noches en que me cubro con las mantas del silencio, esas noches en que intuyo que arreciará la tormenta con su carga de emociones, vestida de luces de rayos y cantos de ensordecedores truenos, me cautiva el miedo y entre las sábanas escondido rehuyo los fantasmas de mis temores. Mi cobardía desnuda oculta bajo las mantas, mis lágrimas enjuagadas en mi leal almohada, compañera infatigable de largas veladas de insomnio y mis miedos titilando entre las venas por donde fluye mi sangre aguada. Y así, refugiado entre los lienzos blancos con que cubro mi cama, pasan los minutos eternizándose en el tic tac acompasado del ese reloj que nunca cesa de perforar mis oídos, torturándome en un largo martirio, rasgando en jirones los mutismos dominadores de la noche, minuto tras minuto voy contando las horas, hasta que tímida florece la primavera de las luces, los claroscuros que se cuelgan en las paredes amarillentas de mi alcoba, flores silvestres sin aromas filtrándose entre la ranuras de la frontera de mi persiana para anunciarme coloridos que ya amaina la tormenta, que murió la luna llena y que las estrellas apagaron su brillo, cesaron en sus guiños cómplices para dar paso a los tonos azules celestes.

Es entonces cuando despierto de este letargo de inspiraciones, es entonces cuando se seca la fuente de donde manan mis insomnios, mis palabras rebuscadas, mis lamentos de hombre. Y ya despierto abro de par en par mi ojos, te busco ALMA MIA con mi mirada y de bruces tropiezo cada día con tu ausencia, con los vacíos que anidan en mis entrañas, con esas oquedades que no logro poblar con tus besos, aquellos besos que un día me robaste.

Ya no tengo fuerzas para retarte a un duelo a muerte entre mi vigilia y mi sueños, entre mis esperanzas y mi desconsuelo, y me rindo, abato las banderas y arrío los estandartes, clavo mis rodillas en la tierra, un acto de sumisión propio de cobardes, te muestro mis manos desnudas, son aquellas mimas manos que un día apretaron con fuerza tu cuerpo contra mi cuerpo,  tus senos contra mi pecho, tus muslo contra mi miembro, las mismas que un día tiernamente resbalando por tu piel te esculpieron mientras moldeaba tu figura con mis besos, recorriéndote uno a uno cada rincón, cada pliegue de tu ignoto cuerpo, erizando mi pellejo, izando mi vello, erectando mi languideciente viril firmeza.

Y de mis ojos, al rendirme, se vierten gotas de sangre que fluyen por mi rostro, ya no lloro, se seco hace tiempo el pozo donde atesorabas mis lágrimas, ahora es roja pasión la que se escapa entre mis pupilas, rojas de ira y vergüenza como el rubor que peina mis mejillas, negras como el fondo agitado de mi alma, grises como es desde con que me castigas, sangren impoluta que corre débil como el cauce del arroyo seco del estío . No, ya no lloro, sangran las llagas que tatúan mi cuerpo malherido y te reclamo perdones, y te imploro indultos, y te invoco ALMA MIA, como se invoca a Dios en el lecho de muerte, para que me acojas de nuevo en tu regazo y me mezas entre mimos, y me susurres al oído aquellas palabras que nunca olvido, aquellos te quiero que un noche de verano entre insomnios, sueños y vigilias, tu y yo compartimos.

 XIII

Hoy se abren perezosos mis ojos, las pesadas persianas de mis párpados se resisten a reconocer la luz invasora que domina mi estancia, la noche profunda donde se sumergieron mis sueños agoniza en un mar de sol, ayer me dormí entre tus brazos, en el calor del útero de tus pechos, apoyado en la mullidas almohadas de tus senos. Esta noche no me visitaron las pesadillas, el discurso de mis sueños fue sereno, fue cálido, fue profundo, tan profundo como ese mar donde ayer me transportaron tus últimos besos.

Aislado por la sinrazón de lo cotidiano, esperé paciente tu voz, y llegó, llegó con las ultimas luces, navegando entre mis últimos bostezos, entre nanas desafinadas por tus gemidos me meciste entre tus ingles y  se durmió mi vigilia.

Hoy me despierto en medio de un lecho vacío, entre sábanas desplanchadas, entre noches sin recuerdos, pero me dejaste tu aroma prendido en mi pijama, ese olor de amapolas mezclado con jazmines y almizcle, me quedó ese regusto que aún saborea mi lengua, ayer me ofreciste la pócima que mana de la fuente de tus suspiros, la libe sorbo a sorbo, gota a gota al compás de tus deleites, me amordazaste contre tu pubis aferrándome con tus piernas, acariciando mis cabellos, hoy he dormido embebido y no me duele la resaca, me duele tu vacío, me sabe a poco estos encuentros efímeros, pero me llenan tanto estos aislados caprichos que por ellos daría la vida  ALMA MIA.

 XIV

Buenas días: Hoy despierto tras una larga noche de silencios, lejos de ti, exiliado en las orillas del infierno, lejos de ti. Mi cuerpo siente hoy los dolores de tanto trabajo incierto, lejos de ti, hoy mi mente renace esperanzada desde el silencio impuesto, lejos de ti, y sin embargo, ni la distancia, el trabajo, el silencio ni está noche larga, han mermado un ápice esa cercanía en la que te llevo.

Hoy en este despertar, en esta mañana de vientos gélidos, mi primer deseo es para ti, como lo eran mis pensamientos entre aquellas negras rocas donde me extraditaron durante el fin de semana, castigo inhumano este de alejarme de ti, que hoy se compensa al verte llegar como cada mañana buscando mis letras, encontrando mi mirada, regalándome tus sonrisas y abriéndome tu alma.

Si hoy te dijera que no hay distancias, que te llevo aparcada en un rinconcito de mis entrañas, imagino que no me creerías, que pensarías que son palabras regaladas, pero es cierto, te llevo prendida de mi alma y entre los sueños, esos que se sueñan despierto, te veo sonriente, te percibo alegra, te siento dichosa de saber que te quiero.

Por eso, y porque yo también te quiero no pierdo la esperanza de un reencuentro, no pierdo la esperanza de que olvidemos aquellos viejos primeros momentos, tus desplantes, tus... ¿puedo llamarlos engaños? Y sobretodo, el enmudecimiento de los faltos, lo siento.

Tiempo pasado que aún se hace presente cuando me cubres de distancias, enfados y silencios. Razones desconocidas que anidan como dagas en mi corazón maltrecho, historias desgarradas de un comienzo.

Anda no me castigues, hoy que despierto de este largo sueño, ábreme tus brazos, acógeme en tu regazo y dame un fuerte beso, devuélveme los buenos días, regálame tus sonrisas y una tierna caricia que me alimente para poder soportar esta distancia, entre nuestros dos mundos tan opuestos.

 XV

Hoy de nuevo me invadieron los insomnios, quizás sea la mala digestión de esos frutos agrios que cuelgan del árbol de la prudencia, esos silencios calculados que no terminan, los cuentos narrados a los pies de la cama antes de dormirme, esos que nunca acaban, que se repiten cada pocos días, esos príncipes que despiertan a las ranas de sus pesadillas convirtiéndolas en hadas, esos lobos que comen viejitas o esas malas hermanas que se mofan de la pobre adoptada.

Cuentos para niños y hombres inmaduros, ¿era así como me llamas? Sí, ciertamente soy un niño que aun creen que hay damas, miradas transparentes y grandes ventanas donde se asoman las almas enamoradas.

Quizás debería crecer y no creer en cuentos de hadas y no soñar contigo cada día al despertarme por la mañana. Saber que los hombres no lloran por una mujer ni se desvelan por su amada, convencerme de una vez por todas, que nadie me dará gratis nada, que la vida moderna es un gran mercado donde todo tiene un precio y nadie regala nada, que la confianza se gana y que yo, soy como todos, un poco más de esa nada..

Qué noche mas larga, entre vueltas sobre la cama e ida y venidas al bacón a fumarme mis desganas, a charlar con la luna llena que desde el cielo me miraba, a tiritar de frió en esta noche aciaga, viendo caer aguanieve y alguna de esa lágrimas que no pueden contener mis ojos cuando la impotencia y el descreimiento me embargan.

Hay días como hoy, que el sol tarda en asomarse por la ventana y yo lo espero con inquietud y muchísimas ansias para que ponga fin a esta noche tan larga. Estas noches en la que todo está negro y no encuentro la luz que ilumine mis esperanzas, vanas esperanzas que se depositan en otras gentes, en otras vidas ajenas, en otras causas.

Y lo peor de todo es que creo que tienes razón, que soy un idiota que no debería dártelo todo, que debería guardarme alguna carta bajo mi manga, pero es que no puedo amar de otra forma, que solo se entregarme, compartiendo mis miserias, abriendo de par en par mi alma.

Hay noches como esta que presumo que volverán a matarme la vida rompiendola en mil pedazos, a hurtarme la risa y secarme el pozo donde atesoro las lágrimas, que harán de mi un felpudo donde limpiarse las msierias que se trae en las suelas de las botas, ese lodo del camino que se pega como una lapa, que seré el pelele, ese muñeco con que se juega cuando se aburren y que muere olvidado en un rincón de la casa cuando ya no les sirve para saciar la sed, esa cuota de vanidad son que nos abrigamos en el frío de la soledad.

Hay mañanas como esta que no anuncian buenos días, sino negros recuerdos, días donde asoma descarados los silencios con grandes ruidos de truenos, esos nubarrones negros que anuncian próximas tormentas, el granizo que rompe las flores y agujerea los paraguas donde nos guarecemos de esos aguaceros de verano, de esas gélidas galernas que arrollan a su paso todo lo que encuentran.

Está bien, sea como tu deseas, atesora tus silencios, esos que te dicta la prudencia, esconde tras ellos tus vergüenzas, yo no he sabido ganarme tu confianza y me temo que no ganaré casi nada,  porque yo no juego con las cosas del alma, quizás me gane un par de abrazos y unas cuantas sonrisas, un diccionario de bellas palabras y al final, una espada clavada en mi espalda. Pero aquí seguiré, esperando tu confianza.

Pero ¡Que coño!!, por que debo callarme yo, por qué amordazar mi garganta, si soy hijo del viento, hermano de la bruma y un enamorado de los sueños. Sí, hoy te lo repito con voz clara, para que nunca lo olvides, TE AMO, aunque calles, aunque me condenes al silencio ALMA AMADA.

 XVI

¡Dios mío! Qué frío hace. Hubiera sido mejor seguir calentito en la cama, con la cálida compañía de tus recuerdos, revolcándome entre las caricias de las sabanas, gratificándome con la visión de las sombras que esta mañana de grises dibuja en las paredes de mi alcoba, soñando despierto con tus palabras, dejando vagar mis fantasías por cada rincón de mi casa.

Pero la obstinada monotonía me llama, el gallo con su canto de madrugadas, los gorrioncillos que anidan en el cedro que orna el paisaje de mi ventana, los coches, esas endemoniadas máquinas que rugen tan de mañana, y la luz, esa luz que hoy se tiñe con filtros grises, que se oscurecen al paso de las nubes, de esas nubes que amenazan con romper el cielo en mi pedazos y arrojarlos en forma de blancas lágrimas, copos de nieve que clareen la estampa de esta ciudad moribunda donde nadie se percata de que existo, resucitando de mi sueño cada día a la hora que clarea el alba.

¡Dios mío! Que frío. Como se cuela invisible entre las rendijas de mi ventana, como me cala las entrañas erizando mi piel blanca. Hoy percibo el frío en el cuerpo y el frío en el alma. El frío de cuerpo lo combato con un café bien cargado y ropa de alana, pero cómo combatir este frío del alma, este frío que me produce tu distancia, tu voz antigua que desde lejos me llaman, tus recuerdos, tus cálidas palabras.

Es curioso como unas palabras y una voz entrecortada han germinado en mis entrañas esta sensación de nostalgias, este vacío tan inmenso que me provoca el no tenerte en mi cama. Y me pregunto sino será todo una quimera, un sueño hermoso, un imaginarte mi reina, un enamorarme del viento, de este viento que hoy me hiela, en esta mañana fría de crudo invierno.

Dime mujer amada, esos miedos, esas prudencias que ambos mecemos en nuestras cabezas serán las tristes agoreras del infortunio que nos espera, o solo serán la parte tangible de nuestros deseos, que el miedo sea . no un mido a vernos, sino al vacío que provocará después nuestras ausencias. Miedo a verte desnuda ante mí, miedo a que reconozcas que no eres tan pudorosa, que cuando conmigo te excitas eres una potra loca, loca de pasiones y deseos largamente enclaustrados en esos convencionalismos de niña burguesa y temas, ahora que llega tu otoño, descubrir nuevas metas, nuevas pasiones largamente presas en esa cárcel de modales, urbanidades de familia, composturas, falsas creencias, mortajas con las que te vistieron siendo niña como un castigo que te recordara que la vida es una larga agonía, un paseo tétrico hacia la muerte donde no se contempla el latir libre de la vida.

Fíjate en la gaviotas, en ese vuelo majestuoso con el que ornan su cortejo, en ese rito previo al encuentro, al acople entre dos cuerpos, así quiero seducirte, en vuelo libre, en un vuelo de deseos incontenibles, quiero que anides a mis costado, que de tus ojos eyaculen miradas de mujer, que tu manos moldeen mi cuerpo y con tus besos esculpas mi figura que antes y después del acople de nuestros miembros te embriagues de mí, me vivas y resucites de esa mortificante monotonía a la que te aferras, ese hastío que te embrutece entre ausencias de ternuras y carencias de mimos.

Quítate ese sombrero para que vuele tu imaginación, quítate esa coraza para que yo penetre en ti, quítate la ropa para que yo pueda calentar tu cuerpo en este día tan frío, para compartir cálidos susurros y electrizantes espasmos que emanen de esa cueva húmeda donde me deseas enclaustrar.

¡Dios mío!  Qué frío hace hoy ALMA MIA.

 XVII

Buenos días y hoy, créeme, si que han sido buenos, mi sueño ha sido como un profundo suspiro, me despierto sereno, con los ojos bien abiertos, con la sonrisa colocada en su justa medida, no muy ostentosa ni tampoco muy disimulada, hoy el canto de los gorriones es armónico y el sol entra gallardo por mi ventana.

Imagino que fuera, en la selva de asfalto, hace frío y que en mi paseo matutino me cruzaré con los mismo autistas que veo cada día, que en el parque jugarán entre griteríos los niños y que en las terrazas que miran al mar estarán los mismo ancianos que invaden los espacios soleados cada día. Imagino que la vida exterior, esa que me es tan ajena y a la vez tan cercana, navegará por el mismo océano de monotonías, que veré alguna pareja abrazada diciéndose entre besos que se aman, que veré parejas mudas, esas que caminan sin dedicarse una sola palabra, veré conductores de autobús malhumorados, camareros que me arrojaran la taza de café cortado como si me dieran limosna, que los titulares de la prensa hablaran de esas misma atrocidades que ya me tienen harto, que la televisión seguirá con los mismos vacíos programas y que las llamadas que reciba, en su mayoría, no las tuyas, serán para no decirme nada.

Pero que voy a hacer, si hoy me desperté como se despiertan los cisnes, altivo, grácil y féliz, si hoy veo el mundo con otro prisma que lo tiñe de verdes de esperanza, si hoy el gallo cantó una obertura que me hechiza, si hoy mis sábanas eran blancas, prendidas de tu inmaculada añoranza.

Hoy no recuerdo mis sueños porque me dormí contigo, pensándote, soñándote, en un largo diágolo en el que yo ponía las voces, nuestros susurros y pensamientos, me fui quedando dormido, no recuerdo donde acabo nuestro encuentro, solo recuerdo que me dormí como un niño, y hoy me despierto como un hombre que te desea ALMA MIA. 

XVIII

Buenos días: Hoy me despierto entre bostezos, los míos y los vuestros, este obstinado repicar, estos tañidos a muerto con que me despierto cada día deben de cesar, enmudecerse para vivirlos en la intimidad, antes de que los bostezos terminen por borrar las sonrisas de vuestros rostros y dibujar gestos de aburrimiento.

Llega el fin de semana y de nuevo debo partir, abandonaros en medio de los silencios, dejaros huérfanos de mí, esperando el olvido como justo pago a estos lamentos, estos insomnios y estos sueños.

Este fin de semana no iré a limpiar chapapotes ni tan siquiera iré a Madrid a reunirme con la masa silenciosa hecha grito, hecha protesta reivindicativa, aullido solidario con las gentes del mar, no iré a Galicia pero iré con Galicia a esa otra tierra hermana catalana, a la cosmopolita Barcelona, iré con las gaitas, esos instrumentos que no cantan sino lloran por el vacío de la lejanía, por la saudade con que amanecen cada día, lejos de su cuna, de sus lluvias, de ese pertinaz orvallo que inunda de humedades las nostalgias, iré a mostrar como lloran las gaitas en ese tierra clara que mira al Mediterráneo, que amanece entre soles cálidos cada alborada y allí lloraremos de alegría por este furtivo encuentro entre gallegos del exilio.

Hoy amigos no me extenderé en narrar mis desvelos ni mis sueños, ni tan siquiera estos bostezos, hoy amigos me despido con mirada melancólica, con suspiros hechos brisa, pero no diré adiós, bastará, creo yo, un simple hasta luego, bastará, digo yo, una sonrisa de agradecimiento y un "os quiero" a todos los que en la distancia habéis compartido conmigo cada mañana mis desvelos.

Quizás volveré, pero no os lo prometo, hoy me calzo zapatos con alas que me permitan remontar el vuelo, lleno mi alforja con vuestros recuerdos plasmados entre líneas entre estos, mis sueños, y os dedico un gran y sincero BESO.

XIX

Mi vida es vivida como dicta la madre natura, un continuo ir y venir, flujos y reflujos que se suceden en una cadena armónica , siempre igual y siempre diferentes. A las noches que escapan les persiguen los días recién nacidos, a los inviernos las primaveras y en m corazón cuando aún no se han apagado los ecos de un latido, le acosa el rumor de otro nuevo latido.

Es la noria que gira y gira parsimoniosa (de Parsi medes), aparentando ser siempre la misma y sin embargo, es tan diferente, este día que hoy comienza es una día de estrenos, un día diferente, irrepetible, es el hoy que toca vivir, que reivindica llenarlo de sonrisa, es el único día, tan único que es el primero y el último, aunque hayamos vivido otros días y tengamos la certeza de que viviremos otros muchos más. Aquello que hoy no haga, jamás lo haré, el beso que hoy no dé, será un beso perdido.

