DONOSTIA - SAN SEBASTIÁN

PAIS VASCO

 

DONOSTIA - SAN SEBASTIÁN

En estos momentos en que debo enfrentarme a la tarea de definir a San Sebastián, tengo que hacer un esfuerzo y reprimirme la tentación de afirmar con rotundidad que es la ciudad más bella del orbe, obviamente afirmar tamaño despropósito no sería imparcial, así que si me lo permiten, seré más comedido y afirmaré solamente que es una ciudad sumamente bella, una ciudad diseñada para vivirla.
Imagino que esa tentación a alabar la propia ciudad donde uno vive, es común a la mayoría de las personas que se identifican con sus raíces, con los lugares donde corretearon de niños y que de algún modo les marcaron sus pautas de vida.
Para mostrarles San Sebastián objetivamente comenzaré diciendo que a esta ciudad en algunos folletos turísticos se la define como la ciudad del esotérico número tres. 
Esta definición numérica le viene dado por contar la ciudad con tres nombres, Donostia, Easo y San Sebastián; porque está resguardada por tres montes, Igueldo, Ulia y Urgull; porque su costa está jalonada por tres playas, Concha, Zurriola y Ondarreta; y porque las riberas de su río Urumea están unidas por tres puentes, María Cristina, Santa Catalina y Zurriola. 
Así mismo, deambulando por la Parte Vieja de la ciudad, el barrio más bullicioso, más donostiarra, podemos dirigirnos al atrio de la Basílica de Santa María de Coro, desde allí podremos observar como las tres iglesias más emblemáticas de San Sebastián, forman una escuadra perfecta, siendo visibles desde este atrio, la fachada de la Catedral del Buen Pastor y girándonos noventa grados, la Iglesia de San Vicente, la más antigua de la ciudad. 


Desgraciadamente San Sebastián no puede ofrecer a sus visitantes monumentos históricos, como lo hacen cientos de ciudades del viejo continente. San Sebastián realmente no tiene historia alguna que mostrar, hasta hace doscientos años no era más que una pequeña aldea en torno a una fortificación militar, rodeada de arenales y marismas, casi una isla y tal vez fue ese carácter isleño, diferenciado claramente de su entorno más próximo, Gipuzkoa, el que marcó su desarrollo específico, su manifiesto carácter liberal, tan dispar a la mentalidad de sus alrededores. 
Su apertura a las corrientes librepensadoras que llegaban de la ilustrada y vecina Francia, hizo que la población de la ciudad apoyara a la reina Isabel II en contra de los carlistas que dominaban la provincia. Y ese apoyo declarado a los liberales vencedores de las contiendas carlistas marcó de forma indeleble el carácter futuro de la población con dos hechos determinantes: La aprobación por el gobierno de la nación del derribo de las murallas en 1864 y el posterior ensanche de la ciudad y más adelante, la sabia elección de la monarquía de veranear en San Sebastián. 


Ya en aquel entonces, según leemos en la prensa de la época el donostiarra gustaba de opinar y participar en los proyectos que desde el ayuntamiento se diseñaban para el desarrollo futuro de la ciudad. Tradición que se alarga hasta nuestros días, recientemente un proyecto del ayuntamiento municipal de derruir un muro de contención del llamado cerro de San Bartolomé ha unido a una variopinta gama de ciudadanos que abarca desde amas de casa a intelectuales para presentar una demanda judicial contra ese proyecto por atentar, según afirmaban, contra la historia de la ciudad.
Esta permanente dialéctica entre pueblo y gobernantes ha propiciado que desde el ayuntamiento tengan siempre presente la opinión de los ciudadanos y lo que es más importante, que prácticamente no haya abusos ni corruptelas en la planificación urbanística de la ciudad. Los pocos desmanes urbanísticos son de la época franquista en que estaba cercenada la libre expresión y algún corrupto gobernante de la época se dejó convencer por "suculentas" razones. En honor a la verdad, hay que reconocer que fueron contados los alcaldes, aun durante la dictadura, que se desmadraron en sus atribuciones.
Y es esta participación activa del ciudadano unido a la belleza natural del entorno de su bahía lo que ha propiciado este atractivo que hoy ofrece San Sebastián, modelo de diseño urbano racional, estético y pensado en el bienestar del ciudadano.
San Sebastián desde siempre ha gozado de una personalidad propia muy diferente al resto de las ciudades vascas, tiene muchísima influencia francesa, perceptible en la toponimia de algunos barrios como Ayete, Polloe o su calle más concurrida, a la que se conoce popularmente con el galicismo "Boulevard" siendo su verdadera denominación desconocido para la mayoría de la población. Quizás tenga más similitudes con Biarriz o Mónaco que con ninguna otra ciudad española.