A veces, al despertarme tengo la extraña sensación de que la vida no camina, que a un día le sigue otro día y siempre será igual, no soy consciente que llegará una noche que no amanezca, una noche que vele mis ojos y mis latidos, es esa extraña sensación del hombre que, inconsciente, se siente eterno sin darse cuenta que esta resta va despojándonos los días, nos va robando la vida.

Por eso hoy, que mi alma está henchida de bellos recuerdos, de las evocaciones de esos momentos que viví estos días, quisiera compartirlos contigo, vivirlos de forma intensa, quisiera y lee bien lo que te digo, que desterremos de nuestro lenguaje una palabra, esas de la que tanto  abusamos, esa que sirve para callar los deseos no cumplidos, esa que siempre usamos al despedirnos, ese MAÑANA tan socorrido.

No, no hay mañana, el mañana es otro hoy diferente, no quiero pasarme la vida esperando a ese mañana, quiero vivirla hoy. Hoy quiero besar tus labios, acunarme en tus ingles, pasear aferrados de la mano, y embriagarme con tu mirada. Sí, hoy. En este hoy que te levantas con el calor de otro cuerpo, con la ausencia de mi alma, este hoy que hemos dilapidado en aras de un incierto mañana.

Hoy correría a tu encuentro, hoy cantaría tus alegrías, hoy te comería a besos sin preguntarme siquiera si viviré mañana. No es sana la espera, no es prudente el que nos digamos mañana, porque ese mañana no llega y cuando llegue quizás ya se haya evaporado esta eterna espera.

Saludemos al día que ahora comienza, démosle un fuerte beso, abracémonos a él como si fuera nuestro único día, aprovechemos este preciso momento, es el único que tenemos ALMA MÍA.

XX

Buenos días: Hoy te he soñado entre nostalgias, entre los besos infinitos y las alegrías con que reparas mi alma herida, hoy te he soñado entre mis sábanas, húmedo lecho donde nos acunamos entre juegos de niños y amores de adultos. Y me he despertado con una sonrisa, esa que a veces me robas, me he despertado cantando viejos salmos, viejas canciones de antaño, evocando tu ingles, evocando tus llantos.

Esta pobreza que arrastramos, esa monotonía que nos pudre, esta vaga esperanza de romper las argollas que nos atan al pasado, esta cadenas hiladas de eslabones pétreos de las que no nos descabalgamos se convierten en rejas que tapian ventanas, que ocultan los soles de las alboradas, que ensombrecen la luz de mi mirada, que borran de mi rostro la sonrisa en estas mañanas en que al llegar la luz acompañada del canto del gallo me recuerda la presencia vacía de tu ausencia y empujan a verter mis lágrimas entre las cuencas de mis soledades.

Hoy te he soñado y el día que amanece parece más claro, un día mecido entre recuerdos de aquellos momentos en que fuera del mundo, los dos encerrados encontramos nuestros cuerpos desnudos y supimos amarnos.

Sí supieras que real era mi recuerdo, si supieras que aún tu aroma me despierta pasiones incontenibles, si supieras que aun disfruto viendo tu pudorosa mirada, que aún hoy, un siglo después estas viva en lo más profundo de mis entrañas. Si supieras como me duele esta ausencia prolongada, si supieras cuantas noches las paso confesándome con mi almohada, acariciándola como si fuera tu piel erizada, besándola como un día bese tus labios húmedos, si tu lo supieras correrías a mi encuentro a resucitar aquellos momentos, a vivir de nuevo, huyendo de esta muerte en la que vives acompañada de añejos sentimientos autistas, aquellos que fueron y ya no son más que un recuerdo, si tu supieras que tengo guardado para ti un cielo, correrías despavorida a mi encuentro, pero quizás, llegué tarde a la estación de tu vida, ya tu tren huía entre cobardes pitidos, con sus vagones vacíos, con el equipaje lleno de desconsuelos.

Soy consciente que te di aquel día muy poco, lo poco que yo tengo, mis manos desnudas y mi aliento fresco, te di mi alma paupérrima, mi amor sin limites, lo único que poseo. Tú tienes una vida de ensueño, un trabajo reconocido, un marido que te quiere y unos hijos, un cómodo sofá donde te sientas a soñarme, una plancha donde desarrugas los bostezos, una lavadora para limpiar tus soledades y un piso enorme lleno de gente extraña.

Sí tienes muchas cosas y yo no te ofrezco nada, sólo puedo entregarte mi alma y eso no vale nada.

Seguirás apostada en tu ventana viendo al atardecer los crepúsculos, seguirás colocando en tu rostro una sonrisa cada mañana, seguirás siendo una dama, y yo seguiré vagando errante por estos pedregosos senderos que lleno de palabras al alaba de cada mañana, recordándote, evocando aquella efímera jornada en que tú y yo lo fuimos todo y me robaste el alma. Tú seguirás bailando en esta danza de máscaras, yo seguiré desnudo mostrando las cicatrices con que tatuaste mía esperanzas, esta heridas que aún sangran, esa sangre teñida de roja pasión y eso suspiros hechos canto con los que te doy mis buenos días puntualmente cada mañana.

 XXI

Buenos días ALMA MIA, Como cada mañana te escribo al finalizar mis pesadillas, y lo hago para que percibas como se van consumiendo nuestros días, como el tiempo imperceptible se va comiendo nuestra vida.

Quisiera que hoy meditaras sobre esa falsa sensación que nos domina, esa inconsciente manera de acomodarnos en la vida creyendo que siempre estaremos aquí, sin darnos cuenta que, poco a poco, el vaso donde libamos nuestros días se vacía, pierde energía y cualquier mañana inesperada enmudeceré, y no será porque no desee darte mis buenos días, sino porque la muerte habrá venido a mi lecho rugiendo de celos para pedirme que en adelante sea a ella y no a ti ALMA MIA, a quien salude con mis buenos días.

Y no te digo esto para sembrar temores ni acrecentar desilusiones, pues la muerte, ambos lo sabemos, es parte de esta vida, si te lo recuerdo es porque a veces no le damos sentido a la existencia y todo lo dejamos para otro día, desaprovechando el momento presente, esperando un mejor momento que nunca llega y entre espera y espera se consume nuestra existencia.

Perdona que me haya puesto trascendente, quizás sea esos matices grises con los que el cielo hoy se tiñe, los que me hayan contagiado, hoy cuando rayaba el sol en el oriente, sus tenues luces han dado el toque de diana y me he despertado. 

Aún despeinado y con los ojos habitados por las invasoras legañas me he asomado al balcón. Mis plantas esa que con mimo cuido para que florezcan con los soles de abril, están mustias, sus hojas secas, retorcidas de vergüenza, aquellas que orgullosas un día colorearon mi ventana, hoy espera alguna racha de viento que bruscamente las arranque del tallo para trasportarlas a la tierra. Los árboles que ornamentan el paseo, esos plátanos erguidos, esos olmos centenarios, los castaños de indias de hojas artísticamente diseñadas, todos ellos están tan pelados como calvo estoy yo, sólo algunas magnolias, unos pocos acebos y mi admirado cedro, esos árboles a los que erróneamente llamamos perennes, sigue mostrando orgullosos sus teñidos verdes. Por el parque, a estas horas casi desierto, camina un señora que lleva preso a un perro, encadenado a ella, ambos transitan en silencio, son dos seres autistas, ajenos al tiempo. Al fondo transcurre aburrido el río, hoy su cauce es más bravío, imagino que las lluvias que lo nutren han sido generosas en las montañas donde se mecen los arroyos que dan vida a mi río, el color de sus aguas hoy es de un pardo descolorido, son los granos de tierra que las lluvias arrastran al mar, tierra muerta que formará los desiertos marinos, esas playas en las que yo camino cuando me siento perdido. 

No te parece curioso que esa naturaleza viva, casi eterna,  hoy se muestre ante mis ojos como una agorera premonición de la muerte, el cielo gris, los hojas secas de mis geranios, los árboles pelados,  mi calva, la señora autista, el perro encadenado, el rio pardo portando arena que nutrirá los desiertos sin vida, todo a mi alrededor hoy me recuerda que somos finitos, que este amor que juramos eterno ALMA MIA, será efímero, por mucho que alimentemos este fuego con leños de ternura, por muchos juramentos que alcemos al cielo, mañana yo estaré muerto.

Insisto, no es que tenga un día al que furtivamente un ánima en pena lo haya despojado de optimismos, no, no es eso, es que hoy el cielo amaneció gris , de ese gris de desconsuelo que me atrapa alma, me devora las entrañas y me recuerda que los besos que hoy no nos regalemos, serán besos muertos

 XXII

¡Qué noche!
¡Qué noche Dios mío!
que noche más larga
qué hastío
que vacío deja tu ausencia
cuando no estás conmigo.

 XXIII

Amanece... es la hora de las primeras luces del alba de este melancólico día de otoño. Abro mis ojos vidriosos y no veo nada, lágrimas de sangre me ciegan, una espesa y pastosa bruma ocupa mi alma. La guerra lejana tiñe de rojo los cielos y pronto, teñirá de sangre los campos y de muerte la existencia de niños inocentes.

Hoy no habrá una luz que me ilumine, caminaré a ciegas entre las tinieblas de mis nostalgias, en la soledad árida de mi existencia. Son tan profundas las grietas de mi rostro, tan horadado está mi espíritu, tan extenso es mi desierto, que temo ahogarme en este océano de  temores.

Amanece... Es la hora exacta de las primeras luces del alba, el canto afónico del gallo así lo proclama, todo está negro, oscuro y tenebroso. Las noticias nos anuncian la nueva hambruna que asola las tierras yermas, del oriente africano. No llueve, la generosidad húmeda de dólar se asienta en otros horizontes, el alimento no es rentable.

Alargo mis brazos, palpo en mi alrededor, tratando de alcanzar los límites de la razón, trato de encontrar un camino de sensatez, la senda tortuosa que conduce al goce de los desheredados, a la dicha compartida de amores y querencias. Pero... perdí mi bastón, y perdí mis lentes, y perdí la esperanza y no quiero perder mis principios. Mi espíritu aventurero vaga solitario entre la multitud de seres anónimos que me rodean. A nadie le importa nada, los muertos son hijos de otras madres, madres anónimas sin rostro, son hijos de otras tierras, tierras anónimas sin banderas conocidas.

Y ahora que amanece... que ya han muerto los sueños y brotaron las pesadillas, ahora que la noche se destierra para dar paso a las primeras luces del alba, ¡TODO! todo en mi interior esta inundando por la negra tristeza que me embriago en cada esquina con las evocaciones de una justicia que no llega, distante, lejana. Una justicia que no alcanza a defender la vida de estas pobres almas.

Amor imposible hacia una humanidad que no existe, preñado de ternura, amor frágil, arreciado por vientos de dudas, de silencios calculados, de palabras no pronunciadas, de medias verdades, de traiciones y engaños. Ya mi voz enmudeció, las mordazas oprimen mi palabra libre y desnuda, un tupido velo envuelve mis ojos, ocultando mis tiernas miradas, Arrancaron las caricias de mis manos, y me robaron la sonrisa. Ya sólo convivo con imágenes mudas de niños desnutridos, de madres que lloran sin consuelo, de fuego y pólvora, de polvo reseco, de buitres de acero que escupen muerte y se alimentan de carne humana.

Soy un vagabundo errante de este mundo frío y despiadado. Estoy solo, nadando en la pobreza de mis soledades, despojado de mis sentimientos, ¡QUIERO GRITAR! compartir mi palabra, el tacto, la caricia y el beso, el pan y el agua.

Quiero compartir mi cuerpo entero, regalarlo como mi bien mas preciado, quiero entregar mi tesoro, ya de nada me sirve, pues ya nada espero. Soy pobre de riquezas y mísero de ilusiones. Que más puedo dar, si ya todo yo, no me pertenezco. Soy un muñeco que solo sirve para lúdicos juegos, soy nada, menos que nada, soy la sombra inalcanzable de mi existencia, el proyecto inacabado de un sueño. Soy cómplice de tanta miseria, testigo silencioso de esta muerte que ruge insatisfecha, soldado de esta hipocresía en la que vivo, soy, debo reconocerlo, un cobarde que canta falsa ilusiones y calla verdades.

Y ahora que amanece... desde el fondo sereno de mi océano, os confieso que no pido comprensión, que no deseo ser motivo de lástima, ya nada espero, sólo quiero desearos, ahora que amanece, que tengáis UN BUEN DIA.

 XXIV

 Ayer pinté un cuadro de tonos grises donde se dibujaba un beso, una playa y unas brumas, y las siluetas de dos almas, dos almas que se querían, te lo regalé con la vana esperanza de que en él encontraras ese canto de sensualidad que me despierta tu mirada, esa luz cegadora que de tus ojos brota y esa sonrisa, tu sonrisa, esa sonrisa que me atrapa .

Y cuál fue mi desdicha de que ni tan siquiera lo miraras, que no vieras esa playa de arenas pardas del color de tus nostalgias, ni esa bruma que envolvía melancólica ese hilo que aun borda esperanzas, ni tan siquiera te fijaste en el beso, en esos labios que en otros labios se posaban, ni viste, quizás estés ciega, ese beso que tanto significaba, ese beso que anunciaba la llegada de nuevas mañanas, de nuevos sueños que inhumaran las pesadillas que en las noches te asaltan. Solo viste las siluetas de dos cuerpos que en el cuadro nada significaban, los cuerpos solo objetos vanos, papel de regalo donde enclaustramos nuestra alma.

Y hoy despierto en esta soleada mañana abrumado de desconciertos, sin entender cómo pudiste sospechar si quiera que mi cuadro era una amenaza, no comprendo que un halago se convierta en daga, que un beso lo veas como una puñalada. Y la rabia me invade, cegando mis miradas a este cielo que hoy nos brinda la mañana.

Quisiera pedirte perdón por mi torpeza, decirte que lo siento, que me duele en el alma que mi cuadro no te gustara, explicarte que yo no se pintar, que los pinceles no son armas, que los colores no matan, y que los besos, esos besos que se nacen en las profundidades de las entrañas, son cantos de vida nueva, son aleluyas de un encuentro, salmos que se lanzan al viento, cánticos de coros celestiales que a ti de dedico como muestra de ese afecto que en silencio se había acomodado en mi pecho.

No te mostraré más cuadros, ni más playas de brumas teñidas, mi más almas que se aman, ni más besos que simbolicen esa sensualidad que tu despiertas. Romperé los lienzos, arrojaré al mar esos pinceles que están muertos, me armare de una brocha gorda y proclamaré mis sentimientos en las desconchadas tapias, en mensajes anónimos, serán gritos de rebeldía escritos con tinta negra, serán los adioses a una ilusión, las despedidas de un sueño, serán como la noche pasada cubierta de penumbras que no decían nada, y caminaré en solitario hacia esta mañana preñada de luz que nos anuncia que pronta está a llegar la ansiada primavera, no volveré la mirada atrás, no quiero ver el vacío que mi cuadro y mi besos han dejado en tu morada, prefiero recordarte como aquel día de otoño que frente a mí dibujaste la mas bella de las sonrisa, prefiero evocarte dichosa como en aquellas noches que entre las sombras cómplices de la noche desgranábamos ilusiones.

Sí, tu imagen, tu mirada tierna, tu sonrisa amiga serán compañeras de mi andadura errante, el maldito cuadro arde ya en la hoguera de olvido con llamas rojas de ira y del humo que asciende majestuoso a los cielos se dibuja una lágrima, una de las muchas que esta noche han humedecido mi lecho.

 Mi única ofrenda, lo único que me queda para poder entregarte con total limpieza, es la palabra desnuda, palabra humilde que en estos momentos brota sincera desde esos huecos vacíos en los que anida mi desconcierto... PERDONA. 

 XXV

Este tiempo tan inestable que tan pronto reseca mis sueños con su sol matutino, como los pone a remojo con estas lluvias pertinaces, me  vacía el espíritu, ya no sé si debo reír o llorar,  si cantar alegres alboradas o nostálgico, evocar mis insomnios.

 Es curioso ese reflejo que veo en el cambiante clima del postrero invierno, un espejo donde nítido me veo, el capricho de eso cambios ambientales se refleja en mi alma bohemia, uno días amanece proclamando la cercanía de la vida, de esa primavera en que todo resucita y otros, añora el frío invierno ese gélido sentir que dejan los vacíos.

 Así es mi vida, un continuo balanceo entre las añoranzas y los sueños, añoranzas por aquello que dejé olvidado en el sendero y sueños por aquello con que me premiará el destino, un ir y venir del pasado al futuro en una alocada carrera sin sentido y mientras, voy perdiendo estos momentos presentes que pudiera gozar contigo.

 A un día alegre porque me regalaste una sonrisa, le sigue otro día triste porque me escupen un beso, un día jocoso porque tu voz lejana se acomoda en mi oído y otro día aciago porque las misivas me anuncian tus olvidos. Y yo, como un títere de feria moviéndome al compás de unos imperceptibles hilos, hilos que no terminan por tejer esa capa que cubra mi desnudez, que me abrigue del frío invierno y proteja mi piel de estos soles nuevos que anuncian el despertar del tiempo.

 Y así, ando que ando de atrás hacia adelante, de adelante hacia atrás recorriendo siempre el mismo camino, tropezando en las mismas piedras, mordiendo el mismo musgo. Ya es hora de acabar con mis torpezas de este caminar cansino, ya es hora de que vislumbre el sentido de mi marcha, que intuya hacia donde se dirige mi destino.

 Pero no, me sigo perdiendo en este bosque tupido, entre las dudas de este laberinto, entre las estelas de este mar inmenso, entre la nubes de este cielo. Un día llueve, otro hace frío y más tarde llega un tercero donde radiante la luz me trae misterios. Y así transcurren mis noches, entre insomnios y sueños, entre pesadillas y espejismos y yo, espera que espera sin sabes si algo espero.

 En este otoño vital mío van cayendo las hojas secas de mi calendario, los días se hielan y las horas se consumen lentamente en el fuego y sigo anclado en el mismo puerto, en la misma nave, en el mismo catre, en los mismos miedos.  Y me pregunto si esto es la vida, si en esto se convierten los sueños, si este es el paraíso que en mis noches me prometo. Es entonces cuando no consigo sujetar las bridas de esas lágrimas desbocadas que se encabritan, que desean salir galopando alocadas en busca de mis vacíos. Y me lamento por esas lágrimas de tan infausta vida, tan efímeras, tan vacías, que al llegar a mis mejillas se van secando, como a mi se me seca la vida, casi no he caminado y ya he desfallecido.

 En fin ALMA MIA, para que contarte mis penas, para que narrarte mis alegrías, si tú que siempre me acompañas las gozas y padeces con la misma intensidad que yo percibo. Matemos este nuevo día de lluvias y frío y sentémonos a la vera del camino, esperemos a otras jornadas en que el sol nos ilumine con alegrías y juntos prosigamos el peregrinar por los senderos de esta incompresible existencia que aclarar nunca consigo.

XXVI

Hoy amanece un día gélido y claro, han rolado los vientos, hoy arrecian fuerte del norte, es un viento frío que clarea la mañana, el sol luce con todo su esplendor inundando de luz la vieja oscuridad de la noche, las brumas de las dudas se disipan, los cielos grises se tornan azules y aquellas nubes donde se guarecían las mentiras lloran mojando otras tierras, hoy renace en mí la primavera, esta ventisca a disipado las quimeras, los lejanos espejismos, los sueños y las mentiras.

Hoy renovaré mi vestuario, me vestiré de sonrisas, me calzaré ilusiones, me engalanaré de nuevas esperanzas y saldré a ocupar las calles, saludando a mis vecinos, devolviendo alegres miradas a ese viejos taciturnos que sentados en un banco del parque ven transcurrir la vida con ojos de escepticismo, jugaré con los niños que alegres corretean por las calles. Hoy observaré la vida que transcurre en la ciudad, compadeceré a los apresurados empleados que corren hacia sus trabajos como si acudieran a un cita con la mujer amada, hablaré con los mendigos, con el ciego que vende cupones, con el pescador aburrido que pasa las horas de la soledad con la compañía de una caña, con el camarero del bar que tanto entiende de fútbol, por el vendedor de prensa que siempre me mira como si fuera un alienígena y con el sumiso portero de mi casa.

Hoy seré vida que reivindica alegrías, seré latido que cruje expectativas, seré hombre corriente, observaré en la multitud buscando miradas, tararearé canciones alegres mientras me ducho, pasearé por mi playa llevando en las manos un libro, unas cuartillas blancas y la pluma para escribirle al mundo que hoy amaneció un día muy frío y muy claro, donde no hay brumas, donde no llueve, donde las gaviotas me cantan y los niños me sonríen.

Ayer se cayeron las vendas que velaban mi mirada, vi el rostro de mis pesadillas, percibí los suspiros de la verdad que encerrada entre los barrotes de la hipocresía clamaba libertad, fui en su ayuda y juntos derribamos los muros donde la tenían enclaustrada, hoy la verdad me acompaña asida de la mano, juntos haremos la limpieza de la casa, quitaremos el polvo de las paredes ajadas, limpiaremos los suelos manchados de anteriores pisadas, podremos un felpudo a la entrada y abriremos de par en par la ventana para que entre este aire limpio de primavera, que inunde de luz los cuartos oscuros, que limpie mi casa de fantasmas. Regaremos las plantas con agua clara, esos geranios marchitos por el invierno que mustios me miran con mala cara y saludaré, como antaño hacia, a ese ciprés señorial que orna el centro del parque que veo desde mi casa. Me apoyaré de nuevo en la baranda de mi balcón a fumarme el primer cigarrillo de la mañana, para saludar al nuevo día, a la vida que renace, a mis esperanzas.

Hoy, en esta mañana fría y clara, terminan mis insomnios y renace la vida cargada de esperanzas.

 XXVII

Hoy nace un nuevo día, un día nuevo y yo me despierto sin saber que decir, si dijera que no tengo palabras podrías pensar que se secó la fuente de tu inspiración y no es cierto, su caudal es abundante, son tantas las emociones que me invaden , que no encuentro un cauce donde represarlas, una alforja donde atesorarlas para irlas desgranando una a una y sirviéndotelas en una bandeja de suspiros.

Hoy el sol desde lo alto me invita con guiños cómplices a gozar de su compañía, es como una amante secreta, cálida y tierna, que cada mañana entra en mi alcoba por la ventana, se acuesta a mi vera y entre caricias me despierta.

Es este sol un fiel compañero de mis paseos, reverdece los jardines, floreándolos de colorido, ahuyenta los nubarrones que antaño tiñeron de gris mis horizontes, destierra la noche hundiéndola en los confines del occidente y viene a buscarme a la hora que en los campanarios tañen de desganas las campanas de la iglesia, me invita a acompañarlo recitándome maitines, danzando entre los claroscuros que las cortinas dibujan en las paredes, y juntos, asidos de la mano como dos niños que temerosos están descubriendo el mundo nos lanzamos al vacío de las calles, entre sobras que caminan muertas pareciendo que aún están vivas, entre silencios que no suspiran y miradas que un día lejano perdieron el brillo de la alegría.

Vamos resueltos entre calles, este sol de la mañana y mis ilusiones despeinadas, no esperamos nada, vivimos el momento que late en cada paso de nuestra caminata, observamos a las gaviotas de alas engrasadas, escuchamos el canto de los jilgueros que ensalzan la alborada y caminamos hacia la playa hoy engalanada de azules mares y arenas pardas, hundirnos nuestros pies en la humedad de su orilla y percibimos el frío despertar de la vida que renace de los silencios en esta primavera que hoy nos anuncia su llegada.

Perdóname ALMA MIA que no tenga palabras para describir mi alegría, que el lenguaje de los hombres no contenga la suficientes palabras para componer una balada con la que decirte que hoy me siento nuevo, como este nuevo día, que despierto borracho de evocaciones que traen a mi memoria aquellos días lejanos de otra primavera en que desperté abrazado a tu cuerpo desnudo en una mañana en la que el sol nos acompañaba dibujando sombras y claros entre las paredes de aquel cuarto donde la tarde anterior desfloramos nuestro primer encuentro. 

XXVIII

Y transcurrieron las noches siguientes, sin insomnios, sin pesadillas, sin sueños absurdos que despertaran mis miedos y mis ansiedades.

 Y me acomodé en las monotonías de esta vida inapetente, el gallo despertándome puntual cada mañana, el café en la taberna, sorbido entre silencios mientras leo la prensa que cacarea los despojos de esta miserable vida teñida de muertes inexplicables, salpicada de retaros de los mismos payasos de siempre, con sus sonrisas de encargo, con sus muecas de animas errantes, mis paseos en silencio observando el ir y venir de la vida embadurnada de hastíos, el río manso  transitando hacia la muerta en la mar invicta, acogiendo en su seno los tiernos poyuelos de las gaviotas, la playa desierta en estas últimas mañanas del invierno que agoniza, los vinos engullidos entre conversaciones banales con mis amigos, a la hora en punto la comida apresurada, la sobremesa salpicada de ingeniosas ideas juveniles mentadas en los labios de mis hijos, la siesta, la sacrosanta media hora en que te sueño, la tarde plomiza deshojada entre llamadas, escritos y charlas, y de nuevo la clausura del día tras el telón corrido de la noche, mi encuentro con mi alma, mi desencuentro con las dudas y la desesperanza. Un día más repleto de tu ausencia, un día menos tachado en la existencia, y sigo, sigo en el sendero pedregoso sin pulir los sillares de las columnas del templo.

Las úlceras de mis pies cansinos, los silentes recuerdos de aquel encuentro, tus manos finas resbalando tímidas por mi espalda, tu mirada inocente preñada de temores, tu cuerpo balanceándose en mi amparo, tus deseos refrenados que clamaban mis besos. Aquella tarde ¿o era una mañana? Ya ni lo recuerdo, hace tanto tiempo, tan largas se hicieron mis horas en tu ausencia que a veces dudo que existieras, tu aroma se perdió entre los huecos que llenan de vacíos mi cuerpo, tu sabor salino lamido entre galopes de ensueño, que me queda de aquellos momentos – me pregunto – y no hallo respuesta, porque te percibo tan lejos que alcanzarte no puedo. 

Y no es la distancia del tiempo, mi las leguas que nos separan, ni ese lenguaje que a veces es insalvable aunque el mismo idioma hablemos, es las distancias que marca esta farisaica sociedad en que acomodamos nuestra pobre vida, esas seguridades que se reflejan en los espejismos de la nada, la comodidad de la vida aburrida, de las normas repetidas cada día, de los políticamente correcto, de tus hijos y los míos, de la castración a la que nos sometemos, de las sonrisas borradas a brochazos, de las historias nunca contadas, de la repetición mecánica de nuestros actos; del miedo a ser libres, a vivir amando, a decir no cuando pronunciamos un sí.

Y ahora que ya no hay insomnios ni pesadillas, ni sueños que me despierten de madrugada sudando; ahora los añoro, porque con ellos me sentía vivo y ahora percibo que me muero.

 XXIX

Y pasan uno a uno los días, enterrando noches de silencio, es un goteo inagotable que minuto tras minuto va deshojando cada jornada, condenándome a vivir en silencios, alejado de ti, ALMA MIA.

Nacen los días repletos de luminosos cielos, de bullicios callejeros, de sonrisas ajenas que rebotan en mi rostro serio.  Y huyo entre mis soledades perdido, vagando errante por los senderos del silencio y callo un día tras otro, esperando que amanezcan nuevas mañanas donde el sol sean los candiles de tu mirada, la lluvia las lágrimas vertidas en un momento de alegría y la noche esté por siempre desterrada.

Quisiera asirme con fuerza a tu mano, caminar al mismo paso, ver el mundo con la misma mirada, reir y llorar a coro por las mismas extrañas circunstancias y gozarnos mutuamente, entre hechizos de carne y sueños de utopías.

Hoy estreno una nueva mañana y sueño con bellos despertares entre las sábanas de la pasión compartidos contigo, trasmutada en una felina salvaje, que con descaros me goces, palpando mis entrañas, besando mis interiores, rompiendo viejas monotonías impuestas por años de aburrimientos, despertando tus fantasías dormidas durante siglos por los hastíos de una vida de prejuicios, verdades que te regalaron llenas de palabras vacías.

 Y ahora que muere el gélido invierno y tímida renace la cálida primavera de nuestra madurez, descubramos nuevos senderos, despojémonos de viejos ropajes que nos tienen presos, bañémonos desnudos en la mar océana, en un ritual mágico en que mueran los pasados y nazcamos de nuevo a esta vida que juntos iniciamos.

XXX

Hoy batallo con las legañas que apresan a mis párpados, quisiera abrir mi mirada a los nuevos horizontes que la primavera me regala. Hoy no tuve insomnios, ni pesadillas que me despertaran, hoy me he mecido entre sueños reviviendo tu despedida.

 Los almendros coloridos anuncian el regreso de la vida, la muerte de los ayeres fríos, aquellos días brumosos y húmedos en los que caminaba perdido, ahora el sol madrugador ilumina radiante el azul horizonte, me invita a navegar entre las aguas tranquilas, a levar anclas, largar las velas y surcar el mar sintiendo como la brisa ondea mis cabellos, acunando mi nave entre las olas, invitándome a zarpar solitario en una larga singladura.

Sin embargo, en el fondo de mis entrañas se agita la tormenta, sigue presente el gélido invierno, esas soledades que arrugan mi mirada, la destiñen, mudando mis azules por los grises tristes. Ansioso busco el calor de tu compañía, tus cálidos silencios, el apareamiento de las neuronas que construyen puentes uniendo las distancias, llenado los huecos de la ausencia de no ver tus gestos, de no sentir en mi piel tus caricias ni en mi boca tus besos.

Quizás sólo sea un deseo, el deseo de tenerte a mi lado por las noches en la cama, de despertar a tu lado cada mañana y asirme a tu sonrisa llenándonos de esperanzas.  Pero tu no crees en los milagros y te escondes porque tienes miedo a reconocer este amor que intuyes en lo más profundo de tu alma.

Ayer que la zozobra te angustiaba, me cerraste tu ventana, yo como una estatua inerte me quede petrificado, mirando al trasluz de los cristales como tu sombra se agitaba. Déjame que te confiese que te comprendo, que no es sólo tuya esa agitación que sientes, que también me ocurre a mí, que yo también estoy confundido, que mis latidos también se aceleran cuando te veo tan cerca, que mi piel se ruboriza cuando te acurrucas en mi pecho y me muestras a la niña tierna que llevas escondida tras esa pose de mujer seria.

 Quizás estas raras sensaciones sean los síntomas de esa fiebre que cantan en sus versos los poetas, quizás nos hayamos contagiado de ese mal caprichoso que despoja la cordura, que te infecta de delirios febriles y nos vuelve un poco niños. Y me pregunto si serán estos los primeros síntomas de ese estado de locura, tan común en las almas enamoradas.

II FASE 

I
Es Hay días, como me ocurre hoy, que cuando despeino mi mirada, la luz de la mañana inunda de vacíos mi estancia y evoco aquellos marchitos amaneceres de otoño que entre juegos y palabras, llegabas puntual a mi cita y te contaba mis insomnios.
Llegó el invierno y con él llegó el frío intenso, se resecaron mis hojas y una mañana de vendaval emigraron con el viento. Ahora que la primavera me despierta y nuevos retoños asoman tímidos sus brotes, percibo tu ausencia, aquellos juegos, aquellos buenos días que me dedicabas, aquellas risas y aquellos besos. 
¿Dónde fueron a parar las palabras? Dónde que no las encuentro y mira que las busco y rebusco, en el fondo del armario sólo hay vacíos, en mis bolsillos anidan nostalgias y entre mis sábanas un inmenso vacío. Me levanto sonámbulo y me aseo, pero al mirarme en el espejo asoma caprichosa sin llamarla mi mirada de ojos fríos, una mirada de reproche me pides cuentas, me acusas de ser el responsable de tan grande pérdida, yo me quedo mudo.
Pero hoy que te he soñado, perdida entre las líneas de un poema, sin comas ni puntos, ni acentos ni puntos suspensivos, allí estabas tu, desnuda, desvelando ante mis ojos que no fue la muerte la arrebatadora, que no es olvido tu silencio, que aún palpitan en ti latidos y a tu piel la recorre el frío de la carencia de mis ternuras, que me buscas sin encontrarme, me tus ojos otean en el horizonte en busca de un punto para imaginar que es mi nave que regresa a tu puerto como antaño arribaba cada mañana.
Y hay días, como me ocurre hoy, que zarpo desde el mar de la tinieblas y con la velas desplegadas navego a tu encuentro. 

II
Ayer en ese lapsus que parece eterno, esa efímera eternidad en que domina mis desconciertos el puntual insomnio de cada noche, salí al balcón a fumarme un cigarrillo, allá a lo lejos, suspendida del firmamento, estaba melancólica la Luna. Su rostro de gesto triste, como todas las noches en que mengua su galanura, hizo un guiño cómplice y me propuse seducirla. 
Nunca la había visto tan dulce, quizás fuera porque yo daba vueltas en mi cabeza al problema que estos días me acucia, cómo puede ser que amando a una dama puedas provocarle dolor, meditaba danzando entre mis dudas y la Luna se interesó. 
Le narré mi extrañeza, le conté con detalle como me encuentro perdido en un laberinto de dudas, y ella, amable y tierna, me acurrucó en su regazo y comenzó a atusar mis cabellos despeinados. Quizás fuera el contacto de las yemas de sus dedos resbalando por mi piel, quizás las ternura del roce de sus labios, o quizás esa forma tan picara de dilatar su pupilas cuando me mira. Yo sin darme cuenta siquiera, sentí mi piel erizada, el ritmo de mis respiración entrecortado y se aceleraron mis latidos. Fue todo muy deprisa, su piel arrugándose en la mía, sus labios humedeciendo mi boca, sus senos apretados a mi pecho y entre sus muslos, ansioso por penetrarla, erecto se abrazaba mi virilidad. Lo que después ocurrió permitidme que no lo cuente, esa sensación calidad flotando en sus humedades, el aroma embriagador de su néctar en mi boca mientras que me rodeaba el cuello con sus piernas y acariciaba, entre gemidos, mi cabeza. 
No recuerdo cuanto tiempo duro ese vivir en el cielo ni cuando rendido caí en sueños, solo vagamente recuerdo que regué con mis fluidos cálidos su lecho y descendí por un tobogán de pasiones hasta el fondo de sus entrañas, caminamos por los floridos senderos de sus campos elisios y cuando arribamos al lugar donde la luz se hace canto, y las estrellas se convierten en un coro de ángeles, descansé durante el resto de la noche como si fuera un bebé recién nacido.
Hoy el sol de la mañana hizo de gallo y me cantó una alborada, los jilgueros, esos que anidan en el cedro que ornamente mi paseo, estaban más bulliciosos que antaño, los madrugadores transeúntes que invaden la calle que discurre bajo mi ventana, caminan sonrientes. Quizás esta noche la Luna les contó nuestro secreto y al verme entre legañas asomado de nuevo a la ventana, percibieron en mi rostro la alegría que me acompaña durante este nuevo día.

III
Desfilan uno a uno los minutos, la noche se viste de largo, comienza la danza, el deslizarse entre la sábanas sin encontrar los bostezos que me hundan en la quietud del sueño.
Si he de pasar la noche solo, en compañía de mi insomnio, dejaré volar mi fantasía y jugaré con los sueños, recordaré aquellos días que hoy me parecen lejanos, aquellos que entre pudores me pedías un beso, alargaré ese beso llenando con él el espacio negro de mi habitáculo, será el contrapunto de esas sombras alargadas que se cuelan por mi ventana, esas sombras que asemejan fantasmas, haré de aquel primer beso la razón de esta noche eterna, que la que si tenerte a mi lado, te siento tan cercana. 
Y me pides que no te sueñe, que puede hacerme daño, como si temieras que las cicatrices que tatúan mi piel se pudieran abrir de nuevo, son viejas heridas que ya no sangran, llagas cerradas con la ignominia, desangradas de tanta lágrima como vertieron durante muchas mañanas de ausencias convocadas. 
Y asan en procesión lenta uno a uno los minutos, parece que quisieran reunirse todos juntos para edificar una hora y otra hora embutidas en silencios, que larga se hace la noche y que alejada esta tu distancia, pero no desfallezco, se que ya próxima viene la mañana, que de nuevo el sol limpiara mis legañas y resucitaré de este insomnio que no me aporta nada. Y viviré de nuevo con sonrisas estrenadas, y me calzaré nuevas alas, y aunque olvidar no pueda, ceñiré a mi cintura una alforja donde hundiré mis memorias, para seguir el sendero que me aleje de ti y de tu recuerdo.
Hoy llueve y tengo prisa, prisa por escapar tan lejos como pueda de esta noche larga, hundirme en las rutinas sin girar hacia atrás las miradas, ser parte de este hastío que cada día se desposa con la monotonía, ser un número en una larga lista de anónimos personajes que pasaron por tu vida como pasan los días, sin dejar huella ni edificar compromisos, ser un poco de nada, o quizás, si tu generosidad es grade, ser una vieja memoria oxidada, el recuerdo tenue de una noche teñida de pasiones, el hombro desnudo donde un día lloraste, el amigo sin rostro que supo escucharte o la sombra alargada de una perdida mirada.