Los donostiarras viven orgullosos del carácter que define a su ciudad de cosmopolita, hedonista, liberal, burguesa y culta. 
Hay en San Sebastián un hedonismo manifiesto en su devoción declarada a la gastronomía, es aquí donde se idearon o descubrieron las llamadas sociedades gastronómica o txokos, goza de tal proliferación de buenos restaurantes que probablemente será la ciudad del mundo que mayor número de ellos tiene en proporción a su población y los pinchos o tapas que se ofrecen en muchos de sus bares no tienen parangón en ningún otro lugar del globo. Existe así mismo una arraigada costumbre de txikitear (Tomar vinos) en todos los barrios de la ciudad, grupos de amigos van en procesión de bar en bar tomando un vino en cada uno de ellos. Esa afición indisimulada a la comida y a la bebida ha propiciado que una importante parte de la población masculina exhiba grandes barrigas y en ocasiones haga apología de ello.
Siendo una pequeña ciudad que no llega a los doscientos mil habitantes ofrece a lo largo del año un programa cultural envidiable, sus festivales de cine, y lo escribo en plural porque son varios, su quincena musical y festivales folclóricos, musicales y deportivos trascienden mucho más allá de su geografía, siendo alguno de ellos conocidos mundialmente.


Sus fiestas patronales se celebran la semana del día quince de agosto, son unos festejos que, según sus críticos, carecen de participación popular, son más bien, un gran escenario donde se ofrece al ciudadano diversos espectáculos para que los disfrute como espectador, destacando entre todos ellos, la competición internacional de fuegos artificiales, que concentra cada día a cientos de miles de personas en torno a la bahía para disfrutar del espectáculo de luz y sonido.


Pero San Sebastián es mucho más que una ciudad para gozar de la gastronomía y la cultura, el vicio o adicción de sus ciudadanos es el paseo relajado, es una ciudad que se vive sin prisas, disfrutando del entorno. Los donostiarras cuando el sol se asoma sobre la ciudad ocupan sus muchas calles, plazas, parques y alamedas, siendo el paseo el ejercicio que mejor define al donostiarra. Son muchos los espacio peatonales, en sus calles céntricas, los largos paseos al borde del mar y las playas o por la orillas de su río, goza de amplias áreas para el disfrute exclusivo del viandante. Hay una no declarada guerra al automóvil, que se manifiesta en las vías exclusivas para bicicletas que como vasos capilares recorren toda su geografía urbana o en las últimamente calles cortadas al tráfico abierto, reservándolas solamente para los residentes en la zona. 


Es en definitiva una ciudad para vivirla caminando, gozando del índice más alto de utilización del servicio público de transportes de España, de donde se puede deducir que también goza del más bajo de utilización de vehículos particulares en sus calles. El precio que pagan los donostiarras por tanta tranquilidad es el encarecimiento desmedido de sus viviendas y por ende, el envejecimiento de su población, ya que los jóvenes se ven obligados a vivir en barrios o pueblos de los alrededores por no tener capacidad adquisitiva para comprarse una vivienda en casco urbano.
Su bahía imita una gigante concha de vieira con una isla en el centro que protege a sus playas de las tempestades que en el invierno se desatan en el Mar Cantábrico, sus playas ofrecen los más modernos servicios a sus usuarios, ubicadas en medio de la ciudad, la comodidad de su acceso se convierte en el mayor se sus problemas, la masificación que padecen y la falta de espacio para poder disfrutarlas con comodidad. 
Visitar San Sebastián es de obligado cumplimiento para aquellas personas que deseen conocer algo diferente, que no viajen buscando sol, bullicio o monumentos históricos, aquí se ofrece una ciudad limpia, bella, tranquila, con poco tráfico y mucho paseo, de envidiable urbanización, con servicios y comercios modernos y un amplio abanico de ofertas culturales y gastronómicas que la hacen única, aunque justo es reconocerlo, poco asequible a economías débiles, ya que sus servicios son caros comparando con los de otras ciudades turísticas de España e incluso, de Europa.


Su clima es templado, sin sofocantes calores en el estío ni gélidos fríos en el invierno, con alternancia de días grises y lluviosos y días claros y soleados en primavera y otoño. 
Las vistas que ofrece desde sus tres montes son sin exageración paradisíacas, gozan de lugares insólitos como los rompeolas del Peine del Viento o el llamado Paseo Nuevo donde rompen con indomable fuerza las olas los días de temporal, rincones recoletos como la plaza de la Trinidad, el Pico del Loro, el pequeño puerto pesquero o el museo Txillida-leku. 


Quizás no pueda afirmar como comentaba al principio de mi exposición que sea la ciudad más bella del orbe, pero si podemos afirmar que no envidia en su belleza a ninguna otra ciudad el mundo.

Fotos de Donostia - San Sebastián 

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Actualizado el 03.02.05