IV
Hoy tuve un dormir tan profundo que en algún momento extravié mis sueños. Me acosté a la hora en punto, cuando mis pestañas se abrazaban arrastrando con ellas los cansinos párpados, se ocultaron mis ojos a la luz de las estrellas, mi mente despegó sin rumbo entre una nube de fantasías y una tormenta de deseos.
Fue como un sutil soplo, una noche consumida en la nada, una mota de polvo en mi existencia, juguete del destino y el cansancio. Y hoy amanezco como si nada hubiera ocurrido, como si me hubieran hurtado esas horas perdidas en el letargo y me interrogo que para qué nos sirve el dormir, si es como una muerte a plazos, rodajas de vida que se esfuman sin vivir, cuando el vivir es tan efímero. 
Y me digo, si al menos hubiera soñando y recordara el sueño con nostalgia, si en el sueño a ti te hubiera soñado, si contigo lo hubiera compartido, podría rascar entre los resquicios y encontrarle algún sentido, pero no, nada recuerdo de esta noche baldía, ha sido como cuando se tiene el agua entre las manos y la ansiedad producida por la sed tambalea los dedos, dejando escapar entre las grietas, gota a gota, todo el caudal. 
Ahora que mi mente se despeja, me fijo en el río, ese río que miro cada día, que discurre mudo frente a mi ventana, siempre es el mismo y siempre lo miro de un modo diferente, y no por capricho, sino porque así de distinto se me ofrece cada día, pero hoy me pregunto si todo ese caudal que arrastra, que pronto morirá en la mar, será el mismo caudal, el mismo agua de cada día. Yo mismo me respondo, cada día el caudal es distinto, como distintas son mis noches, agua que se pierde en la mar, horas de sueño que pierde mi vigilia. Y se pierden mis horas, esas horas vacías que no comparto contigo, esos minutos eternos de vacíos, esos que tú y yo juntos podríamos llenar de sentido, aunque sólo fuera acariciando silencios, disfrutando de esas miradas que me desarman o gozando, como gozábamos cuando desnudos nos amábamos.
Así se me fue tu amor, como esta noche se me ha ido, sin ningún sentido. Y tú me dirás, jsutificándolo, que fue por nuestro bien, que no teníamos confianza, por la distancia, porque tu tienes compromisos y yo tengo una mujer en mi casa, porque ya no me amas, o simplemente, porque te dio la gana. Pero no te engañes, cada minuto que no compartimos juntos, son como estas noches de sueño profundo, NADA. 

V
Creo que por fin descubrí el secreto, tuve que peregrinar una vida hasta arribar al otoño para desvelar la razón de mi insomnio. No eras tu la culpable, no. Era mi mente ciega, el no saber soñarte. Ayer me sumergí bajo la marea de sábanas, me arropé con la seguridad que da el conocimiento y me arrullé meciéndome entre tus versos, evoqué cada palabra de esos poemas de amor, esos que cuando los leo me hechizan y en mi egoísmo me engaño afirmándome que soy yo tu inspiración. 
No sé cuanto duro la memorización de tus versos, lo que si recuerdo es como lentamente me iba sumiendo en un letargo placentero, hasta fondearme en el lecho sereno de un arenal bañado de aguas cálidas y mis ojos se rendían en medio de la batalla, cada palabra de tu poema resonaba en mis entrañas como un eco que se desplazara por el laberinto de mis vacíos llenándolos de esperanza, en cada recodo iba dejando una semilla que irá germinando en un optimismo vital, exiliando mis melancolías, agitando mis espectativas, abriendo de par en par mis neuronas y mostrándome en el espejo de la sabiduría que no es lo importante el que me ames, sino el cómo te amo yo. 
Sí, ya no me importa perderte ni gozar nuevamente de tu mirada, ni suponerte en los brazos de otro señor, ni saber que tus besos tienen otro destinatario, lo que de verdad importa es recordar que hubo un ayer en que entre las penumbras de la discreción te hice mía y tu me susurraste que me querías. No debo llorar por lo que perdí, sino alegrarme de lo que tuve, y es en ese estado de alegría, cuando revivo tus besos y tus caricias, que mi latidos se acompasan al ritmo de la noche, se dibuja en mis rostro una sonrisa de estreno y el peso de mis párpados echa el telón en el escenario de nuestro drama y te imagino corriendo hacia mí entre bambalinas, me abrazas, me besas y en ese instante me quedo dormido.
Ahora lo entiendo, en nuestra despedida me hurtaste o se me extraviaron las fantasías, esas fantasías que ahora duermen a mi vera, esas que me acompañan antes de conciliar la paz con mi espíritu, esas que te sueñan, esas que me hunden en un océano de somnolencias. Y me interrogo, cómo puede ser que siendo tan fácil yo fuera tan torpe de no darme cuenta. Que haya derrochado una vida agitándome entre insomnios, primero por imaginarte sin conocerte, después por amarte y en el otoño por perderte, con lo sencillo que era compartirte en mis fantasías, desterrando el insomnio y aliándome con el descanso, ese que llega en silencio y se cuela por mis rendijas, dejando muerto por unas horas para con la nueva aurora resucitar al mundo de las rutinas.
Y ahora, que ya te he contado mi secreto, perdóname que salga escopeteado, fuera en la calle diluida entre las rutinas me está esperando la VIDA.

VI
Esta noche con su mañana encadenada he recorrido un largo camino, el trecho que separa el cielo del purgatorio y he acampado a las puertas del infierno. La noche cayó despacio en una reunión de amigos y un cena tertuliana. Un momento apacible, como imagino que será el cielo, Buena charla, buena mesa regada con una buena copa de vino. Las despedidas y un ruego de un amigo: -Vamos a tomar otra copa que quiero hablar contigo.-
Y me tomé la copa, un trago largo de ginebra con tónica, al que siguió otra nueva copa y otra y perdí la cuenta. Hacia la tercera ya la conversación se había perdido entre los vapores etílicos y mis miradas y mis manos rozaban otras caras y otras espaldas. El encuentro fortuito con una amiga, el juego del coqueteo con una desconocida, el vamos allí que estamos más tranquilos, el dame la mano y salimos a la pista, el tiempo consumiendo cigarrillos, la mente buscando los escondrijos por donde colarse hasta las intimidades más sutiles de la dama, el sol asomando tímido para anunciar la mañana y yo corriendo entre las calles desiertas para llegar a mi cama antes de que los párpados de los míos se abrieran.
Mañana de sudores fríos, lo más parecido a como intuyo será el purgatorio, el sudor resbalando por el entrecejo, el estomago reivindicando su dignidad con una huelga de hambre, la garganta ronca expulsando las cenizas de una noche de humos cancerígenos, la mente tratando de llenar los huecos vacíos de la memoria, en mis manos el temblor de la agonía llamando a las puertas del infierno. 
Una noche baldía, sin insomnios ni sueños, ni tan siquiera pesadillas, una noche entre humos, alcohol y un cuerpo ajeno que ya ni recuerdo, las miradas ensayadas y los falsos te quieros, sinónimos de deseo, toda una mentira escenificada en el más prosaico de los teatros, el teatro de la vida, de esa vida descuidada que nada me aporta y me mata.
Hoy arrastro su resaca, como quien arrastra la cruz de la imbecilidad, sin tener respuestas a los porqués de ser tan crío, un necio disfrazado de interesante, una noche perdida deambulando entre la nada.

VII
Me estoy hartando de estas noches profundas en las que no despierto, esta muerte por entregas que me roba ocho horas cada día, y me pregunto, si no serás tú, noche profunda, igual que aquella dama que me hurtó las ilusiones.
Ayer me acosté tras leer tu misiva, anónimo mensaje que dejaste en tu cobarde huida, tienes miedo a enfrentarte cara a cara con la verdad desnuda, con la frialdad con la que el tirano firma la sentencia, así me abandonaste un día, dejándome huérfano de amores y mortalmente herido mi corazón desahuciado, no conocías que las mareas fluyen en dos direcciones, que a toda noche se le encadena un nuevo día, que tras el frío del invierno despierta una nueva primavera y que tras tu abandono, retomaría mi camino.
Nací en la orilla del mar, en sus olas me acunaron y en su horizonte me perdí navegando sin rumbo, arribe a muchos puertos y en el tuyo quise fondear, cansado ya de tanta tormenta, cortaste la amarras del pantalán donde atraqué, quitaste las rocas que sujetaban mi ancla y mecido entre las olas, sin rumbo, comenzó mi deriva. 
Hoy duermo como un niño, mecido entre sábanas limpias, despierto cada mañana y me miro al espejo, me sonrío mientras musito con voz queda unas palabras de ánimo a ese rostro legañoso con el que me reflejo, me aseo y parto hacia ese otro mundo que hay más allá de mi puerta, y disfruto al ver la vida fluir sin reproches, sin silencios sepulcrales, ni exigencias ni engaños. Tras un día se encadena otro nuevo y así día tras días mi barco se aleja de tu desprecio e intuyo que ya esta cercano ese día que otros candiles, otra sonrisa me despierte demi letargo y germinen nuevos insomnios.

VIII
No rayaba aún la noche cuando la sombra alargada de tu presencia encandiló mis neuronas, moría lentamente la pastosa tarde del sábado, tus contradicciones llamaron a mi puerta y prestó corrí a descerrajarla, la entreabrí para que no te asustaras al ver el desconcierto que reina en la alcoba donde desbrozo mis insomnios, no te importó, un poco ruborizada por la escena y otro poco por tu presencia de nuevo en mi casa, tus palabras titubeaban. Te resistes a aceptar tus sentimientos y divagas entre largas explicaciones para concluir que todo ello se resume en un: Te quiero mucho.
Y juntos fuimos recordando viejas escenas retratadas en imágenes, prestándonos miradas, traduciendo acepciones y escarbando en las palabras, sin saberlo íbamos acercándonos de nuevo hasta que entre sollozos te refugiaste en mi pecho desatando pasiones dormidas, reivindicando besos, compartiendo caricias y de nuevo, absortos, volvimos a recorrer el camino que nos condujo al cielo.
Te habías prometido no volver a hacerlo, promesa sin sentido, vacua palabra que destierran tus deseos. Me hiciste feliz en la antesala de mi noche. Hoy de nuevo he dormido en un profundo suspiro, tu aroma impregnando mis sábanas, tus gemidos colgando de la lámpara y en las paredes aun resuenan tus últimas risas. Perdí la vigilia apoyado en tu pecho y me dormí como un bebé besando tus senos. Qué bello es despertar y verte a mi lado dormida, los ojos cerrados, la boca entreabierta, la respiración profunda y tus manos sobre mi cuerpo. Te azoras al oír el canto del gallo, te levantas como si un resorte de empujara, corres al baño vestida de legañas y sale maquillada, te aferras al bolso y corres hacia tu casa. Mientras desciendes los escalones de tres en tres, giras la cabeza, me guiñas un ojo y te despides sin ni una sola palabra. Y me abrazo a mi soledad cubriéndome con tus evocaciones, y me interrogo preguntándome si llegará el día en que no haya mañanas con prisa, que juntos desayunemos, prolongando la noche de dichas, si llegará ese día que compartamos desde la noche de un día hasta la noche final de nuestra vida, siempre con la misma sonrisa pudorosa con que me miras cuando al final de nuestro encuentro amoroso te miro a los ojos y susurrante me dices... te adoro amor mío.

IX
Es curioso el despertar de los lunes, el canto del gallo es más estridente, menos canto y más lamento y trasporta a mi recuerdo aquellos tiempos que yo también era un autómata, épocas en las que vendía mi tiempo por un salario, y viajaba cada mañana desde mi casa al infierno, a vender mi alma por un puñado de monedas. Los lunes por la mañana casi ni hablaba, caminaba silente hasta asentar mis glúteos tras la mesa de mi despacho, todas las conversaciones se centraban en el fútbol de la anterior jornada, como a mí no me interesaba, cerraba la puerta y soñaba. Hoy es más lunes que otros lunes, lo veo al asomarme a la venta, lo oigo en el bar donde desayuno por las mañanas, hoy no es de fútbol de lo que hablan, hoy discuten de política, de las elecciones que ayer dictaron sentencia condenándonos a cuatro años de vigilia, adorando a nuevos ídolos, mortificándonos nuevos demonios. Hoy vociferan más que de costumbre estos autómatas, todos ellos han acertado en sus presagios, todos con pequeños matices dicen que ha ocurrido aquello que ellos vaticinaron y me pregunto si serán necesarias las votaciones si nunca cambia nada. Los lunes seguirán siendo lunes aburridos en sus mañanas, seguirán las mismas conversaciones que los lunes de anteriores semanas, las mismas caras pétreas, las mismas miradas muertas.
A veces me dan ganas de gritarles, intentar despertarles de su pesadilla, explicarles que se necesita muy poco para vivir, que no vendan su tiempo por unas monedas, que se vive más mirando los ojos de un dama que enterrarlos entre las letras de un documento, que da más placer pasear por la orilla de la playa sin un euro en el bolsillo, que llevar el bolsillo repleto de euros y encerrarse entre las cuatro paredes de la cárcel donde trabajan. 
Me encanta verlos pasar muy de mañana desde mi ventana, corren con paso acelerado, parece que fueran al cielo o al encuentro con un amor secreto, pero que va, ellos van al infierno a encontrarse con sus demonios, a maldecir su infortunio y los muy tontos, van corriendo. Yo les sonrío y me pregunto qué dichas anidaran en sus entrañas, cuáles serán sus sueños, si ellos serán más felices que yo, si al volver a casa después del trabajo les espera un amor verdadero, si al acomodarse en su nido cantan. Triste sería que al volver al hogar se dieran de bruces con nuevos hastíos, nuevas aburridas monotonías, nuevos silencios, una televisión muy grande y un enorme vació.
Creo que cerraré la ventana, dejaré de observar a mis paisanos, me vestiré de negro luto y saldré a dar un paseo. Mejor no desentonar con el ambiente, así que pondré cara triste, mantendré un sepulcral silencio, iré a pasear a la orilla del mar, dejando grabadas mis pisadas en la playa, meditaré sobre mi vida y dejaré que cada cual derroche la suya como le dé la gana.

X
Qué hechizo tendrá la noche que nos empuja a verlo todo más negro, por qué los problemas son más problema, los miedos más miedo, las angustias más angustia cuando el manto lúgubre de la noche nos cobija en la antesala de los sueños. Y qué poder milagrero tiene el día para mostrarnos la realidad más clara, los problemas más solubles, con más valor para enfrentarnos a los miedos y más llevaderas las angustias. Quizás el fluyo de la luz vaya íntimamente unido al flujo de la vida y en nuestra debilidad seamos más débiles en las horas de insomnio. Pero sin embargo, también es cierto, que bajo el influjo gitano de la noche vivimos con más intensidad nuestras fantasías, es en la noche cuando más cerca tenemos los sueños, tan cerca que, a veces, hasta podemos rozarlos con nuestros dedos.
Las noches son como la Luna, unas son pletóricas y otras vacías, una noches tenemos tan cerca al ser amado por muy distante que se encuentre y otras, por el contrario, entre nuestras sábanas solo encontramos vacíos, por muy cerca que esté de nosotros nuestra amada. Debe ser la magia de la noche o el enigma que anida en nuestras almas, nuestra vida nos son eslabones unidos que formaran una cadena, más bien es un laberinto que la final de cada pasillo se encuentra con otra sendero diferente, con otro momento contradictorio y conflictivo.
A veces es todo tan sencillo y lo convertimos en tan incomprensible que nos extraviamos, conocemos nuestros deseos y los reprimimos, nos conocemos de memoria el camino y nos perdemos, sabemos que tras la noche llegara el día claro, pero lo ignoramos, engañándonos, haciéndonos creer a nosotros mismos, que la noche será eterna y que no tendrá final el camino.
Hoy no te soñé ni dormido, ni despierto, hoy mi mente se estrujaba buscando respuestas al problema que ayer me plantearon, ahora con la mañana todo lo veo claro, para jugar una partida antes hay que repartir la baraja, cada uno tiene sus cartas y no está permitido hacer trampas. Hoy no volaran hacia ti mis evocaciones, les he cortado las alas, hoy no habrá encuentros entre las dudas, no habrá palabras regaladas, hoy reinará en silencio y espero que siga reinando mañana.

XI
¡Qué sueño! Fueron ayer mis últimas palabras de despedida, tras pronunciarlas me encamine hacia el lecho, me sumergí entre las sábanas y me acomodé como se acomodan los fetos en el útero materno, velé mi mirada y deje vagar errantes mis fantasías. Estaba ya en trance, en ese punto incalificable entre la vigilia y el sueño, cuando entre las somnolencias vino a mi mente el eco lejano de una voz rugosa que me desvelaba tu secreto. Manifestaba el rumor aquellas mismas palabras que a mí regalaste como una justificación descubriendo tu jugada, siempre la misma partida, siempre con las cartas marcadas. 
Hoy me despierto envuelto en olvidos que se asemejan a esas luces de neón que tienen los comercios en tiempos de rebajas, ofertas engalanadas en papel de regalo, cajas ostentosas que envuelven muy poca cosa, ofertas de buhonero en día de feria. Me asomo a la ventana. Mis geranios ya están floridos y el coro de jilgueros que anida en el cedro de en frente me devuelven a mi cotidiana realidad.
Hoy presumo que viviré un día sin altibajos, sin euforias ni desagrados un día marcado en rojo en mi calendario. Quizás hoy pueda escribir con esa distancia necesaria, llevo retraso en mi trabajo, la próxima semana es semana de estrenos, y tendré que recitar ante un numeroso auditorio un rito pagano, conjurarme con las meigas para curar ese mal del alma al que los gallegos llama meigallo. Las pasiones me alejan de la escritura seria, me empujan a jugar poetizando, a regalar palabras alineadas en versos, dibujando estrofas como quien hace un retrato del instante preciso, pintándolo con rojos pasionales o negros enlutecidos, con lilas femeninos o rosas lúdicos. Sí, hoy me siento frente al papel en blanco, lo miro de frente como si estuviera en un duelo, esgrimo mi lapicero afilado y lo reto. Así pasa y pasa el tiempo, unos segundos, un minuto, media hora. No fluyen las palabras, no mana agua fresca de la fuente de la inspiración y el folio, recién planchado sigue estando inmaculado.
Me rindo, hoy no es día de peleas, ni retos ni inicuos duelos, me iré al foro a inventar amores a los que regalarles un poema, a vivir las fantasías fingidas, a dejar volar la imaginación lejos de este mundo de hastíos, vestirla con alas de ángel o cola de demonio, a derramar lágrimas o dibujar carcajadas, total qué más da, si todo en la poesía es pura y simple fantasía.

XII
Perdido en la inmensidad de las sombras, sin recuerdos ni remordimientos he pasado la noche. Me despierto, como cada día, pero hoy con el susurrante rugido de los coches, hoy no ha sido la luz la causa de mi vigilia, sino el brusco griterío metálico de una bocina, algún autista al que despertó el brusco frenazo del vehículo que le precedía, siempre van tan deprisa para llegar a su infierno, recorriendo cada día el mismo sendero, los mismos silencios, buscando entre las calles un hueco donde hospedar su caballo moderno durante esa eternidad que pasan enclaustrados entre las cuatro paredes de una lúgubre oficina. Me pregunto si esos autómatas se habrán enterado que es primavera, si les importará saberlo, si eso de las estaciones será cosa de necios o románticos anacrónicos. 
Es curioso como vivimos, desde que abandonamos la sociedad agrícola a nadie le importa un carajo el mundo ni sus flujos. Ha surgido una nueva especie de niños mal consentidos que se dicen amantes de la naturaleza y cuando les preguntas cual fue la última noche de luna llena, no tiene ni puta idea. A veces aún me acerco al muelle, a charlar con los viejos, esos que siempre miran al mar en silencio, con su pitillo pendiendo en unos labios arrugados, su cabeza ornada con una boina y sus conversaciones en torno a su amada, esa mar que un día fue su amante y que al envejecer se fue con otros marinos más jóvenes. Me gusta estar con ellos, recordar aquellas mañanas en la aldea, lo primero que hacía al despertarme era mirar las chalanas, si emproaban al sudoeste o por el contrario miraban al nordeste. No hacia falta más datos para predecir el tiempo de esa jornada, el viento era nuestro único presagio y rara vez fallaba. Recuerdo las lunas, esas que ahora cantan los poetas, nuestras fieles compañeras la luna llena y la luna nueva, la luna sin medias tintas, cuando reinaban en la noche era la época de bonanza, las mareas entonces eran más vivas y podíamos mariscar el percebe.
Y te preguntarás a que viene esto, pues viene a que te veo a ti como veía a la luna, que ha veces me llenas y otras me dejas vacío, que me alumbras con todo tu esplendor unos días y otros me ignoras. Y me pregunto si a ti también te influyen los flujos, si eres como la mar, plena o vacía, si sube y bajas al ritmo de las estaciones, si las arenas de tus ojos se encharcan y se secan como la arena de las playas, si tus dudas no son tan dudas, si sólo son tus neuronas las que marcan ese ritmo que no logro descifrar y por eso recurro a la mundo que me rodea, busco una explicación racional que me ayude a entenderte, saber si somos o no somos amigos, porque la amistad, ya te lo dije un día, no es como la luna, ni como las mareas ni como las estaciones del año que cambian día a día. La amistad amiga mía es un edificio que se construye sólido, como dice los taoístas: "El edificio se sostiene por lo lleno, pero es útil por lo vacío" sólido es su sustento, la razón misma de la amistad y el vacío son las necesidades que debemos colmar en el amigo.

XIII
La cena se dilató con una generosa sobremesa, enmudecieron las gaitas que había estrenado la noche, retiraron los platos, las tazas y como mudos testigos de las largas horas de holganza solo las copas de aguardiente esperaban el toque de retirada. No fue prolongada la despedida, simples adiós o hasta mañana antes de zarpar hacia los sueños.
La noche me cubría con su manto de silencios, camino de casa el sonido tímido de una campana me dio el aviso, un mensaje en mi teléfono con una lacónica frase, mi ficción me reclamaba, eras consciente de la soledad que te embarga, llorabas.
Corrí cuanto pude, como se galopa cuando la muerte te persigue, no huía de la noche que me acogía, me precipité hacia ti, a encontrarme con tu mirada, con tus sollozos y tu destierro.
Llegué tarde, estabas ya en la cama, batallando en tus guerra de sinsabores, desafiando a la vida. Llamé a tu puerta, desempolvaste tus bostezos y tímida me abrazaste.
Fui despacio abriendo las grietas de tu alma, necesitas tantas ternuras en ese momento que no pude cumplir mi juramento, mis dos primeros besos, en tus párpados, enjugaron tus lluvias, mis dedos acicalaron tus cabellos, y tú tan mujer, te acurrucaste como una niña sobre mi pecho. Te dejé llorar mientras musitas entre susurros tu desdicha, mientras implorabas esperanzas. Te mecí hasta que tu mirada se clavo en la mía y tu boca entreabriera me rogaba que la besara. Te bese como se besa una flor, rozando los pétalos de tus labios, me abrazaste y el fuego ardió en nuestro cuerpos. Te hice mía mientras a ti me entregaba. Nos amamos entre mieles de romero, no murió en los espasmos nuestro cariño, se alargó con un cigarro que juntos compartimos, se prolongó en las miradas y las caricias que de mis dedos en tus cabellos, nos mecimos en silencio hasta que las lágrimas se secaron, hasta rendirte al sueño. Te recosté sobre mi brazo, velando tu noche en mi regazo. Me gusta mirarte cuando duermes, en tu rostro se pintan inocencias, entreabres la boca dejando asomar tímidos tus dientes, tu respiración se lentifica hondamente, paso mi dedo por tus labios e inconsciente les regalas un beso.
Hoy te despertarte sonriente, desterraste las legañas y las penas, sabes que estas muy lejos, que es inmensa la distancia que nos separa, el tiempo que contamos en colillas, los buitres del recuerdo al acecho y la historia que no nos deja pasar de página. Pero hoy sabemos que es nuestra la esperanza, que todos los males que despertó Pandora esos que no quieren que nos encontremos, no podrán frenar nuestras pasiones, ni cegar nuestra realidad, esa verdad que fluye día a día desde el fondo de nuestras vísceras. 
Tú lo sabes, ¿verdad? Sabes que te quiero.

XIV
Pasó el día como pasa el estío, angosto sin la humedad de tu presencia. Llegó la noche y me cubrió de vacíos. Y me pregunto dónde se hallará el vértice de mis ansiedades, el porqué te necesito; si estás presente, en mi rostro se dibujan sonrisas; si no te hallo, busco bajo las piedras las huellas de tus pisadas, descifro el tiempo trascurrido desde tu paso por mi camino. Y corro, acelero el paso, sin desmayo voy a tu alcance y cuando llego a las tabernas del camino, me dicen que ha tiempo que has partido.
A veces me pregunto que fórmula química se conjuga en nuestros adentros para provocar estos sentimientos, cada día en mis paseos, veo cientos de mujeres, algunas son feas, la mayoría son corrientes, un pequeño número son damas de altos vuelos y sin embargo, ninguna, ni bella, ni fea, ni corriente, acelera mis latidos, ni me provoca tartamudeos, ni esas coquillas que siento cuando tu estás presente. Será alguna esotérica alquimia la que tú tienes para hurtarme el pensamiento. Si te dijera, quizás no me creyeras, que en tu ausencia paso las horas con tu recuerdo, en mis paseos te muestro mi ciudad, te presento a mis amigos, te descifro símbolos y gestos, es como si fueras mi perpetua compañera de vivencias. 
Hoy me despierto con tus cantos de sirena y ya mis manos tiemblan, no encuentran la tecla exacta donde expresar con nitidez las sensaciones que me despiertas y quizás, tengas razón, que esto no sea amor, como tú dices, que sólo sea un espejismo, una ceguera momentánea que nos deslumbra, un soñar despiertos, un relleno para los insomnios, un duende travieso que nos despista en todo aquello que estamos haciendo, si quizás tengas razón y tú no me quieras, que todo en ti sea un juego, un modo cualquiera de pasar tu tiempo, una especie de crucigrama donde desgranas palabras tiernas, pero créeme amiga del alma, esto que yo siento, sea lo que fuere, me está dando miedo. 

XV
Esta noche, como tantas otras, deseaba soñarte, ser cómplice de tus inquietudes, parte de tu futura historia, ser a tu lado peregrino que camina en pos de nuestra meta común, pero para qué engañarnos, esta noche no te he soñado, esta noche se reflejó mi rostro desgastado en el espejo de tus versos, en tus testamentos de soledad, entre las lágrimas que apagan tu orgullo.
No, hoy no te soñé ni te soñaré mañana, es mejor no seguir soñando o estallarán las pesadillas. Tú vives tu batalla, esa guerra incruenta donde la única víctima será la sangre que de tu corazón se derrame. Es duro subir y bajar este camino, sus pendientes son tan pronunciadas, que un hombre de mi edad no puede superarlas. Sigue anclada en tus silencios, fondea tu alma en la bahía de las nostalgias, mi barco no lo calafatearon para ser remolque de lastres, lo armaron para navegar entre brumas de esperanzas, hoy parto en silencio y mientras zarpo alejándome poco a poco de tu puerto, miro hacia atrás con melancolía, siempre es dura la partida, en cada puerto dejas un poquito de ti mismo, dejas hilos imperceptibles de recuerdos, hilos que nos recuerdan nuestra propia historia.
Llueve, el día gris y amenazante que muestra las realidades desconchadas de las paredes de mi casa, la falta de luces de neón que iluminen mis soledades, hoy yo también estoy solo, sin sueños, con las crudas realidades del soñador que despierta.
Quizás tengas razón y esta empresa solo sea una quimera, que en el océano yano quedan tierras por descubrir y toda navegación sea dar vueltas y vueltas a una noria sin sentido para llegar siempre la mismo punto desde donde no se divisa la vida.
Hoy dejo atrás tu posada y te presto una última mirada mientras mis pies, paso a paso, me alejan definitivamente del umbral de tu casa. Aeternum vale.

XVI
Ayer por la tarde acudí a su entierro. Fueron tantas las ocasiones en que me ofrecí a acompañarla en sus paseos y tantas la negativas con que se justificó, que ayer no pude resistirme y quise acompañarla en este, su último paseo, recorrer juntos la distancia que separa la muerte del infierno.
Tuvo siempre su corazón tan henchido de sí misma, que en su sepelio no le cupo nadie más, sólo yo. Yo y tres encorbatados operarios de la funeraria. Alguna compañía de seguros le subvencionó una corona de crisantemos con una leyenda escueta: "Tus amigos te recuerdan"
-¿Qué amigos? Me pregunté en silencio.
La comitiva la abría el carro fúnebre y la cerraba mi vehículo, entre ambos la nada, o si lo prefieren, una multitud de olvidos. Al llegar al camposanto le esperaba un cura, sotana negra y estola morada, un misal y un hisopo. Las única lágrimas que se derramaron fueron la gotas del agua bendita con las que el sacerdote en su rito regó el ataúd de madera. Yo no conozco los rezos y me mantuve en silencio mientras el cura masculla oraciones en latín. Allí me mantuve firme hasta que los enterradores sellaron su nicho. Sólo entonces me emocioné y quise tener fuerzas para verter una lágrimas por el alma de aquella mujer que vivió siempre rodeada de hombres que la adulaban, pero desterrada en su intimidad a una soledad perpetua.
Cerraron su tumba con una lápida de mármol blanco, entonces yo me di la vuelta, comencé a desandar lo andado fumándome un pitillo. Pensé para mis adentros que no se sentiría incomoda entre tanto silencio, el silencio había sido en vida su más fiel compañero.
Esta noche he aprovechado mi insomnio para, a mi manera, alzar unos rezos por su alma desterrada, mis preces fueron dedicarle mis pensamientos, la recordé riendo, con aquel toque de dicha que se reflejaba en su mirada cuando escuchaba un fado. Y para qué negarlo, yo tendido en mi cama, esboce una sonrisa al recordarla. Le hablé, por si fuera verdad que las almas nos escuchan y le dije con voz queda que la quise, que aunque nunca me creyó, era sincero el amor que le profesaba. 
Se hace la noche larga y mis sueños se acomodan en el recuerdo de su mirada, aquellos ojos ocres, del color de la arena de mi playa, aquel cabello ondulado que siempre me recordaba las olas del océano, aquella melancolía que supuraba por todos los poros de su piel blanca. Creo que me dormí mientras en mis ojos se reflejaba el recuerdo de su cara, nunca recuerdo mis sueños cuando duermo y no puedo deciros si esta noche he soñado con ella, pero juraría que tuve que hacerlo, no pudo ser de otro modo, porque cuando estoy despierto siempre la sueño.
Se fue y está vez es la definitiva, ya no alimentaré esperanzas. Antes se iba sin decir adiós, hoy me concedió la oportunidad de despedirla. Antes iba y venía según sus caprichos, cuando la soledad le oprimía le bastaba ponerme un mensaje al móvil para que yo corriera en su auxilio, ya no habrá más mensajes ni poemas, ni miradas que reboten en el azul de mis ojos. 
Ahora ella descansa y yo con profundo respeto le dedicaré el resto de mi vida un canto de silencio.

XVII
El insomnio, ese por mí desconocido no era más que un recurso, la excusa para escribir sensaciones cada mañana, y lo confieso porque esta noche ha sido una noche larga, muy similar a lo que debe ser la tortura del insomnio. La desagradable sensación de la ansiedad agigantando en la cabeza el problema, la incomodidad de un lecho donde no encuentras la posición de relajo, la angustia lacerando tus entrañas y la impotencia de saber que has hecho inconsciente e inútilmente daño a otra persona, esta noche me hurtó el sueño.
Sería deseable que las narraciones y poemas siempre fueran fingidos, que no tuvieran más eco que la resonancia de sus palabras, que no tuvieran sentimiento, pero desgraciadamente en toda palabra percibimos más allá de su contexto y a veces son caricias que refrescan nuestro rostro, otras son dagas afiladas que cortan nuestras ilusiones. En es esos momentos, cuando eres consciente de la fuerza que pude provocar unas palabras, cuando te invaden los insomnios y piensas si será higiénico el escribir poemas pensando en otras personas.
Esta noche he sido consciente que he producido daño, un daño en el que yo mismo soy el destinatario último de las estocadas que lanzo con mi cinismo poético. Daño que no estoy legitimado a producir a nadie y del que me arrepiento. Bien es verdad que no había conciencia de producirlo, pero el desconocimiento de la ley no te exime de su cumplimiento.
Hoy mi breve narración de mis insomnios es una petición de clemencia y quizás el último eslabón de esta cadena de narraciones matutinas y quizás el principio del fin de mi participación en foros donde los escritos van más allá del simple gusto por la letras y se convierten en vectores de amistad, de relación humana, despertando sentimientos que se balancean entre el cariño y el enfrentamiento. 
Lo siento, no quise herir a nadie.

XVIII
Ayer por la tarde titiló tímida de nuevo la luz de tu candil, transportaba prendida en su memoria los ecos de la esperanza. Sujeté las lágrimas para que no se desbocaran rebeldes, no fue fácil aferrarme a las bridas, despertaste en mí la ternura y mi culpa se hizo más culpa al ver los estragos de tus heridas aún sangrantes.
¿Cómo expresártelo en letras? Si no las encuentro en el diccionario de mis emociones, es todo tan raro, es tan extraño este sentimiento. Tenerte tan cerca estando tan lejos. Percibir que me posees sin haberme poseído. Desearte libre, con alas de gaviota, anidando a mi costado. Amarte como te amo sin pedirte nada a cambio.
Y lo más emocionante es saberte sabia en decisiones, esa habilidad tuya de discernir separando las realidades de este mundo de insomnes que soñamos despiertos. Ser niño y hombre a tu vera; niño tierno que se acuna en tus mimos, hombre fuerte que te brinda protección. 
Es tan bello navegar en el océano inmenso de tus sueños, mantener encendida la débil llama del cirio de la esperanza, saber que puede llegar el día, el día exacto de desvelar miradas, de resbalar entre las paredes de las soledades asido a tu mano, de mirar juntos un horizonte de dichas mientras buceamos en las oquedades de nuestras entrañas. Pero nos es tan difícil vivir la vida, zarpar de monotonías que nos detienen anclados al puerto de nuestras historias, romper amarras que enlazan con pasados nostálgicos, levar anclas entre melancolías e incertidumbres... No desfallezcas, aún tenemos la mirada para perdernos entre la arboleda de nuevas alamedas, sembrar huertas donde fructifiquen manzanos de pasión y esperar al otoño en que maduren los frutos que hoy estamos regando con encuentros aislados en este mundo de fantasías.
No me niegues, no podes las ramificaciones de mi voz peregrina, déjame miraste a hurtadillas, permíteme que te sueñe en estas largas noches de insomnio, en estas noches vacías que se llenan con tu presencia, tus besos y tus caricias

XIX
Por la noche se alargan las fantasías, es la noche la época idónea para dejar volar en libertad todo ese mundo interior que bulle en silencio. Dicen los antropólogos que desde que el hombre se irguió alzando sus patas delanteras y produciendo, como consecuencia, cambios en sus capacidades técnicas y sociales, no llegó a ser hombre en el sentido actual hasta un millón de años después en que alcanzó el dominio el fuego, puso luz a la noche, dándole a las sombras un sentido nuevo, postergó el dormir para poder fantasear viendo el chisporroteo de la llamas. Y fue ese mundo de fantasías el que le hizo soñar con nuevos mundos.
Desde entonces no han pasado muchos años, seguimos siendo los mismos homínidos necesitados de la fantasía. Siendo yo niño nos sentábamos las largas tardes de invierno en torno a la mesa, allí en voz queda los mayores, nos narraban historias fantásticas de estadeas y trasnos, liberando nuestra mente, incitándonos a fantasear e imaginar nuevas mundos.
Así te sueño cada noche, pensando que quizás un mañana vivamos en otro mundo, un mundo en que la noche sea nuestra aliada y la consumamos entre besos y ternuras, un mundo donde las cadenas que hoy nos atan tengan rotos los eslabones, en que tu mirada descanse en el mar azul de mis ojos y yo me recree en la arena de tus candiles. Por qué no vamos a soñarnos, es que acaso es imposible que podamos acunarnos en las mismas sábanas, pintar las paredes de nuestra alcoba con el susurro de nuestras dichas y mecernos juntos bajo la ducha de las legañas cada amanecer.
Las neuronas no sólo son racionalidad, son también fantasía, sueños a alcanzar, nuevos horizontes que se dibujan en nuestra mente, deseos de pintar de rosa el negro presente, ser por fin punto de encuentro, vida.
Suéñame, no te tortures con los límites de la realidad, no agonices en el mar de las soledades, alcánzame con tu fantasía, ven en mi busca cada noche y juntos iremos bordando lienzos de esperanzas, plisando senderos, planchando obstáculos, buscando esa luz que nos ilumine y de color a nuestras miradas.
Yo te sigo soñando.

XX
Se eterniza la noche ebria de tus ausencias, cada día es más angosto sin ti. Conozco todos los rincones de mi habitación, entre claroscuros se llenan de tus recuerdos y maldigo el día en que escribí aquellos versos. 
No voy a inmolarme, prefiero alargar mi agonía, sufrir mi castigo y aceptar tu justicia. Seguiré firme como la enhiesta roca que desafía a la ola, perder grano a grano mis partículas para que fondeen en el arenal de mis nostalgias y allí, en la serenidad de la playa mecerme en el oleaje y esperar a que amaine la tormenta.
Hoy las llamas que prenderé en la noche solsticial serán mi conjuro de llamada, te invocaré entre silencios y me juramentaré con mi alma, eres tú y no otra la que quiero, eres tú y solamente tú el sentido de mi derrota.

XXI
Ayer hice limpieza general, vacié mis cajones de nostalgias, tiré al fondo del cubo de la basura los recuerdos caducos, planché arrugadas ilusiones y lavé la vieja lencería pestilente que escondió un día tus vergüenzas.
Fui apilando uno a uno todas las viejas vivencias para prenderles fuego y que con el humo se alejen de mis entrañas, en lo más bajo coloqué tu hipocresía, esa que me demuestras cada día acercándote con mascara de amiga a todas las personas que de mí puedan darte información, sobre la hipocresía coloque la falsa ingenuidad y más arriba la soberbia y sobre ella, la envidia. Las rocié con chapapote negro, esa pasta que me recuerda tu alma podrida y le prendí candela.
Cuando más altas eran las llamas y el humo ascendía majestuoso vi como de mis entrañas escapaba toda la ignominia, Luego fui a los archivos, busque entre las palabras aquellas en las que me confesabas que me querías, las coloque una a una en papel de tisú, (es ese papel suave de finas capas que utilizamos para hacer pañuelos y papel higiénico) lo enrolle con delicadeza entorno a un mandril de cartón y lo coloqué al lado de mi retrete para que cuando defeque pueda limpiarme con ellas las excrecencias que cuelguen del orificio que tengo entre mis glúteos. 
Pasé el aspirador por cada rincón, debajo de la cama, y sobre la alfombra, aspiré con precisión para no dejar huella de tu paso por mi vida. Luego abrí las ventanas de par en par para que el aire limpio de la noche se llevara los efluvios de tu ajada presencia.
Y quiso el azar que ayer viniera en mi socorro, sin ella saberlo, la amistad sincera, la amistad sin precio, la que se entrega con cariño y nada te pide a cambio. Y se acunó la amistad entre palabras en mi regazo. Estaba cansada, algo azorada por su problemas encriptados y juntos fuimos desvelando los problemas y buscando las salidas que den cauce a nuestras neuronas. ¡Que día más fructífero! Limpie mi hogar y los vacíos que dejó tu pestilente presencia, los ocupó mi amiga Amistad.
He dormido como duermen los niños, un sueño profundo, un sueño reparador y al despertar veo el mundo con otros ojos, con otra luz, mucho más clara y limpia, es la luz de la mañana que anuncia nuevas esperanzas.

XXII
Llega mi nuevo día y con él arrastro un encargo, la Pragmática me pide que le dedique unas líneas de despedida, como si escribir fuera una forma de pago. 
Somos descendientes de la misma madre, la herejía; y no está bien visto en esta sociedad de hipócritas el incesto entre hermanos. Los dos heredamos las mismas virtudes y los mismos vicios, frívolos e ingenuos, construimos grandes palacios sin saber si lo hacemos por capricho o por encargo, los dos destruimos los mitos cuando nos aburre su monótono hastío, estamos condenados desde la más tierna infancia a ser veletas sin rumbo, polvo con el que juega el viento.
Qué ganamos con decirnos adiós si los dos sabemos que cuando arrecien los gigantes vestidos de soledad siempre vamos a encontrarnos, si cada vez que me dices no, yo entiendo que me quieres decir sí, si guardo en el fondo de mis vísceras la cajita de plata donde escondes tus secretos. Y me pides que te dedique un insomnio para despedirnos. Pero si es uno más de tus caprichos, no temas, te dedicaré una o dos líneas para decirte adiós.
Últimamente estoy haciendo limpieza, ya tengo el cubo de la basura lleno, se desbordan les engaños, las falsas poses, la palabras regaladas, está tan lleno de cosas sucias que no podría meterte a ti dentro, prefiero que sigas en tu rinconcito, silente y ambigua, en esa esquina que nunca limpio para que no pierda el eco de tus gemidos, no vaya a ocurrir que si paso la escoba se rebelen las motas de nuestros orgullos y estalle una batalla incruenta. ¿Recuerdas? Ya tuvimos un amago y no dejamos títere con cabeza, en unos minutos desollamos para comérnoslos a todos los que se interpusieron en medio. Y pasados los diez minutos corrimos a abrazarnos. Es toda una estirpe de progenitores la que nos dictan nuestras locuras, la tía Iconoclasta, el abuelo Descaro, nuestros primos Cínico y Osado, esa saga consanguínea que nos une más allá de la prudencia.
Bien, si así lo quieres este insomnio es de despedida, pero volverá el sueño y compartiremos nuevos momentos, esos en que me dices tajante: ¡NO! con un tono tan brusco que lo que me quieres transmitir es un rotundo ¡SI!
¿Estás contenta Pragmática? Ya me he despedido, hoy me desperté como se despiertan los hombres serios, me vestiré de oscuro, limpiaré bien mis zapatos y me atare al cuello el nudo de una corbata, quizás si así me vieras te daría el pego. Pero cuando llegue la hora exacta de cantar las soledades, arrancaré esa soga que llevo en mi garganta, me vestiré a mi manera y me haré de nuevo amigo de la espuma, volaré asido al viento y volveré a ser aquel niño frívolo e ingenuo.

XXIII
Desde la limpieza general de ajados recuerdos, las melancolías de mi habitación se han purificado, duermo mucho mejor, es mi sueño tan profundo que me despierto con las primeras luces del alba y mi mente se refleja en el espejo inmaculada. 
Hago diseños quiméricos de cómo organizaré mi día, en cuando me despojo de las legañas telefoneo a mis amigos y me pongo en marcha. El lunes me escapé en busca de tesoros a lo alto de una montaña, allí en un viejo caserío apilados sin orden me esperaba una montaña de libros condenados a la hoguera. El viejo cura se ha muerto y sus sobrinos no le dan mérito a las letras ni a las fechas. Yo como ave carroñera me sumergí entre la montaña de libros y uno a uno fui leyendo títulos y fechas. Cuatro bolsas llenas con cerca de cien libros, salvo alguna excepción todos anteriores a la mistérica fecha de mi nacimiento, toda una colección de viejo libros que no están viejos. Un Corán en árabe, un Capital en tres tomos del diecinueve, una Biblia de antes de nacer mi padre, y una enciclopedia teológica de antes de la guerra. Todo un tesoro que se suma a mis mudos testigos, mis libros.
El martes fue día de compras, el aceite con el que lustrar mis ensaladas, los quesos que ponen punto y final a una cena, esos chorizos cargados de grasas malignas que despiertan mis dichas culinarias, toda una despensa de vituallas y viandas para colmar, no el hambre, sino la gula de mis pasiones.
Y hoy miércoles, amanece soleado, invitándome los cielos a darme un largo paseo, estreno sonrisa y peinado, no conecto la maquina infernal y sin paracaídas me lanzo desde el segundo piso a la calle, me mezclo entre el mundanal gentío, viejos, mujeres y niños, los hombres deben estar escondidos en sus guaridas, purgando el pecado bíblico, el único que tenemos vigente, el de ganarse el pan con el sudor de la frente, los otros ya han sido abolidos, ni se pare con dolor ni echáramos de menos el paraíso.
Y me pregunto si serán ciertas las maldiciones mitológicas, si de la cajita de plata de Pandora salió el engaño y las deslealtades, si Eva nos condenó a navegar en un mar de mentiras, si Pachamama es al responsable de que el amor dure lo que dura un pitillo, si Isthar nos condenó al silencio calculado o si será todo el resultado de nuestra perfecta imperfección humana.
Ayer me dieron las tres de la mañana charlando con un apodo, ¡Qué curioso! A veces me pregunto el porqué un apodo que no se distingue de otros me causa más sinrazón o me tienta a seguir deshilachando intimidades y otros, por el contrario, sólo se granjean el más sepulcral de mis silencios.
Será cosa de los traviesos duendes, que nos nublan la mirada o nos indican los senderos para acercarnos a unos seudónimos y alejarnos como de la peste de otros. Y hablando de alejamientos, hace muy poco he hehco limpieza general y he eliminado de mis contactos a varios condenándolos al silencio. Y siguen insistiendo en enviarme correos o en hacerme estúpidos comentarios. 
Será que no sé explicarme.

XXIV
Esta noche ha sido noche de fantasmas, todos reunidos dando vueltas en mi cabeza. Ayer sin yo conocer las causas me vi involucrado injustamente en una disputa. Hace días hice limpieza general, he quemado los recuerdos de alguna amiga que han caído en la celada inteligente de quien busca desacreditarme, para evitar esos dimes y diretes en los que soy protagonista de comentarios sutiles pronunciados con voz queda, de rumores anónimos lanzados como piedras por los que esconden la mano y yo, sin enterarme. 
Ayer quiso el destino, una vez más, que la rabia incontenida de un alma agraviada se dirigiera a mí en tono acusador para reprocharme algo que jamás he hecho. Y no comprendo, no entiendo que siendo ajeno a ese mundo de batallas dialécticas tenga que sufrirlas con tanta constancia, tanta que voy perdiendo guijarros de mi alma en ese tortuoso sendero de celos, arpías e inocentes criaturas que son arma arrojadiza de los intereses de la maldad.
Sí, hoy padecí mis insomnios y me despierto con otro reclamo, con otra explicación no pedida, me despierto y veo que han censurado mis palabras en un púlpito, que me han enmudecido, que con intolerancia me han acusado, juzgado y condenado sin darme derecho a la defensa, soy reo de los chismes, de la mofas efímeras de quienes cantan victoria por una batalla ganada sin darse cuenta que la guerra es larga, tan larga como la vida misma y que el camino es muy largo, tan largo que pocos llegan al final de la meta indemnes y sonrientes. 
La Muerte, esa dama justa que aliada a la Conciencia al final del recorrido, en el lecho de la finitud, nos pide cuentas, cuando se nos obliga a mirar hacia atrás y hacer balance de lo vivido, pocos dan el paso al oriente eterno con una sonrisa dibujada en los labios. Y yo me he comprometido conmigo mismo que no quiero morir llorando, quiero morir riendo, como mueren los que han vivido.
Ha durado poco esta eternidad mortificante de mi insomnio y mi despertar agitado entre los reproches injustos. A veces pienso que estos insomnios, (como dice ANA) aburren a la concurrencia y son muchas las ocasiones en que medito sin poner punto final a mis elucubraciones metafísicas, sin embargo hoy, una vez más, recibo una carta de un ser desconocido, que me comunica que lee cada día mis insomnios, que se identifica, que le ayudan y ese grito solidario me anima a olvidar a mis demonios, a dejar atrás los recuerdos que vacié hace días de los cajones de mis evocaciones, a olvidar las miserias de unos y las ingenuidades de quienes sin saberlo son títeres de esta tramoya, las deslealtades reiteradas. Todo queda atrás cuando una sola carta supura la sinceridad y el afecto de un ser extraño que sin conocerme me agradece que sea vocero de tus penas y sus sentimientos.
Gracias María, seas quien seas hoy me has vestido de sonrisas.

XXV
Ayer la tarde fue extremadamente calurosa, el plomizo bochorno amenazaba con desatar la furia de la galerna, hubo un amago y el viento al atardecer roló hacia el norte y del mar llego la brisa. No cuajo la galerna, pero ya en la noche los alisios de la costa refrescaron la noche y me decidí a salir con los amigos a cenar en una terraza al aire libre. Cena, tertulia y una partida de mus. Y fue en ese intervalo en que se prepara a mesa para organizar la partida cuando sonó el teléfono. Las lágrimas inundaron la línea de los, no fue así, yo no pensé, yo no creí y una larga retahíla de justificaciones fuera del tiempo. Hoy me pregunto que sentido tiene el pedir perdón cuando ya se ha ejecutado la sentencia. A veces me interrogo si es lícito pedir perdón después de haber matado a ser humano, el juez que te condena a la pena máxima, puede luego arrepentirse, pero de qué le sirve al reo que le pidan perdón después de muerto. La grandeza de la cultura católica sobre la calvinista quizás estribe es ese detalle, el católico ha interiorizado como algo normal que tras la ofensa, basta el arrepentimiento para que el río siga su cauce. Sospecho que es una hipocresía, que todos esos perdones, a veces sinceros, no desagravian el mal producido. Basar la convivencia en el perdón es tanto como instituir la ofensa como medio de relación. Creo que es más humano el asumir los propios errores y vivir con ellos.
Y la noche se hizo larga, las copas de aguardiente, el Farias, los envidos y el órdago pusieron fin a la partida pasadas las tres de madrugada. Vuelta a casa. Vuelta a dormir mecido entre pesadillas, a resucitar viejos fantasmas y analizar pasados sin sentido a los que la llamada agregó nuevas palabras. Y resuenan rebotando en las paredes vacías de mi habitación los ruegos pidiendo que olvides. Cómo olvidar, acaso soy yo el timonel de mis neuronas, yo no sé olvidar, como no sabe olvidar ningún humano, nadie olvida su nombre, ni dónde vive, ni que cada día tiene que alimentarse, ni que debe acudir a la cita con la muerte, las situaciones que nos marcan jamás se olvidan, cómo olvidar que la cicatriz que transporto en mi alma fue causada por una daga empuñada por una mano que un día se llamo amiga.
Y nace con estrenos el nuevo día, un nuevo sol que me despierta, un nuevo sendero que recorre en esta jornada que comienza. No miro hacia atrás, ya no merece la pena, atrás deben quedar los pasados ajados, los frutos marchitos y los errores propios. Frente a mí, hasta donde abarca mi mirada, está el sendero nuevo de esta nueva jornada, con otros guijarros, otros charcos, otras miserias que el que recorrí en jornadas pasadas, pero no son los mismo guijarros ni los mismos charcos, ni las mismas miserias de antaño. Y es ahí donde el no olvidar cumple su función en las neuronas, esos recuerdos que nos fortalecen y que hemos dado en llamar experiencia. Y es entonces cuando te alegras de que los humanos no sepan olvidar.

XXVI
Creo que mis últimos insomnios no son biológicos, sino fisiológicos, con este clima tan enrarecido en que el calor invade cada poro de mi piel inundándolo de sudores, la noche se me presenta como un gran escenario donde refugiar mis soledades. Aprovecho los alisios cambiantes del anochecer para salir al asfalto, me voy de cena con los amigos y los excesos me reclaman su deuda a la hora del reposo. 
Y es en esos interminables minutos vestidos de horas, cuando mi mente ajena al bullicio de las ideas se encarcela en la celda de la reflexión, en la oscuridad de la noche se esclarecen mis ideas y veo claro su perverso proceder. Me llora, me reclama y me amenaza con la muerte prematura, pero vuelve enseguida a las andadas, a ser el títere de la maldad disfrazada, cómplice necesario y agoniza día a día anidando en su alma el desgarro de las esperanza
Hoy me despierto tarde, como tarde concilie mi sueño, y percibo a lo lejos los ecos de tañer de las campanas llamando a los ritos festivos, se despierta mi mente y se despiertan mis recuerdos. Recuerdos de aquellos días en que me encerraba en una iglesia, aislado bajo el silencio dela columnatas, quizás con una actitud un tanto profana, leía y meditaba. En las iglesias cuando no hay oficios religiosos y el silencio acompañaba mi estancia íntima, eran mi mejor refugio, sólo unas cuantas viejas susurrando rezos y yo con mis libros, devorando los pensamientos hechos letra por Erick Fromm, recuerdo que fue en una iglesia gótica donde interiorice el "Miedo a la Libertad", ese libro que cambió mi vida, recuerdo las caras de extrañeza cuando me veían durante horas leyendo, subrayando y tomando notas, mientras los demás rezaban. Hasta el cura párroco se interesó por mi labor, charlamos algunos días en un bar cercano y él, con la solemnidad que siempre moldea a los curas cuando creen que hablan cuestiones profundas, me invitó a que siguiera acudiendo a la iglesias, argumentando que era la casa de Dios y aunque sólo fuera a leer, era una forma de estar bajo el manto de su protección. Y seguí asistiendo a la iglesia como si fuera mi biblioteca privada, hoy que lo rememoro no encuentro al razón, el porqué dejé de acudir a aquel reino de tranquilidad. 
Quizás fue porque desde allí no veía la mar, es mar cómplice de mis reflexiones, compañera leal de mis intimidades, la más fiel y generosa, la única que me lo da todo y jamás me ha pedido nada a cambio, mi mar es casi mi conciencia, la depositaria de mis melancolías, la silente oidora de mis contradicciones, ella escucha y calla, me mece en el ronroneo rítmico de sus olas, refresca mis pies descalzos y escucha silente.
Y me pregunto como vivirán esas gente que nunca vieron el mar, cómo pueden ser felices sin conocer su inmensidad y me interrogo como viviría yo sin su presencia cada día, en la sequedad yerma de la estepa, y me interpelo a dónde irán a para las lágrimas vertidas en esas tierra que no tienen de confidente a la mar, quién le hechizará cuando están perdidos y no se encuentran, a quién confiar las penas sin no se tiene mar.
Hoy vuelve a agostar mi cuerpo el calor, volveré a ser ave nocturna, volveré a cenar con amigos cayendo en los excesos de una mesa copiosa, renacerá en mí el insomnio, retornaré a mirarme en el espejo acuoso de la mar y hoy tu agonía te seguirá alejando de mí un poco más..

XXVII
Esta sí ha sido una noche muy agitada, han despertado de su letargo viejos fantasmas y toda la noche han estado bailando en mi cama. Tras la tempestad siempre llega la calma y siempre en medio de la tormenta aprendes a mirar de otro modo a las personas. Hace días hice limpieza general y cuando creía que ya estaba mi habitación limpia de lodos, surgen de nuevo los demonios que no resignan a morir en mis entrañas. 
Cuánta luz atesora la noche, que claridad más deslumbrante, desfilan por mi mente los fariseos que se rasgan las vestiduras porque les devuelves lo que te dieron, pero no debe ser igual para todos, hay quien cree que tiene el derecho de amordazarme y se escandaliza cuando los enmudeces a ellos. Estos mismo insomnios veían la luz de día en otros horizontes y una mano impía los taló sin previo aviso, ahora que a esa mano le cortan las uñas para que no arañe, se retuerce como una víbora. Y danzan en su entorno los fantasmas agraviados por otros reproches, emerge la bilis de otras indigestiones y en río revuelto salen a flote las miserias de otras pérdidas, los rencores de otros desamores. 
Cuando amaina la tormenta y el cielo se viste de nuevos azules se pueden ver los estragos de la larga noche de tempestades. Pero el camino es largo y no hay posadas que me detengan, soy peregrino, hijo de la mar vestido con alas de gaviota. Y sigo, sigo mi calvario con destino al Gólgota de mis pecados, voy dejando jirones del alma en cada peldaño, y no miro hacia atrás, porque ya no duelen aquellos guijarros que laceraron mis píes desnudos, hubo lo que hubo mientras hubo, porque como dijo aquel romano tan lúcido: "Roma no paga traidores"
Ya no me sirven las lágrimas ni las suplicas de perdones, aquellos polvos mecidos por el viento se humedecieron con las lluvias y hoy son pesados lodos en los que se hunden las pisadas, ya el ritmo de nuestro peregrinar es diferente y no pienso volver atrás, en su momento le ofrecí mi mano y la despreció con orgullo insano, ahora ya es tarde, mi camino está despejado y a lo lejos veo el faro que con guiños cómplices me indica donde muere la noche y donde reina el día. Llora vieja amiga, llora mujer, que antes lloré yo en silencio como lloran los hombres.

XVIII
Hace dos días la luna llena vestía de grises la noche negra del sábado festivo, la noche era menos noche con su presencia.
Ayer me acosté con dolor de cabeza y la luna que comienza a encogerse me miraba con cara seria, cerré las ventanas y la puerta, bajé las persianas y me encerré en la soledad de mis reflexiones. Estoy cansado de tantas miserias, de tantos silencios públicos narrados por correo privado, de tanto ir y volver, de tanto susurro que no se desarrolla en grito. Tan cansado que ya estoy preparando mis alforjas para una nueva singladura. Quizás sea que este año, entre chapapotes, santificaciones e iniciaciones no he tenido tiempo de cruzar el charco, de perderme entre las yermas tierras de los desierto de Texas y Nuevo México, en las montañas pétreas de la Sierra Madre Tarahumara entre rarámuris o decimonónicos menonitas, en el bullicio alocado del consumismo Miamense, entre los alegres bailes gays de Kay West, en las tabernas decadentes donde obesos con sombrero vaquero gimen sus cantos countrys o en los bosque húmedos de Costa Rica, quizás se están oxidando mis alas y no pueda volar a Chile, Venezuela o Puerto Rico, quizás me esté, sin yo asumirlo, haciéndome viejo. 
Encerrado en la oscuridad sin sombras de mi cámara mortuoria, mecido en insomnios deshilo retales viejos, confidencias que atesoro en el profundo silencio y veo en la opacidad negra los rostros verdaderos de los mercaderes que venden su alma por la rabia de no ser los elegidos. Lloro de impotencia de saber que lo sé todo y estoy condenado al silencio por lealtad a los que antaño fueron mis amigos. 
Qué mal me siento con este silencio impuesto por la ética, como me alegraría poderle decir lo que sé a su cara, frente a frente y ver en sus pupilas un gesto de extrañeza y en mi mirada la clara luz de la indignación. Y me doy media vuelta y de nuevo compruebo si están cerradas todas las cancelas. 
Es mejor que hoy no me vea la luna ni bailen mis sueños con la fugacidad de las estrellas, hoy quiero masticar solo mis soledades, desdibujar los retratos ajados, romper los poemas que cantaron salmos cuando debieron ser cantos fúnebres. Hoy quiero dormir para que pase el estío de mi dolor de cabeza, quiero estar muerto una horas y resucitar con la mañana clara y húmeda, abrir de par en par los ojos despeinados de legañas, descerrajar las puertas y ventanas para que el aire fresco se lleve los hedores marchitos.

XXIX
La tarde se consume entre llamadas de teléfono, citas y programas, el día muere sin darme tiempo y la noche extiende su manto negro, debo desandar lo andado y volver al refugio donde se despiertan mis nostalgias, a la isla donde convivo en armonía con los míos. Y suena el eco de mis piratas con su última llamada, un lacónico mensaje: te quieren violar la intimidad de tu hogar.
La rabia se contiene, hay que pensar en la jugada de ajedrez, enrocarse y defenderse es una necedad, hay que atacar, darle jaque al Rey y esperar que se replieguen, pero si hay que sacrificar la Dama, que sea para matar al Rey contrario. En silencio miro el tablero, muevo los peones y los alfiles, espero. El más grande de los guerreros, Shen Chung, dejó escrito que un ataque debe organizarse, dar sensación de debilidad cuando más fuerte estás y cuando más se confíe el enemigo, llevarlo a campo abierto y atacar. 
La noche se hace negra, tan negra como mis presagios, atiendo nuevas mensajes que vuelan por la red, trayéndome noticias de los contubernios de la rabia, de difamaciones murmuras en el anonimato, de calumnias sopesadas y espero.
Espero que la noche se consuma y alboree nuevas luces, que renazcan primaveras floreadas con aromas de hierba recién cortada, el tiempo todo lo cura y si no lo curara te da argumentos para enfrentarte a la batalla. 
Hoy luce el sol en mi mañana, despeino frente al espejo mis canas y le sonrío al reflejo de mi mirada, camino desde mi madriguera hasta el lugar donde deposito mis esfuerzos, nadie me paga, todo lo hago por la voluntad de renacer de sus brasas casi consumidas la hoguera donde arda el palpitar de una gente emigrada a una tierra extraña y puedan mirar de frente a las personas que, como ellos, viven de sus sudores sin tener nada.
Hoy concentraré esfuerzos y palabras para exaltar el valor intrínseco del mestizaje, ese apareamiento entre pueblos que se remonta a los albores de la protohistoria, ese caldo que nos hizo humanos, que germinó en mil culturas que ahora se buscan y en ocasiones se encuentran. Hoy mis esfuerzos y mis batallas será con la palabra, motivar a sumar y multiplicar culturas para construir entre todos una CULTURA con mayúsculas y no por oposición a los que restan y dividen, que me opongo, sino por vocación y convencimiento de que el futuro humano tiene un nombre: Mestizaje.
Y mientras yo juego a dar charlas, mis amigos piratas están construyendo un entramado de vulnerabilidades donde vomitar mis rabias. Y sigue la vida, sigue autista como si en nuestro entorno, nada pasara.

XXX
Se dilata noche perdida en tu pensamiento, me ahoga tu soledad, el saberte sola desfilando entre las blancas paredes del frío hospital, tu miedo encogido entre los bordes del silencio, las lágrimas reprimidas entre hálitos profundos, saberte débil tras la perpetua máscara de fuertes apariencias y yo, tan lejos. Tanto que el eco de mis alientos no te alcanza y me llamas y te desgarras la garganta pidiéndome a gritos que no te deje sola. 
Quisiera ser un mago que dominara a los duendes traviesos y ordenarles a voz en grito que se mantuvieran a tu lado, quisiera tener el don de la ubicuidad y estar aquí, y estar allá., caminar con paso firme al ritmo de los enfermeros, ofrecerte mi mano para que no la soltaras en el largo trecho que separa la luz de tus temores del negro quirófano, sentarme a tu lado mientras hurgan tus entrañas y que te sujetes a la vida aferrada a mi mano, que antes de caer dormida, antes que la anestesia que tuerza la voluntad de seguir viva, te vieras en el azul de mi mirada para que en la somnolencia me soñaras como me soñaste despierta aquellos días que entre mi brazos te acunaban al borde de la cama.
Hoy la noche se hace larga y no deseas que despunte el alba, si yo pudiera deshojar esa fecha del calendario, hacerla tan efímera que solo durara lo que tarda en caer una hoja seca del árbol, balancearla en el aire, como si fuera un suspiro que tarda en acomodarse en el suelo húmedo del campo, pero cada día se compone de veinticuatro eternas horas contadas una a una en sesenta minutos que se desgajan en seseada segundos perpetuos que resuenan en esta noche en tus sienes calvas.
Recuerda en tu infierno de esta mañana aquellos días en que llena de miedo mi miraste por primera vez cara a cara, recuerdo tus pudores ruborizando tu rostro, tu mano temblorosa y tu mirada timorata, recuerda como te temblaban las piernas mientras me seguías hacia la cama, igual que te tiemblan hoy camino del quirófano, evoca la dulzura de aquel primer beso y de los que raudos le siguieron y cuando esos verdugos hurguen en tus entrañas, rememora la dulzura de mi lengua, como te acariciaba esas mismas entrañas y te colmaban.
Estaré a tu lado mientras perdure la mortificación, estaré a tu lado hasta que de nuevo en tu rostro fructifiquen nuevas sonrisas, sólo entonces, cuando te despidas del infierno yo me alejaré despacio y en silencio, sin despedidas ni besos, no quisiera que tu último recuerdo sea mis lágrimas, porque, lo confieso, lloró en este momento que me despido de ti, prometo no mirar atrás, ni dibujar ceños fruncidos en mi gesto. Mil veces prefiero que la última imagen que atesores de mi paso por tu vida, sea la larga sombra de mi espalda alejándose por el pasillo del hospital.

XXXI
Ha muerto la noche, la noche más corta del año. Amanece un nuevo día, plomizo y justiciero. Dejo vagar mi mente en esta última mañana de primavera y medito sobre como el hombre con su técnica ha dado al espalda a estos flujos de la naturaleza. Pocos recuerdan que hoy a las nueve y diez minutos de la noche morirá en etapa y renacerá una nueva, hoy gozaremos de seis horas más de luz que en las navidades y sin embargo, parece que a nadie le importa. Hoy para los celtas era el día del brezo, con él hacían las camas para el ganado compitiendo con las abejas que tanto gustan de esta planta. Curiosamente aunque hoy es el día más largo, no es el que más tarde anochecerá, dentro de una semana la noche será más perezosa y tardará unos siete minutos más en llegar. 
Hoy no tiene importancia si hay más o menos luz, nadie la echa de menos en los días cortos de final del otoño, Iberdrola se encarga de que no nos demos cuenta, todo nos lo satisfacen con al técnica, todo menos nuestra verdad íntima, nos han acostumbrado tanto a vivir mentalmente de espaldas a los flujos naturales y por el contrario nuestros cuerpos aún no se han adaptado y protestan, en estas fechas solsticiales se multiplican los suicidios, las depresiones, esas tristezas que nunca sabemos de donde nos llegan, pero que se hacen patentes en nuestras almas. El calor nos agobia, nos desequilibra, no nos damos cuenta que el reloj natural cambia mientras nosotros seguimos presos de nuestra monotonía, el mismo obsesivo horario laboral, las mismas horas de comida, tanto estructuramos nuestra vida que la vivimos en contradicción con la naturaleza, nos da lo mismo tener quince que nueve horas de sol, que el sol nos abrase o nos deje el ambiente gélido, cambiamos al ropa, nos escapamos a la playa o nos damos una ducha, pero nada cambia en nuestra monotonía. 
Y vienen a mi mente recuerdos de mi infancia, las noches del verano sentados a la fresca en la calle, en el umbral de nuestra casa, mientras el sol moría y cambiaban las brisas, las viejas de la aldea narraban viejas historias de meigas, de hadas y mouras. Y en los atardeceres de frío, allá en el lejano invierno, la reunión era delante de la lumbre, tomando infusiones, cambiando los temas de las narraciones, las charlas en invierno eran de la Santa Compaña, de naufragios, de las estadeas, esas almas que vagan solitarias por los bosques húmedo de mi vieja Galicia. Los niños nos moríamos de miedo en aquellas noches largas, nos acostábamos encogidos en formas fetales para dormirnos en unos instantes presa del pánico, en verano se alargaba la jornada, el calor no nos dejaba conciliarnos con el sueño y soñábamos despiertos sobre aquellas bellas aventuras de la míticas hadas, mujeres muy bellas, rubias que con sus cantos embaucaban a los ingenuos y así, entre cuentos de verano y cuentos de invierno, las viejas iban depositando en nuestras mentalidades el germen de la herejía, era la herencia de nuestra cultura pagana, Hoy soy consciente, desgraciadamente consciente de que yo no he sabido trasmitir esa sabiduría a mis hijos, la asquerosa televisión fue invadiendo la estancia de nuestro encuentros y sembrando silencios, hurtándonos la cultura atávica de nuestros ancestros. Mis hijos no tiene pasado, son productos de este tiempo, no tiene mitos donde mirarse, no tiene nada más que libros, prensa y noticieros. Me pregunto que será de mis nietos, en que cuenco beberán cuando los misterios de la vida les aflijan, cuando el meigallo se apodere de ellos porque en sus trabajos ya no sean personas sino números de una nómina. Y lo que más me duele, lo que me destroza las entrañas es que se creen más cultos, los he amamantado en la fría letra y están convencidos que la verdad, todas las verdades se encuentran en los libros, ellos no hablaron jamás con mi abuela, aquella vieja sabia que no necesitó palabras para transmitirme su sabiduría, que era analfabeta, pero que sabía todo lo necesario para vivir en armonía con los flujos de la vida. Ella no tenía televisor para ver el parte meteorológico y sin embargo a primera hora de la mañana me avisaba como debía ir vestido: ponte las botas, hoy lloverá; no te pongas la zamarra, hoy hará calor; vuelve pronto esta noche de la romería, estará muy oscuro. Y yo sin saber entonces el porqué, siempre le hice caso, siempre atinaba, tuvieron que pasara los años para darme cuenta que las noches de luna llena pueden transitarse las corredoiras, que cuando rola el soplo del viento al nordeste el sol nos brindara su luz completa, o que una amanecer enrojecido hará que los cielos lloren de tristeza. 
Hoy es el solsticio, el día exacto en que Pandora, la bien dotada, mi ninfa y maestra, abrió su cajita de plata y desató los males de la naturaleza, recortó desde ese día la luz para condenarnos a la oscuridad dela ignorancia, hoy en otras épocas se encendían hogueras para purificarse los hombres de los males de Pandora, hoy, es cierto, también se encienden hogueras en tono festivo, pero ya nadie recuerda el sentido íntimo de ese rito. 
La fraternidad de constructores de la Edad Media, aquellos que construyeron las catedrales que hoy admiramos, se hacían llamar los Hijos de San Juan y tenían dos fiestas al año, San Juan de invierno y San Juan de verano, así escondían ante la autoridad absolutista de la Iglesia su paganismo y podían festejar los dos solsticios. 
Yo ya lo celebré ayer, hoy es sábado, para la mayoría un sábado cualquiera, ayer el monte dormía en silencio mientras nosotros a la luz de una queimada, purificábamos nuestras creencias.

XXXII
Y llegó el esperado verano en el hemisferio norte, llegó entre sudores en una noche de calores insufribles, entre agonías sedientas y huidas sin sentido.
Y aprovecho esta noche de insomnios calurosos para analizar como el descubrimiento copernicano de el heliocentrismo no ha cuajado en nuestras mentes. Si bien todos conocemos que nuestro mundo gira en torno al sol, pareciera que lo ignoramos, hemos construido un mundo que gira en torno a cada uno de nosotros mismos, y como tenemos una mente estructurada desde el mito griego y judeocristiano, desde Europa lo exportamos como una verdad indiscutible, hoy que comienza el verano en este hemisferio, olvidamos con facilidad que en el otro hemisferio comienza el gélido invierno, infinidad de pequeños detalles que nos hacen ver como universal aquello que sólo es particular, las religiones, base de nuestro pensamiento mucho más allá de lo que creemos, se basa en ese prejuicio. Los propios griegos, padre de nuestra mentalidad, basaban la civilización en tres alimentos típicamente mediterráneos: el trigo, la vid y el olivo, para ellos eran bárbaros aquellos que usaban el centeno, la manteca y bebían brebajes fermentados. 
Y quizás sea esa mentalidad egocéntrica la que más nos separa tanto a los humanos, porque entre esos detalles casi insignificantes, asoma sin ningún pudor nuestros prejuicios, esos que nos llevan a dibujar un universo en la medida de nuestra mentalidad particular, a prejuzgar al resto de los humanos en base a nuestros esquemas mentales. Y me escandalizo aún, a veces, cuando veo que alguien me juzga sin analizar mi actos, sino por lo que de mí le han chismorreado, me preocupa la falta de profundidad en los juicios que de otros hacemos, como nos enaltece designarnos jueces del ajeno y que poco nos juzgamos a nosotros mismos. Y cuento esto porque de mi silencio hay quien ha hecho un argumento para condenarme. Y cuento esto porque desde la distancia de la prudencia veo que hay quien me condenó por unas palabra que otro le confió y ahora que rectifica la palabras hay quien se rebela a aceptarlas y se aferra a la primera versión que oyó para no cambiar su sentencia. Y cuento esto porque conozco alguna persona que dice quererme y en la privacidad del anonimato ha instigado para inmiscuirse en la vida privada de mi familia. Y cuento esto porque me pesan los silencios, las murmuraciones y la hipocresía disfrazada de amistad. Y cuento esto porque hay gente honesta que no juzga hasta conocer, al menos, más de una versión y conceden al reo el beneficio de la duda. Y cuento esto porque yo también peco demasiadas veces de prejuicios y me duele reconocerlo.
Llegó el verano, los sudores y los agobios, otro flujo, otro cambio, otro paso en el acontecer cotidiano de esa vida en busca de la muerte, de ese ir hacia la meta de la nada en la espera de una trascendencia vacua. Asoma a mi mente la eterna pregunta, qué pensaré de mi vida en mi lecho de muerte, moriré sonriente satisfecho con lo que hice de mi existencia o por el contrario, lloraré por haber desaprovechado los minutos que me concedió la vida.
He ahí la pregunta que debería hacerme cada mañana al despuntar el nuevo día, una pregunta que a veces olvido y no hacerlo es responsabilidad solamente mía.

XXXIII
¡Qué noche! ¡Dios mío! Y eso que sólo son subcampeones, toda la ciudad teñida de azul y blanco, los balcones, las personas. Me llama poderosamente la atención la facilidad con que la gente pierde su propia identidad para perderse en la manada. Ayer salí de safari, alterné el partido de fútbol entre mis dos sociedades, la gastronómica y la regional, ambas parecían la misma, todos los rostros petrificados mirando la pantalla de la televisión, todos gritando a coro cada vez que la Real Sociedad metía un gol, todos emitiendo un mismo quejido cada vez que le Real Madrid metí otro gol, dos horas de autismo ciudadano, luego la riada en las calles, canciones, gritos, jóvenes bebidos, y todo porque un equipo de fútbol, con jugadores generosamente retribuidos quedaba subcampeón en la liga española. 
Recordé a Eric Fromm, lo explícito de su libro el "Miedo a la libertad" y cómo la masa puede ser dirigida de forma irracional, me preguntaba ayer por la noche que pasaría si yo desfilara entre la muchedumbre con una bandera del equipo adversario, que ocurría si yo ingenuamente gritaría ¡AUPA MADRID! Y me da miedo la respuesta, temo que pudiera haber sido linchado, por personas que en otros momentos son pacíficos ciudadanos.
¿Cómo podemos cambiar tanto? Qué mecanismo funcionan en nuestra mente para perder la propia identidad en una rebaño de ovejas. Me pregunto si se organizarán así las guerras, si así se desarrollan los holocaustos, en medio de verdades regaladas, en medio de la locura masificada.
Que noche tan larga y que día tan monótono, todas las conversaciones se basan en las mismas perogrulladas, en el fútbol y sus resultados, que lunes de verano, además de soportar en bochorno húmedo de este caluroso día, tengo que soportar que todos me hablen de lo mismo y les recalco que n me interesa y no me escuchan, siguen dándome la tabarra. He dejado plantados a mis amigos y me he confinado entre las cuatro paredes de mi casa, solo y en silencio, para no oír tanto babosada, ahora que lega el atardecer y la masa se ha concentrado en una plaza, yo me iré río abajo paseando con mi soledad, hablando a ese golem que siempre me acompaña, a mi hada imaginaria a mi otro yo, a ese que jamás me engaña. Y llegará la noche y renacerá un nuevo día, todos volverán a sus trabajos, la fiesta habrá terminado y yo volveré a recuperar a mis amigos.

XXXIV
Suda la noche por mi cuerpo, se agitan los calores en lo más profundo de mi alma y me cuesta conciliar el sueño. La noche se viste de largo y aferrada a mí, baila sobre la pista de mis sábanas. Se pueblan los vacíos de intolerancia, resuenan los silencios, mientras perezoso el reloj se declara en huelga de celo y no avanza.
Larga, muy larga es esta noche de fuegos, fuegos en las alamedas y fuegos en mis entrañas. Fuegos que con el nacimiento del nuevo día se aplacan, hoy el sol juega al escondite, escondido tras las nubes no se deja ver, pero su ardor combativo se percibe entre las gotas que resbalan por mi cuerpo, un baño de intimidades aromatizado de hedores de toxinas viejas. 
Muerta la primavera, renacen los estíos y germinan despedidas de relaciones yermas que el tiempo hizo añejas, el tiempo impasible tuerce la esquina y se aleja lento en profundo silencio sembrando de recuerdos una vida.
La mar hoy está extrañamente calma, sus rizos no rugen en la orilla, se templa mi espíritu al verla, hoy la calma reina en mi monotonía, es una calma tensa, preludio de nuevas empresas, hoy deshojo el calendario vacío, sin fantasmas que me agiten la jornada, hoy vivo el hastío con holganza y placidez.

XXXV
Se hace larga la corta noche cuando trato, sin éxito, de descifrar el silencio al que te condenan tus neuronas, repaso mentalmente una a una tus letras sin destinatario, sueño despierto imaginando que son misivas poéticas que me envías a través del viento. Me creerías si te dijera que aún te pienso, que te veo en cada paseo, que oigo tu voz ronca en el suave ronroneo de los viandantes, que te deseo cada noche y que te quiero.
Lo sé, no insistas, sé que todo fue un efímero sueño, que no crees en esto, que todo es un espejismo sin sentido, que las palabras escritas son meros signos y no tienen sentimiento, Sé que estamos muy lejos, que tú no te rindes fácilmente a tus sentimientos, que estás perdida en el laberinto de tus dudas, que te pesa la losa de la soledad, que te niegas a creer en tu sentir y has decidido huir, una vez más.
Te respeto, aunque mi mente esté confundida y no sepa que sendero debe seguir, si aceptar tu condena o luchar por ti. Y espero, espero que reacciones y me abras las ventanas de nuevo, que te asomes en lo alto de la almena y me saludes agitando al viento tu blanco pañuelo, que me pidas que sea tu caballero andante, que me insinúes el deseo de que cabalgue a rescatarte de los dragones de tu tormento. 
Mientras sigo en mi balsa de naufrago al socaire del viento, navegando a barlovento en una deriva que me aleja de tu puerto. Cómo deseo que role el viento, que se agiten de nuevo las tormentas de las pasiones, que embistan uno contra el otro nuestros dos cuerpos y zarpemos juntos sobre el océano de nuestros deseos, que me muestres a la niña mimosa que anida en tu cuerpo de mujer, que nos amemos de nuevo.
Espero.

XXXVI
Mis insomnios hoy recorren viejas palabras, repasan ideas estructurando un monólogo que en el día tendré de verbalizar, esta tarde hablaré en público, trataré de comunicar la realidad de unas gentes, unas existencias vividas mirando al mar y como me ocurre siempre que tengo que trasmitir vivencias, trato de ordenarlas en la noche negra, a la espera que la luz diurna las orne de belleza.
Comenzaré mi disertación con un poema, un poema que nos habla de un viejo en su lecho de muerte, pero que fue niño y marinero, que dio su vida a la mar y se negaba a morir en una cama. La belleza del lenguaje poético, tan abstracto, tan poco definido, provoca que sus metáforas nos muestren algo más que palabras y conceptos, nos descubre imágenes, escenas que adaptamos a nuestro entorno, interpretaciones a la medida de nuestras emociones, pone alas a nuestra imaginación y se hacen comprensibles las historias.
Son muchas las veces que me sonrío cuando oigo o leo definiciones de qué es la POESÍA, como si pudiese alguien pontificar qué es y qué no es poesía. Desentrañar emociones poéticas es tanto como desentrañar los mecanismos del alma. Una sola palabra, sólo una, pronunciada en el momento adecuado, con el tono necesario puede ser el más bello poema jamás recitado. La poesía es trasmisión de emociones no definibles, del sentir más profundo y oscuro de nuestras entrañas, construido con un lenguaje abstracto y bello, abierto a las interpretaciones más dispares. 
En los foros y tertulias literarias siempre hay un listo, que cree interpretar el sentimiento del poeta, desvela sus emociones y es entonces cuando cree que ha logrado entender el poema. Como si un poema fuera una teorema, como si tuviera una definición exacta del sentir puntual del poeta. Un poema no es el sentir del poeta, es el sentimiento que despierta en el lector, que lo hace suyo, a su medida exacta, sólo entonces, cuando un ser diferente al escribidor logra vivir el poema como parte de su sentir, las palabras se trasmutan en poesía.
Y hoy, como tantas veces hago, comenzaré intentando despertar la emoción de mis oyentes con un poema, que sean ellos quienes dibujen el paisaje donde ubicar la cadena de palabras que se verterán de mi garganta y puedan comprender, más allá de su significado etimológico, el verdadero significado de la vida. 
El poema habla de mi propio padre, muerto de cáncer en su lecho, en aquella vieja cama donde, cuando estaba en tierra, moría efímeramente cada noche para resucitar más vivo la mañana siguiente. Ironías de la vida, una existencia navegando sobre la mar, naufrago en varias ocasiones, quiso el azar que fuera el puto tabaco quien lo matara una tarde del solsticio de invierno, una de esas tardes donde la luz comienza a vencer a la oscuridad, sus ojos se pintaron de negro y los cerró para siempre.
El insomnio de esta noche me ha hecho evocar las muchas despedidas que regalé a mi padre. Siendo yo un niño el pescaba en las aguas del Mar del Gran Sol, cada mes pasaba dos o tres días en casa y cuando sonaba el tic tac de su partida, yo acudía al muelle a despedirlo, siempre las lágrimas se arremolinaban rebeldes en mis ojos, pero nunca lloré delante d él, esperaba a que el barco se alejara, hasta que el ya no podría ver mi mirada para liberar la congoja y llorar en silencio por su partida. Mi miedo era que algún día zarpara y no arribara más a tierra, pero siempre volvió.
Un frío día de invierno, era víspera de navidad, cuando las luces de neón decoraban las calles, volví a despedirlo, su singladura era de corto trayecto, de la Iglesia al cementerio, pero era larga, tan larga que aún no se si ha llegado a su destino, aquel día no saqué mi pañuelo en el muelle para decirle adiós desde lejos, aquel día me vestí de negro y mientras sus compañeros de trabajo llevaban sobre su hombros el féretro, yo caminaba cabizbajo luchando contra las lágrimas rebeldes que reclamaban su puesto en la comitiva. Pero tampoco lloré, esperé a que una lápida de frío mármol lo ocultara para verter mis lloros. 
Quizás fue aquel viejo huraño, quien con sus silencios me enseñó que era la poesía, esa poesía que emanaba de sus miradas de azul intenso, de su mano temblorosa y maloliente a tabaco cuando resbalaba por mis rubios cabellos, Nunca usó la palabra cuando algo importante tenía que decirme, jamás pronuncio un "te quiero" pero fueron tantas las veces que me lo dijo con su gesto, tantas que aún lo veo, han pasado ya muchos años y aún charlamos en silencio, él siempre me acompaña con el poema de su silencio, en mis peores momentos, él me ha dado fuerza para sufrirlos sin desfallecer y hoy que tengo que hablar sobre su mar y su tierra, será él el protagonista que en silencio ponga el alma a mi disertación. 
Este es el poema:

Tenía nueve años
y un fardel y unas botas
demasiado grandes para sus pies.
Mordiendo la lágrima rebelde
aprendió a ser hombre,
vomitando de miedo y de nostalgia
por la niñez.
Y luego se hizo amigo de la espuma
y del llanto de la mar.
Y surcos de salitre salpicaron el rostro
de aquel viejo marinero,
Cuando la muerte rugió bajo la almohada.
Y en su delirio, dicen que gritaba:
Llevadme a la mar,
llevadme,
que no quiero morir 
como un cobarde

A. A.
(ARACELI ASTURIANO) 

XXXVII
Se alarga interminable esta noche inmensa de luna muerta, tendido sobre el lecho de mis insomnios fijo mi mirada en el techo, se representa ante mi como una negra caverna desde la que fluye la tenue luz de un ojo que me mira inmutable, un ojo frío y felino, de mirada vacua y expectante.
Así te intuyo, mirándome atenta desde la oscuridad del anonimato, analizando una a una mis letras, batallando en esa guerra que tus neuronas han desatado contra el latir acelerado de tu corazón solitario. Dudas entre las que navegas sin rumbo, sembrando incertidumbres en mi existencia, apagando pasiones fogosas que se resisten a caer rendidas en tu ausencia.
El silencio se hace largo, como largos son los insomnios de esta larga noche de lejanos recuerdos que danzan alocados entre las evocaciones de mi cabeza. Preguntas sin respuestas que se encadenan a las escepticismos vitales de mi existencia. No puedo llenar los huecos vacíos que has sembrado con tu huida y que alimentas con tus silencios. Estoy perdido, me busco cada día entre las palabras de un poema y no logro encontrarme, sólo intuyo sombras entre las metáforas abstractas de tus versos, jirones de ecos no apagados en mis pupilas, añoranzas de tu presencia, melancolía por la soledad a la que me condenas. Y me interrogo sobre cual fue el instante preciso de mis errores, donde se rompió el fino hilo que zurcía nuestros mutuos sentimientos de encuentro, cuál fue mi error, en qué guijarro di el traspiés que me arrinconó en el más sórdido de tus desafectos.
Miro en la noche negra hacia el horizonte inmenso de mi océano de soledades y observo como con la lentitud de un reloj de arena, que grano a grano va dilapidando el tiempo, te alejas inmutable de mí sin regalarme una última mirada que me permita verme reflejado en la profundidad del fondo de tus ojos y conozca la verdad de tu silencio.
Me percibo como un mendigo que sentado en el quicio del pórtico de tu templo imploro una limosna con mi mano extendida, una simple moneda de tenida de sonrisas, un acto de misericordia que me otorgue la redención de mi culpa y me libere del fantasma que me acecha en esta larga noche negra.

XXXVIII
Siguen brillando tus ojos en la oscuridad de la caverna, dos candiles grises que me hechizan en esta noche de sudores. Dos gotas de lluvia fresca que me inundan de esperas.
El día se hace largo en tu ausencia, sigue deshojando fechas el calendario sin que el eco de tus letras acunen al niño mimoso que llevo escondido en mis adentros. En mi destierro me visto cada mañana de saudades, vago errante por el asfalto sin destino, con la sola presencia de tu ausencia y añoro esas noches que tu me llenas, mientras odio esas otras noches que no son noches, sino cavernas, cuando tu te alejas. Me creerías si te dijera que a veces me cuesta sujetar las bridas de mis ojos inundados de aguas dispuestas a verterse a lo largo de mi mirada, me creerías si te confesara que no te comprendo, que esa rebeldía tuya es para mí una dictadura, que estoy preso de mis recuerdos, que quiero ver de nuevo a luz inmensa, que me niego a seguir siendo marinero que navega entre las brumas del desconcierto, que me estoy muriendo sin vivir, que necesito beber de tu cuenco porque no hay fuente de agua clara que me embriague como tu me embriagas.
Sé que pierdo mi tiempo escribiendo palabras la viento, que la brisa ya no refresca tu cara, que sin motivo me diste la espalda condenándome a una agonía de tormentos, que no volverás a soñar con aquel paseo, ni con aquel banco frente al mar, ni con aquel beso, pero yo, aunque nunca me creas, seguiré meciendo mis sueños cada noche hasta adormecer mis insomnios recordando aquella tarde, aquel paseo y aquel beso.

XXXIX
La noche llega con retraso, se alarga el día en este sábado, el más claro de año, lo cancelo con alegrías, hoy es un día para el recuerdo, sin proponérmelo he tenido un reconocimiento que no esperaba y que llena de júbilo esta noche de fugaces luceros.
Llego desfallecido, la noche ya está sucumbiendo y aún brilla en mis ojos el resplandor de las llamas que me han alumbrado en el trayecto de ensueños desde la vecina Francia a la casa donde voy zurciendo mis lamentos.
Y te busco entre las sombras de este mundo incierto, busco esos ojos muertos que me miran en silencio desde el fondo negro de la caverna, estás ahí inmóvil, me muestras hoy tu rostro frío, mudo testigo de tu presencia que llena entre mutismos mi mundo de nostalgias, te saludo y es la nada tu respuesta. Leo uno a uno tus versos, busco entre las letras una, una que me colme este angustiante espera, una que me de la razón de tu desprecio, una que me culpe de los errores que haya cometido, una que de muestre la luz de mi infortunio, pero no encuentro nada entre las ruinas de este templo caído, sólo son piedras huecas moldeadas por siglos de lluvias y viento.
Se agota el tiempo entre mis lamentos, se agota la paciencia entre la espera, se apaga el azul de mirada en la oscuridad de la caverna y se agota mi alma desangrada sin recibir respuestas. Debo partir y no tengo fuerzas, ni tengo equipaje ni mapa donde marque la ruta de mi destierro. Si deseas matarme hazlo con un golpe certero, no eternices esta agonía de sinsabores e incertidumbres, no me hurtes las migajas de esperanza que aún sostengo entre los temblores de mis manos escuálidas, dímelo sin rodeos, dime que emigre de tus dominios y me pierda en la frondosidad del bosque del olvido, dime que nada significo, que no me quieres, que me aleje de tu vida solitaria y no vuelva a sembrarla de floridas esperanzas. Dime que huya, que engrose la manada autista de los desterrados de la vida, que vague errante entre las brumas de las soledades, que me aliste entre las bestias humanas, que sean un don nadie, un paria sin horizontes, que abandone el mar y me pierda en la estepa yerma, que enmudezca el canto y llore entre silencios, que te olvide y no te sueñe cada noche en mis insomnios.
Dimelo hoy que aun estoy disfrutando de la resaca de mi alergría por el triunfo de anoche.

XL
El calor sigue bañando de sudores mis noches de insomnio, siguen tus ojos al acecho en la oscuridad de mi conciencia, siguen titilando las estrellas de la esperanza en el fondo del firmamento y yo sigo despierto, sonándote como si nada hubiera ocurrido, como si permanecieras a mi lado.
El día nace gris, preñado de agobios, las prisas del último momento, mañana viajo a mi tierra lejana, a la cuna de mis ancestros, porto la solidaridad escrita en un talonario y los proyectos en un memorando, voy a refrescar memorias, a compartir lágrimas y a arrancar sonrisa de esperanza.
Ahora que me acunan los vientos del otoño de mi vida, miro hacia atrás y medito sobre que podría haber sido de mi existencia si el destino no se hubiera torcido, si no hubiera nacido en el exilio y tuviera una tierra, una patria chica, un casa familiar decorada de recuerdos. Pero no tengo ninguna patria chica que evocar, ni una casa familiar donde mecer recuerdos de una infancia. Tengo una patria muy ancha cimentada en tres pilares, el cielo, la tierra y yo, una patria que cambia tiñendo cada día su techo desde el azul intenso al negro azabache, y un suelo que a veces florece y otras se angosta yermo y me tengo a mí viajero infatigable, peregrino de soledades, andariego de senderos pedregosos en busca de una taberna donde ahogar los recuerdos en orujos de hierbas.
Muchas veces me pregunto que si la mar es tan grande para que recalar en los puertos; si el viento que no tiene madre y vive libre, porque yo voy a encerrarme entre cuatro paredes pintadas de negro. Nos complicamos la vida esperando y rodamos de una lugar a otra parte dándole vueltas a la noria sin sentido.
Mañana parto por unos días, espero que a mi vuelta aún sigas estando escondida entre la oscuridad de la caverna e intuya tus ojos mirándome en silencio y pueda seguir soñando con esos labios donde posar mi boca, con esa piel lozana que tanto ansió acariciarla, con esos ojos donde deseo verme reflejado en tu mirada, reír o llorar juntos como hiciéramos antaño y fundirnos en un largo abrazo que nos encadene a una vida donde los sueños se tornen realidades y las ilusiones vivas sean el pan de cada día. 
Hoy zarpo en una nueva singladura y tu recuerdo lo llevo conmigo.

 


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Actualizada el 21.05.04